Una respuesta a quienes creen que el liberalismo es nuestro mayor problema

El liberalismo y la sencilla pregunta que los antiliberales casi nunca responden

Eng Dom 15·2·2026 · 6:51 4

Aunque algunos creen que el comunismo es cosa del pasado, actualmente la quinta parte de la humanidad vive bajo dictaduras comunistas.

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Tal vez no nos damos cuenta de lo que eso significa: uno de cada cinco seres humanos vive bajo regímenes de partido único, unos sistemas totalitarios donde el pueblo no tiene derecho a elegir a sus gobernantes, con tiranos que violan los derechos humanos y que aún conservan cosas como el Laogai, la versión china del Gulag soviético. Millones de personas de esos países desearían tener la libertad que existe en los países democráticos, porque ya tienen la tremenda desgracia de conocer de primera mano el horror que implica carecer de ella.

Por otra parte, el Islam es la religión mayoritaria en unos 50 de los casi 200 países que hay. En muchos países islámicos no existe la libertad religiosa o ésta está muy limitada. Vivir en uno de esos países puede ser un auténtico suplicio si eres una mujer, si pertences a una minoría religiosa, si deseas abandonar el Islam o si eres homosexual.

Hace un mes hablamos aquí de los 50 países que más persiguen a los cristianos. En 15 de esos países, los cristianos sufren niveles de persecución extrema. Cinco de esos 50 países son dictaduras comunistas y 37 son países islámicos.

Por si algunos todavía no lo han notado, toda esa falta de libertad se está filtrando hacia Occidente mediante dos vías: el progresismo o wokismo, que consiste en establecer un nuevo pensamiento único surgido de las tesis de la extrema izquierda, y un proceso de islamización promovido por una inmigración masiva que tiene su origen en los países islámicos. Esa islamización conlleva el auge del extremismo islámico en Occidente, que ya ha dado lugar a graves atentados terroristas en varios países.

Mientras en nuestro horizonte aparecen esas tres amenazas totalitarias que comparten su odio por Occidente -el comunismo, el wokismo y el islamismo-, algunos occidentales nos quieren convencer de que nuestro verdadero problema es el liberalismo. Leer mensajes como ése escritos por extremistas de izquierdas o fundamentalistas islámicos es algo previsible. Lo pasmoso es ver a cristianos y gente de derechas que han asumido que nuestro mayor problema no es esa amenaza totalitaria, que pretende reducir a escombros nuestra democracia y nuestras libertades, sino el liberalismo, es decir, una corriente política que defiende la libertad individual, la iniciativa privada y la limitación del poder político para impedir abusos de poder. Una corriente apoyada por muchos cristianos (yo soy uno de ellos)

Si esto lo leyesen muchas de esas personas que tienen la desgracia de vivir bajo dictaduras comunistas y bajo regímenes islamistas, seguramente nos tomarían por locos: ¿en serio puede haber gente que crea que nuestro problema es tener libertad y un poder limitado? En fin, supongo que ésa es la consecuencia de haber tenido la gran suerte de nacer y crecer en un país libre: que a veces se nos olvida lo afortunados que somos y algunas personas se creen que estaríamos mejor en una utopía antiliberal. Europa ya conoció dos de ellas en el siglo pasado: el comunismo y el nazismo. Nos costaron millones de muertos.

Desconozco qué es lo que muchos antiliberales tendrán en mente para reemplazar a ese liberalismo que tanto odian. Y digo que lo desconozco porque los antiliberales son muy locuaces cuando hablan sobre lo que no les gusta del liberalismo, de la democracia y del hecho de vivir en una sociedad libre, pero se vuelven muy parcos en palabras cuando llega la hora de formular qué régimen político proponen, qué modelo de convivencia es el que aspiran a poner en el lugar de ese malvado y diabólico liberalismo y en qué lugares se ha probado lo que ellos proponen. De hecho, hay una sencilla pregunta que los antiliberales casi nunca responden: ¿qué propones como alternativa?

Obviamente, si esa sencilla pregunta muchas veces no recibe respuesta es por una razón fácil de entender: decirles a los demás que deseas una sociedad en la que alguien pueda acabar en prisión por el mero hecho de discrepar o por profesar una religión distinta es algo que espanta a mucha gente, por una mera cuestión de memoria.

El liberalismo no sólo es el fruto de un proceso intelectual en distintas corrientes de pensamiento (entre las que cabe incluir a renombrados escolásticos católicos), sino también el resultado de un duro escarmiento de siglos. A lo largo de la historia, muchos pueblos se han visto sometidos a tiranos, cuyos abusos han ido generando un hartazgo que se plasmó, finalmente, en esa serie de normas llamadas constituciones cuyo fin es intentar frenar nuevos abusos de otros potenciales tiranos. Si algo se le puede criticar hoy a muchos liberales es haber olvidado ese fundamento del liberalismo, que es establecer diques frente al poder político, y no crear ejércitos de burócratas para someter nuestras vidas a un chaparrón de absurdas normas.

Por supuesto, que haya malos liberales no significa que el liberalismo sea esencialmente malo, de igual forma que el hecho de que haya malos ciudadanos no significa que una sociedad sea esencialmente mala. Obviamente, gente mala a incoherente la ha habido y la hay en todas las ideologías, incluso en ésas que se disfrazan de virtud y prometen tener el antídoto a todos los males del mundo, pidiendo a cambio el sacrificio de nuestras libertades. La diferencia entre el liberalismo y las ideologías utópicas es que aquél asume la imperfección humana, la certeza de que no puede haber un modelo político perfecto -ni siquiera el propio liberalismo pretende serlo- que nos pueda garantizar que nadie vaya a intentar abusar de su poder.

Winston Churchill fue muy acertado en su famoso discurso del 11 de noviemnbre de 1947: "la democracia es la peor forma de gobierno, con excepción de todas las demás que se han probado ocasionalmente". Desde esta desastrosa forma de gobierno, que ha demostrado ser, simplemente, la más eficaz para evitar que nos matemos los unos a los otros, seguiré esperando (sentado) a que algunos nos expliquen una alternativa mejor, si es que la hay. Porque ésa es otra de las grandes ventajas del liberalismo: la defensa del diálogo. Un diálogo que algunas ideologías rechazan de plano, sin más, porque son tan nefastas que no resisten el más leve contraste con otras ideas.

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Foto original: Miltiadis Fragkidis.

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Comentarios:

  1. AlbertoAG

    Habría que revisar el excesivo poder que a día de hoy tienen los parlamentos, pues no sirve de nada cambiar el poder absoluto de monarcas por el poder absoluto de un parlamento, pues poder absoluto es poder absoluto, independientemente de quién lo tenga.

    En occidente, la tendencia general es que cada vez los parlamentos legislan sobre más y más aspectos de nuestras vidas, atacando nuestras costumbres y tradiciones, además de las libertades fundamentales.

    El único remedio frente al mal del absolutismo parlamentario es aplicar una descentralización de verdad, evitando el secuestro de la misma por parte de los partidos políticos. Esto, en el mundo hispánico, equivale a restaurar el concepto de fueros como principio fundamental de todo el derecho aplicado en todos y cada uno de los territorios que alguna vez formaron Las Españas.

  2. Clemente Avizores

    Yo no me considero en absoluto antiliberal, sino todo lo contrario, pero sí propondría una alternativa, no tanto al liberalismo propiamente dicho sino a la forma de articularse las democracias modernas. A mi entender sería bueno modular el sistema de sufragio universal para sustituir el principio de “un hombre, un voto” por algún tipo de ponderación del voto. Que mi voto valga lo mismo que el de cualquier quídam con el que me cruzo por la calle es algo a lo que no me pliego por más que cien años viva. Y ¿cómo ponderar el voto? Habría varias posibilidades. En una ocasión planteé como una de las mas objetivas ante un grupo de gente cuya relación de amistad o confianza era diversa (desde los muy amigos a los simplemente conocidos) la posibilidad de adaptar el sistema de las sociedades anónimas, donde tienen más votos los accionistas mayoritarios, para ponderar más el voto de quienes pagan más impuestos de una forma proporcional. Lo más suave que me llamaron fue facha, eso sí, sin dar ningún argumento para sostener por qué tal propuesta no era adecuada.

  3. isanchezgil

    Ser liberal no implica pertenecer a una confesión religiosa u otra, sino estar plenamente convencido de que la libertad individual es muy importante para el hombre que, en definitiva es un ser social. Es esta contradicción entre la aspiración a la libertad y las obligaciones que impone vivir en sociedad, que constriñen en cierta manera al individuo, lo que el liberalismo significa a nivel político.

    La democracia, en el sentido liberal, solo puede darse si el individuo, a su nivel, es libre para aceptar, o no, ciertas obligaciones, y la más importante de todas es el respeto a los demás y a sus credos, siempre que estos no sean dañinos intrínsecamente. Es precisamente por ese motivo por lo que el Islam es contradictorio con el liberalismo, ya que la creencia en un Dios, o en ninguno, es una cuestión privada y personal que no debe salir de la esfera de la vida privada.

    La religión islámica es un conjunto de creencias en lo espiritual, pero también mantiene una larga lista de obligaciones que constriñen la libertad individual, y son dañinas para el desarrollo personal de algunos, o muchos, de los individuos de la sociedad: fundamentalmente mujeres y homosexuales.

    Parafraseando el artículo: hay buenas personas islámicas, y gente malísima que se jacta de su cristianismo. Como también hay gente buena y mala entre los homosexuales, sin que ello implique que sean o no rechazados por esta condición.

  4. FaramirGL

    Pues, en pocas palabras, lo peor del liberalismo es su falta total de consistencia moral.

    En un sistema liberal, vale cualquier cosa que vote y apruebe la mayoría. Si la mayoría aprueba, por ejemplo, que el aborto ha de ser libre y gratuito y debe aparecer en la constitución del país, pues allá que vamos.

    Lo mismo si se aprueba perseguir a los judíos y exterminarlos, promulgar miles de leyes y normas contra los hombres (o las mujeres) y muchas otras barbaridades completamente inmorales.

    En los regímenes liberales, la mayoría tiene razón. Y si la mayoría lo aprueba, cualquier barbaridad inicua pasa por «buena, válida y verdadera».

    Pasamos de ‘la Verdad os hará libres» a «la Libertad os hará verdaderos» del canalla socialista Zapatero.

    Ya que lo preguntas, prefiero vivir en una sociedad basada en una moral católica y cuyas decisiones tengan dicha moral como guía nacional y limitante constitucional.

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