Combatió en la Segunda Guerra Mundial con la 101ª División Aerotransportada

Gracias por nuestra Libertad: el testimonio entre lágrimas de un veterano de Bastoña

La Segunda Guerra Mundial tuvo muchos episodios terribles de los que nos quedan historias a menudo conmovedoras, como la del soldado Vincent J. Speranza.

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Un paracaidista de los famosos «Screaming Eagles»

Speranza era un soldado de primera que se unió al Ejército de Estados Unidos en 1943. En noviembre de 1944 fue asignado como reemplazo a la Compañía H del 501º Regimiento de Infantería Paracaidista de una de las unidades más famosas de esa contienda: la 101ª División Aerotransportada, los célebres “Screaming Eagles”. Vincent participó en una de las batallas más duras que afrontaron los soldados americanos en el teatro de operaciones europeo: el Cerco de Bastoña, en diciembre de 1944, un episodio de la Batalla de las Ardenas en el que unos 11.000 americanos fueron cercados en esa ciudad belga por unos 54.000 alemanes.

Vincent Speranza durante una visita a la ciudad belga de Bastoña, donde combatió en el famoso cerco de diciembre de 1944 (Foto: The Veterans Site).

Llevando cerveza en un casco para sus camaradas heridos

Vincent, que era un operador de ametralladora, salió ileso de aquella dura batalla, dedicándose a visitar y animar a sus compañeros heridos en el combate. En esa misión protagonizó una curiosa anécdota: su compañero de ametralladora, Joe, resultó herido con metralla en ambas piernas. Vincent le visitó en el hospital de campaña que se improvisó en una iglesia de Bastoña, en el que sólo había un médico y una enfermera para cuidar a todos los heridos: el resto del personal sanitario había sido asesinado por los alemanes. Vincent preguntó a Joe si había algo que pudiera hacer por él y su compañero le dijo que fuera a buscar algo de beber. La ciudad estaba en ruinas, pero Vincent se esforzó por buscar una taberna, y una vez en ella, llenó su casco con cerveza.

De regreso al hospital con su casco lleno de cerveza, Vincent dio de beber a su amigo Joe y a otros soldados heridos que se lo pidieron, hasta que llegó un mayor y le preguntó qué estaba haciendo: “Dar ayuda y consuelo a los heridos, señor”, contestó Vincent. El oficial le reprendió, señalando que al darles cerveza en su situación podía matarles. Le ordenó salir del hospital, y cuando se disponía a marcharse, el mayor le gritó: “¡Ponte ese casco!” Vincent contestó con un “sí, señor”, mientras se ponía el casco y le caían encima los restos de cerveza.

La cerveza “Airborne”, que se sirve hoy en día en la ciudad belga de Bastoña, lleva una imagen alusiva a la anécdota protagonizada por Vincent Speranza (Foto: Airborne Beer).

Hoy se sirve en Bastoña una cerveza que recuerda aquella anécdota

Muchos años después, en una taberna de Bastoña empezó a servirse la cerveza “Airborne”, cuyo nombre hace referencia a la citada 101ª División Aerotransportada. Se sirve en cuencos con la forma del casco de acero M-1 que llevaban los soldados americanos en la Segunda Guerra Mundial. La botella está ilustrada con la imagen de un paracaidista estadounidense que lleva cerveza en su casco. El Ejército de Estados Unidos tuvo conocimiento de ello y decidió investigar si aquella imagen se inspiraba en algún soldado real. Fue así como se hizo famoso el nombre de Vincent Speranza, “el hombre de la botella”, como señala este vídeo publicado por el US Army hace unos días:

La anciana y el niño en la Iglesia de San Pedro de Bastoña

En vídeo, Vincent recuerda la escena que vio la primera vez que entró en la Iglesia de San Pedro en Bastoña, la que sirvió de refugio para sus camaradas heridos y que todavía existe hoy: una mujer anciana se le acercó con un niño pequeño. El crío dio un paso atrás y le dijo: “Señor, gracias por nuestra Libertad”, haciéndole a continuación el saludo militar con la palma hacia adelante, al estilo británico. Vincent recuerda ese momento emocionado, con la voz entrecortada, y reconoce entre lágrimas: “me derrumbé”.

Vincent Speranza, con uniforme, poniendo su mano en el pecho durante un homenaje a los caídos en el Cerco de Bastoña celebrado en esa ciudad belga el 13 de diciembre de 2015 (Foto: US Air Force Medical Service).

La terrible experiencia del campo de concentración de Dachau

Hace un año, la web del US Army recogió el testimonio de Vincent, que tiene ahora 95 años. En ese artículo recuerdan la experiencia más terrible vivida por Vincent durante la guerra: cuando sus hombres liberaron un campo de concentración de Dachau, en el que encontraron “cadáveres apilados en un montón como basura y un horno con huesos humanos que aún estaba caliente”, además de “víctimas esqueléticas con la carne apretada contra los huesos que parecían más muertas que vivas. Débiles por el hambre, usaron los codos y las rodillas para moverse. Uno se arrastró hasta las botas sucias de Speranza y dijo “gracias, gracias”, mientras las besaba”. Vincent comenta: Algunos de los muchachos conmigo se sentaron en el suelo llorando“. Setenta años después, el veterano aún recuerda atormentado aquella espantosa escena.

Sirva esta entrada como pequeño homenaje a Vincent y a todos los hombres como él que combatieron por la Libertad en la Segunda Guerra Mundial.

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Comentarios (Blog):

  1. Cristina Bravo

    Buf, qué fuerte!
    Estuve en Dachau (viví en Munich 2 años), volví con mi familia hace poco.
    Estremecedor.
    La misma pedagogía hay que hacer con el comunismo, y seguir agradeciendo a los estadounidenses su ayuda.

  2. wladimir

    es cierto….

    el que no conoce la historia….esta condenado a repetirla….

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