Algunas películas, documentales y autores llevan años alimentando ciertos mitos sobre la destrucción de la famosa Biblioteca de Alejandría.
Según esos mitos, esa legendaria biblioteca, cuya ubicación exacta es desconocida y de la que no se han hallado restos arqueológicos, habría concentrado toda la sabiduría de la Antigüedad y su destrucción (atribuida a romanos, cristianos o musulmanes, dependiendo de la versión) habría sumido al mundo en la oscuridad y en siglos de atraso.
Llevo muchos años leyendo libros de historia y si algo he aprendido es que los hechos históricos no siempre cuadran con ciertas simplistas y dramatizadas, especialmente los hechos más remotos, pues no tenemos las mismas posibilidades de obtener información sobre hechos de la Antigüedad o de la Edad Media que sobre acontecimientos ocurridos en el siglo XX, por ejemplo. Por eso es tan importante la labor de los historiadores, dirigida a arrojar luz sobre lo que realmente ocurrió.
Ayer, Academia Play publicó un excelente vídeo en el que su fundador, Javier Rubio Donzé, analiza lo que sabemos sobre la Biblioteca de Alejandría, señalando cómo pudo ser en realidad, cómo tuvo lugar su desaparición y qué supuso realmente este hecho para el conocimiento humano. Un vídeo que recomiendo ver entero y que me ha encantado:
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Imagen: OpenArt.
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Comentarios:
isanchezgil
Una excelente lección magistral. Está claro que este arquitecto ha investigado lo más ajustadamente posible, ateniéndose a los documentos que se refieren a este tema, sin dejarse llevar de rumores o interpretaciones falsas o no comprobadas por la existencia, o no, de documentos probatorios.
Algo más habría que añadir, y es que muchas bibliotecas a lo largo de la historia han sucumbido por efecto del fuego, el gran enemigo de papiros, códices y libros. Ya sea por algún acontecimiento externo a la biblioteca, como sublevaciones, guerras, inundación (recuérdese la destrucción de la biblioteca de la universidad de Valencia por la gran riada de 1957). O bien simplemente porque solo a partir del siglo XX, con la popularización de la luz eléctrica, se palió en gran medida la posibilidad de incendio fortuito; hay que tener en cuenta que, desde la antiguedad, el que quería leer después de la puesta del sol, debía alumbrarse con velas, lámparas de aceite o similares, y un descuido o un tropezón pueden ser motivo de la quema de todos los libros de un edificio.
10:51 | 21/10/25
Lunaa
Paradójicamente, el incendio de una biblioteca de tablillas de barro supuso la conservación de muchísimos textos cuneiformes, ya que se cocieron por acción del fuego. No había costumbre de convertir los libros de arcilla en terracota, por lo que la inmensa mayoría se perdieron. De los que se conservan quedan dos muestras de la facilidad con que se degradaban: surcos hechos por lombrices antes de su cocción, que se han llevado líneas enteras de escritura, y caliches, desconchones de la superficie por hincharse granos de cal contenidos en el barro.
16:52 | 21/10/25
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