La España de Pedro Sánchez empieza a recordar cada vez más a los regímenes comunistas de Europa oriental en su etapa final.
Esos regímenes se caracterizaban por unos niveles intolerables de corrupción política (en Rusia nunca desaparecieron y hoy gangrenan ese país en el marco de su regreso al oscuro pasado soviético de la mano del dictador Putin), unos servicios públicos propios del Tercer Mundo (más allá de la propaganda de cara al exterior de los lujos del metro de Moscú) y un Estado obsesionado con ejercer un control absoluto sobre los ciudadanos, con un ejército de burócratas trabajando en funciones de vigilancia y represión de las opiniones contrarias al discurso oficial.
No es nada extraño que España haya llegado a unos niveles tan altos de deterioro de los servicios públicos, una situación tan extrema que ya nos ha costado más de 200 muertos en las riadas de 2024 (con el gobierno esperando hasta cuatro días para enviar al Ejército a ayudar a vecindarios enteros que se habían quedado sin luz, sin agua corriente y sin comunicaciones básicas), el primer apagón nacional en casi medio siglo de democracia (sin que nadie haya dimitido hasta ahora por ello y sin que el gobierno nos haya explicado las causas) y finalmente un grave accidente ferroviario con 46 muertos por un deficitario mantenimiento de la infraestructura, que depende del Estado.
En cualquier otro país democrático, hechos tan graves como éstos ya habrían hecho rodar cabezas, políticamente hablando. Estamos hablando de tres desastres que costaron vidas humanas y que tuvieron como denominador común una grave negligencia política. Sin embargo, en España tenemos un gobierno especializado en endosar sus responsabilidades a otros. Ayer mismo, durante una bochornosa comparecencia en el Congreso de los Diputados, el ministro de Transportes, Óscar Puente, culpó de los recientes accidentes ferroviario al Partido Popular (que dejó el gobierno en junio de 2018) y al cambio climático, que se ha convertido en el comodín favorito de la izquierda española para liberarse de toda culpa ante lo que ocurre en un país bajo un gobierno de coalición de socialistas y comunistas.
Mientras tanto, en un intento más de desviar la atención pública de su mala gestión, Pedro Sánchez se lanzó a expresar uno de sus sueños autoritarios: someter a censura las redes sociales, prohibiéndoselas a los menores de 16 años (es decir, usurpando a las familias su autoridad para educar a sus hijos y poniendo al gobierno a decidir por los padres) y preparando una nueva mordaza para recortar la libertad de expresión con el ya conocido truco de acusar a los discrepantes de "odio", una táctica habitual de la izquierda para demonizar y después vulnerar los derechos fundamentales de quienes no comulgan con sus dogmas ideológicos. Es el mismo gobierno que viene tolerando cientos de homenajes a terroristas de ETA, simplemente porque son criminales de extrema izquierda y su brazo político es aliado del gobierno.
Me pregunto qué más tendrá que ocurrir para que haya un estallido social en España. Estamos en una situación insostenible tanto desde el punto de vista democrático como desde el punto de vista social: tenemos un gobierno que pretende vigilar más nuestras opiniones en las redes que las vías de tren, cuyo abandono es lo que mató a decenas de personas hace unas semanas, por mucho que el gobierno se invente toda clase de mentiras para tapar su responsabilidad criminal en esos hechos. La deriva autoritaria de Pedro Sánchez y su banda ya no deja lugar a dudas: quieren convertir España en Venezuela, es decir, arruinar un país próspero y transformarlo en una dictadura en la que ellos puedan robar a los españoles sin tener que responder ante la Justicia por ello y diciéndonos a los españoles lo que podemos opinar y lo que no.
España no merece esto. Nuestro país está lleno de gente buena y honrada que respeta las leyes y trabaja duro todos los días para poder alimentar a sus familias. Ningún país merece un gobierno de malhechores como los que quieren convertir España en un dictadura. O España se libera del socialismo, o esa perversa banda ideológica acabará sumiendo a nuestro país en la miseria y la opresión, como ya antes les ocurrió a nuestros hermanos de Venezuela.
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Imagen original: PSOE.
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Comentarios:
AlbertoAG
El socialismo nunca se va a conformar, siempre va a querer controlar más y más aspectos de nuestras vidas.
La causa de que no haya un estallido social en España es simple. Tenemos un sistema diseñado para fabricar socialistas, y un socialista es básicamente alguien que está contento de ser esclavo del Estado. Si todavía hay millones de socialistas, ya sean partidarios del PSOE o de sus apéndices como Sumar o PP, la cosa no es sencilla.
Para que cambien de verdad las cosas en España, hay que acabar con el PP, pues el PP es el principal obstáculo que impide la caída del socialismo.
9:26 | 4/02/26
FaramirGL
Totalmente de acuerdo con AlbertoAG, su comentario es acertadísimo.
El PP es otro partido socialdemócrata más, igual que la Conferencia Episcopal y la mayor parte de nuestros políticos.
Y la socialdemocracia es el penúltimo intento del socialismo por hacerse con el control total de la sociedad, en esta ocasión mediante la corrupción y la mentira, en lugar de sus herramientas habituales: la violencia y el terrorismo.
14:35 | 4/02/26
AlbertoAG
Gracias, FaramirGL.
18:49 | 4/02/26
calatravo
Buenas noches,
Y no sólo las redes. Según publica hoy El Debate, «El Gobierno crea un comisariado político para dar el visto bueno a los vocales que formen parte de fundaciones privadas». Nada, no van a descansar hasta manosear todas las instituciones, toda la sociedad.
19:55 | 4/02/26
isanchezgil
En dos párrafos ha mencionado este artículo un tema que, por vergonzoso, me gustaría resaltar, aunque no tenga que ver (o sí) con la finalidad principal del mismo.
Habla el artículo de un «comodín», refiriéndose al cambio climático. También se refiere a los terroristas de ETA, que parece que tienen bula para hacer lo que les dé la real gana. Pues bien, en la comparecencia del Sr. Feijoo hace dos días en el Congreso, éste, contestando a una de las falacias de Rufián (no le llamo señor, no lo merece), le preguntó si él se había interesado alguna vez por las víctimas de ETA, momento en que Rufián, dando un codazo cómplice al representante de Bildu que se sentaba a su lado, le dijo: «Ya estamos con el comodín!».
O sea, Rufián y el desalmado terrorista que representa a Bildu llaman «comodín» a los casi 900 asesinados por ETA. Quiero resaltar esta verguenza para que no se olvide nunca quienes están representando a la soberanía nacional en nuestro Parlamento.
No tiene que ver con la finalidad de este artículo, pero si no lo traigo aquí, mi frustración hubiera sido aún mayor. Gracias, y perdone Sr. Elentir.
23:43 | 4/02/26
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