La matanza fue perpetrada siendo él presidente del Consejo de Ministros

El papel del dirigente socialista Francisco Largo Caballero en la masacre de Paracuellos

Tal día como hoy, el 7 de noviembre de 1936, empezó la masacre de Paracuellos de Jarama: el asesinato de unas 5.000 personas a manos de comunistas.

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Una matanza perpetrada siendo Largo Caballero presidente del Gobierno

Aquella fue la peor masacre de la Guerra Civil. Los historiadores llevan años debatiendo sobre el papel que tuvo en ella Francisco Largo Caballero, que hasta 1935 había sido presidente del PSOE y que entre el 4 de septiembre de 1936 y el 17 de mayo de 1937 ocupó los cargos de presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra. Su papel en aquella masacre, que fue perpetrada durante su mandato, sigue provocando polémicas a día de hoy por la existencia de calles y monumentos que han sido objeto de numerosas críticas y cuya retirada, en el caso de Madrid, se aprobó en septiembre a iniciativa de Vox.

La masacre duró casi un mes y en ella se asesinó incluso a 50 niños

Durante años, los historiadores, medios y partidos de izquierdas han cultivado un discurso según el cual los crímenes cometidos por el bando republicano fueron cometidos por “incontrolados”. Ese discurso no se sostiene ante una matanza de la envergadura de la perpetrada en Paracuellos. Hay que tener en cuenta que esta matanza se prolongó durante casi un mes, hasta el 4 de diciembre de 1936, y los prisioneros políticos asesinados en ellas, incluidos 50 niños, fueron llevados hasta sus puntos de ejecución en nada menos que 33 “sacas”, como se denominó entonces a los traslados de presos para su asesinato.

La Puerta de Alcalá en 1937, decorada con enormes retratos del dictador y genocida Stalin (centro) y de los dirigentes soviéticos Maksim Litvínov (izquierda) y Kliment Voroshílov (derecha). Siguiendo el modelo creado por Lenin en la URSS, comunistas, socialistas y anarquistas crearon en Madrid una red de 345 chekas en las que fueron asesinadas 1.800 personas (Foto: Archivo Abc).

Desde la Cárcel Modelo a las Chekas: el Madrid del Terror Rojo

Hay que señalar que la masacre de Paracuellos no fue la primera perpetrada en el bando republicano, ni la última. Durante la guerra fueron asesinadas decenas de miles de personas en ese bando, la mayoría de ellas en Madrid y en Cataluña. En la práctica, y aunque mantuvo ciertas formalidades institucionales, la Segunda República se convirtió en una dictadura comunista en la que se dio un Terror Rojo como el que ya asoló la Rusia bolchevique desde sus inicios.

Ya antes de la matanza de Paracuellos, entre el 22 y el 23 de agosto se había perpetrado una masacre de presos en la Cárcel Modelo de Madrid, en la que fueron asesinados personajes tan famosos como el diputado republicano Melquíades Álvarez, los exministros republicanos Manuel Rico Avello y José Martínez de Velasco y el aviador Julio Ruiz de Alda. Además, a lo largo de la contienda funcionaron en Madrid 345 chekas de partidos de izquierdas, centros de tortura y asesinato en los que se mató a 1.800 presos políticos. En esas chekas, por cierto, tuvieron un papel muy activo los socialistas: una de las dirigentes chekistas fue la diputada Margarita Nelken, perteneciente al ala más radical del PSOE, encabezada por Largo Caballero.

Francisco Largo Caballero junto a Margarita Nelken en las Cortes republicanas. Ambos eran miembros del ala más radical del PSOE. Ella fue una conocida chekista en la Guerra Civil.

Una masacre sistemática y dirigida por un órgano delegado del gobierno

La gran diferencia de Paracuellos con otras matanzas de la Guerra Civil, en uno y otro bando, fue que se trató de una masacre sistemática. Su principal impulsor fue Santiago Carrillo, dirigente de la Juventud Socialista Unificada (JSU, el resultado de la fusión de las juventudes del PSOE con las del Partido Comunista de España). Casualmente, la matanza empezó justo tras la salida del gobierno de Largo Caballero hacia Valencia, y después de delegar éste sus funciones en la llamada Junta de Defensa de Madrid, encabezada por el general José Miaja y de la que Carrillo formaba parte como consejero de Orden Público.

Así pues, no fueron meros “incontrolados” los que perpetraron esa matanza: lo hicieron fuerzas afines al gobierno y dirigidas por un miembro de un órgano delegado del gobierno de Largo Caballero. ¿Estuvo Largo Caballero al corriente de esa masacre? A día de hoy no se conocen documentos que prueben que dio su consentimiento expreso o su autorización para perpetrarla. Sin embargo, su responsabilidad política sobre la misma es difícilmente cuestionable. Recordemos que la matanza se cometió durante su mandato como presidente del Consejo de Ministros. Durando casi un mes, ¿es acaso creíble la idea de que ignoraba lo que ocurría?

Familiares de los asesinados en Paracuellos rezando ante las fosas comunes con los restos de sus seres queridos el 6 de noviembre de 1939, tres años después del comienzo de la masacre perpetrada por el bando republicano (Foto: Archivo Abc).

Lo que opinan algunos historiadores sobre el papel de Largo Caballero en la masacre

El historiador Pedro Carlos González Cuevas, profesor de la UNED, considera “sumamente discutible” el intento de exonerar a Largo Caballero de aquella masacre: “¿No hubo, por lo menos, una responsabilidad política?. ¿Hizo algo para evitar la represión indiscriminada en el Madrid revolucionario?. ¿Contribuyó en alguna media a poner fin al holocausto eclesiástico que se estaba desarrollado en la zona republicana?” El historiador hispanista escocés Julius Ruiz apunta directamente al gobierno de Largo Caballero. Considera que Carrillo fue el organizador e incluso el “facilitador de la matanza”, pero señala que “siempre siguió las órdenes del Comité de Defensa y del Gobierno”.

Autor de “Paracuellos. Una verdad incómoda”, Julius Ruiz ha señalado sin rodeos: “Como demuestro en el libro, hay intervenciones decisivas del director general de Seguridad, Manuel Muñoz, el ministro de Gobernación, Ángel Galarza, el ministro de Justicia, Juan García Oliver, e, incluso, del mismo presidente del Gobierno, Largo Caballero, que defiende esas ‘evacuaciones’ ante una delegación de diputados británicos el día 4 de diciembre”. Con la expresión “evacuaciones” se refiere a las ya citadas “sacas”.

Francisco Largo Caballero, en su etapa como presidente del Consejo de Ministros, rodeado de milicianos izquierdistas en el frente de Guadarrama.

“El Gobierno estaba al tanto de la operación”, señaló Ruiz en 2016 en declaraciones al diario El Mundo. “De hecho, no comenzó el 6-7 de noviembre sino antes, el 28-29 de octubre, con una primera saca de 32 presos, entre los que estaban Ramiro de Maeztu y Ramiro Ledesma. La orden de ‘evacuación’ fue firmada por el director general de Seguridad, Manuel Muñoz, y todavía mataron a 190 presos más antes de que el Gobierno se marchara a Valencia, es decir, que Santiago Carrillo llegó a la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid la noche del 6-7 de noviembre con una operación ya en marcha y la adoptó como suya”.

Los llamamientos a la violencia lanzados por Largo Caballero

Ante los datos que aporta Ruiz resulta difícil cuestionar el papel de Largo Caballero en esa masacre, por lo menos en lo que respecta al plano de la responsabilidad política. Hay que recordar, además, que el dirigente del PSOE se había pasado los años previos a la Guerra Civil haciendo llamamientos a la violencia y a la dictadura del proletariado. Recordemos, sin ir más lejos, su discurso ante el V Congreso ordinario de la Federación de Juventudes Socialistas el 20 de abril de 1934, publicado al día siguiente por “El Socialista” (periódico oficial del PSOE), en el que lanzó esta incendiaria arenga a los jóvenes de su partido:

“Aprovecho la circunstancia de estar representados aquí los delegados de las Juventudes Socialistas para decir que yo, que mantengo el criterio de que hay que apoderarse del Poder político revolucionariamente, y que es tonto hacerse la ilusión de que vamos a poder adueñarnos de él de otra forma, tengo que manifestar que la revolución no se hace con gritos de viva el Socialismo, viva el comunismo y viva el anarquismo. Se hace violentamente”.

Seguramente entre los dirigentes de las Juventudes Socialistas que escucharon esa incitación a la violencia estaba Santiago Carrillo, entonces miembro de la organización juvenil del PSOE y luego artífice de la matanza de Paracuellos. ¿En qué cabeza cabe que se dediquen calles y monumentos a un personaje así en un país democrático?

Foto principal: Bibliothèque nationale de France / Wikimedia.

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Comentarios (Blog):

  1. In aqua veritas

    Me extraña que al hablar de las matanzas de Paracuellos no hayas mencionado a Segundo Serrano Poncela, a la sazón Presidente de la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, a las órdenes inmediatas de Carrillo. Las “sacas” de noviembre de 1936 llevaban su firma.
    Al terminar la guerra pasó a Santo Domingo, y después a otros países de Hispanoamérica, donde vivió como profesor universitario de Literatura Española, ensayista y novelista. En Puerto Rico coincidió en una ocasión con Juan Ramón Jiménez, también exiliado, que le negó el saludo, aunque al parecer por entonces Serrano Poncela ya había abjurado del comunismo. “No me he exiliado para acabar dándole la mano a un asesino”, diría el poeta.

  2. Podría haberle citado, pero he centrado esta entrada en Largo Caballero y ya es una entrada larga. Si la hago más larga, se hace pesada de leer… Además, y aunque me gustaría ser más minucioso en cada tema que trato, una entrada de blog no es un libro de historia.

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