El dictador Vladimir Putin pretende convertir Europa en su finca particular

La independencia de Ucrania no es lo único amenazado por el expansionismo de Rusia

EngУкр Dom 24·8·2025 · 9:25 2

El 24 de agosto de 1991, hace 34 años, Ucrania declaró su independencia después de 70 años de ocupación militar soviética del país.

Los defensores de Ucrania merecen respeto y los invasores no merecen una recompensa
Un efecto del apaciguamiento: Putin pone a Lituania, Letonia y Estonia en su diana

La descomposición de la dictadura comunista soviética hizo posible que otros países recuperasen su libertad, como fue el caso de Lituania, Letonia y Estonia, invadidas y anexionadas por la URSS en 1940, tras un pacto secreto entre el dictador comunista Iosif Stalin y el dictador nacional-socialista Adolf Hitler. Los ucranianos, lituanos, letones y estonios no sólo perdieron su independencia, sino también su libertad, viéndose sometidos durante décadas a un régimen totalitario que mató a millones de personas y que deportó masivamente a la población de esos tres países al Gulag siberiano.

La Rusia surgida de la descomposición de la URSS dio inicialmente un giro a la democracia de la mano de Boris Yeltsin, pero la llegada de Vladimir Putin al poder acabó liquidando el sueño de libertad de muchos ciudadanos rusos, sometiéndolos a un régimen criminal comparable al instaurado por sus aliados Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela. Además, Putin desencadenó una sucesión de agresiones contra países vecinos: la invasión rusa de Georgia en 2008, la invasión rusa de Crimea en 2014 y la invasión rusa del resto de Ucrania en 2022, una guerra que aún continúa hoy y en la que el pueblo ucraniano viene demostrando una feroz y heroica resistencia contra los invasores rusos.

Desde el comienzo de esta invasión a gran escala en 2022, los propagandistas prorrusos han inventado muchas patrañas para justificar esa agresión, ya sean por estar pagados por el Kremlin o por el mero hecho de ser unos fanáticos que justifican cualquier cosa por simple y puro odio contra la cultura occidental y democrática. La duración de la guerra también está provocando que muchos comtemplen una solución que recompense a los invasores, en una falsa y burda idea de la paz que consiste en que Rusia obtenga un beneficio de haber invadido sin provocación alguna un país vecino. Mucha gente en Occidente cree que una victoria rusa no les afectará en nada, e incluso les resultará beneficiosa debido al fin de las sanciones impuestas a Rusia.

Esa mentalidad no es nueva. En 1939 muchos europeos pensaban que las agresiones de Alemania contra Austria y Checoslovaquia no iban con ellos, y que incluso compensaba sacrificar la independencia de Polonia a fin de apaciguar a un criminal como Hitler. El apaciguamiento sólo sirvió para fortalecer a los nazis y que sumiesen a Europa en la más mortífera guerra de su historia.

De igual forma, muchos españoles creyeron que ceder ante la banda terrorista ETA a cambio de que dejase de matar no les afectaría en nada e incluso sería beneficioso para España. Hoy, esa claudicación ante los terroristas ha llevado a que sus herederos políticos gocen de total impunidad para homenajear a los asesinos de 853 personas (entre ellas 22 niños), mientras 180.000 vascos exiliados por el terrorismo separatista siguen sin poder volver a su tierra, donde el matonismo de los simpatizantes de ETA sigue degradando la democracia.

Creer que no pasa nada por ceder ante unos criminales es uno de los más graves errores que podemos cometer, especialmente cuando esos criminales ya han demostrado que aprovechan cualquier signo de debilidad de Occidente para invadir países vecinos y cometer toda clase de atrocidades. La más básica noción de Justicia exige que los criminales paguen por sus actos, que la independencia y la soberanía de un país sea respetada y que ningún pueblo tenga que vivir con miedo a ser invadido por un matón como la Rusia de Putin.

Ceder ante la dictadura rusa en Ucrania pondría bajo amenaza a otros países, incluidos países miembros de la OTAN. Rusia ya ha puesto en su diana a Polonia, Lituania, Letonia y Estonia, confiando en que la debilidad y la cobardía de mucha gente en Occidente, incluidos algunos destacados líderes políticos, permitiría a Putin volver a invadir otros países con impunidad y obteniendo nuevamente réditos por ello. De hecho, recompensar a un invasor por agredir a un país vecino es el mejor incentivo para que vuelva a agredir a otros.

Por ello, hoy, como en 2022, la independencia de Ucrania no es lo único amenazado por el expansionismo ruso. El dictador Vladimir Putin pretende convertir Europa en su finca particular, materializando sus deseos mediante amenazas y agresiones, igual que Stalin lo hizo en el siglo pasado. La historia nos demuestra que la única forma justa y decente de tratar a un matón es plantarle cara, y que ceder ante él no conlleva la paz, sino la opresión. Si algunos aún no se han enterado de eso es porque se han olvidado de nuestro propio pasado.

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Comentarios:

  1. AlbertoAG

    Frente a los criminales solo se puede aplicar mano dura contra ellos.

  2. isanchezgil

    Para ser una miajica simple, si los ucranianos deben ceder parte de su territorio para tener la paz (y para que toda Europa y el Sr. Trump se queden tranquilos), pues habrían cedido el territorio desde el principio y se habrían ahorrado muchas muertes y mucha destrucción.

    No es cosa de repetir aquí lo de la guerra y la deshonra de Churchill, aunque viene muy a cuento, sino tomar en cuenta los sufrimientos del pueblo ucraniano, y no solo los que han tenido hasta ahora, sino lo que les puede pasar si Putin entra triunfante a los territorios cedidos. Y no solo a ellos, sino las consecuencias para los países del inmediato entorno (Estonia, Letonia, Lituania, Polonia) que serían iguales que para los ucranianos.

    Las purgas y los asesinatos constantes hasta que no quedara nadie (vivo) que puediera protestar.

    Este es el panorama que les espera, para que Europa y Trump se queden tranquilitos… aunque por poco tiempo, porque esto seguiría.

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