En Occidente es habitual escuchar declaraciones de la extrema izquierda justificando la violencia en nombre del "antifascismo".
Un pretexto para la violencia de una izquierda que apoya a dictaduras
Según esas tesis, la violencia política de extrema izquierda estaría justificada porque se dirige contra los fascistas, identificados como personas violentas e intolerantes que odian la democracia. En realidad, esa violencia, intolerancia y odio por la democracia son un denominador común de la ultraizquierda y la ultraderecha. En esos aspectos no hay nada más parecido a un fascista que un comunista, y viceversa. De hecho, en la actualidad ya no hay dictaduras fascistas pero sí que existen dictaduras comunistas, que reciben el apoyo de partidos izquierdistas sin ninguna clase de disimulo.
Hace siete años ya expliqué aquí el origen del llamado "antifascismo", una estrategia desarrollada por la Internacional Comunista controlada por el dictador Stalin para blanquear al comunismo y agrupar a la izquierda en torno a la dirección de los comunistas. Ya desde sus inicios, el antifascismo fue un movimiento violento y que incluso recurrió al terrorismo, con casos como las "Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas" (MAOC), el brazo armado del Partido Comunista de España (PCE) entre 1933 y 1937. Esa estrategia continuó décadas después con grupos terroristas de ideología comunista como el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, creado en 1973) y los GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre, en 1975).
Una estrategia para agredir a todo el que discrepa de la izquierda
Hay que decir que, afortunadamente, hoy el fascismo clásico es un fenómeno residual y sin representación parlamentaria. Ese movimiento totalitario fue claramente derrotado en la Segunda Guerra Mundial y, en el caso del nazismo, el Holocausto expuso a todo el mundo sus abominables crímenes, convirtiendo adjetivos como "fascista" o "nazi" en formas de describir a personas despreciables. Sin embargo, a pesar de la caída del totalitarismo marxista y de haber matado a más de 100 millones de personas (una cifra no superada por ningún otro movimiento político en toda la historia de la humanidad), el comunismo sigue hoy presente en las instituciones democráticas de varios países, y en el caso de España incluso cuenta con dos representantes en el gobierno de Pedro Sánchez.
Eso explica el hecho de que el comunismo ha continuado utilizando el comodín del "antifascismo" igual que lo hizo hace casi un siglo, cuando Stalin llegó al extremo de calificar como "social-fascistas" a sus rivales dentro de la izquierda, los socialdemócratas. Ese método comunista de estigmatizar la disidencia se sigue aplicando hoy desde la izquierda, de una forma muy burda y con un absoluto desprecio por la verdad, calificando como "fascistas" a cualquiera que defiende ideas democráticas simplemente porque no coinciden con los dogmas izquierdistas. De hecho, una de las causas del surgimiento de una nueva derecha que no se somete a esos dogmas es el hartazgo de muchos demócratas hacia esa visceral intolerancia izquierdista, que trata de imponer un pensamiento único a toda la sociedad.
Una carta blanca para acosar, amenazar, agredir e incluso matar
Así pues, hoy el "antifascismo" no consiste en oponerse al fascismo, que era su pretexto cuando surgió en el periodo de entreguerras (una tesis que no impidió toda clase de alianzas entre fascistas y comunistas, como la que provocó el estallido de la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia por parte de las dictaduras de Hitler y Stalin, tras un acuerdo secreto para repartirse varios países europeos.
En realidad, igual que en el siglo pasado, el "antifascismo" pretende ser una carta blanca para acosar, amenazar, agredir e incluso matar a cualquiera que discrepe de la izquierda. De hecho, la amplia mayoría de las víctimas del "antifascismo" no tenían nada que ver ni con el fascismo ni con el nazismo. En realidad, la ultraizquierda utiliza esa excusa para justificar su violencia y sus crímenes, convirtiendo automáticamente en "fascista" a cualquier víctima de su intolerancia, una versión roja y muy violenta del macartismo que es aplicada habitualmente por bandas de matones encapuchados, cuyas víctimas son casi siempre personas que creen en la democracia pero que han cometido el "delito" de no opinar como la izquierda en cualquier asunto.
Un movimiento tan violento e intolerante como lo el fascismo al que dice odiar
Por supuesto, no estamos hablando de la forma de actuar propia de un movimiento democrático: el "antifascismo" es tan totalitario, antidemocrático violento e intolerante como lo es el fascismo al que dice odiar. De hecho, ambos movimientos coinciden en su absoluto desprecio por la libertad de expresión, el pluralismo político, la libertad ideológica y otras características de las democracias liberales. El propósito del "antifascismo" no es defender la democracia, sino destruirla desde dentro, impidiendo el normal debate de ideas y utilizando el miedo y la violencia para imponer sus ideas a los demás. Una democracia no puede ser indiferente ante esta forma de delincuencia: debe combatirla activamente, porque si no lo hace, corremos el riesgo de acabar sometidos a unos matones sin escrúpulos, tan irracionales y peligrosos como cualquier banda de cabezas rapadas nazis.
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Imagen: Grok.
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Comentarios:
Lylo
No estamos en democracia. Quien piense que estamos en una democracia, se equivoca; y con la panda que nos gobierna, muchísimo menos.
12:33 | 3/11/25
FaramirGL
Hay 4 nombres que conocer para entender el fenómeno «antifascista».
El primero es Benito Mussolini, revolucionario SOCIALISTA desde su infancia, marxista convencido, líder sindicalista, anticapitalista fanático, miembro de la dirección nacional del Partido Socialista Italiano y fundador del primer partido fascista.
El segundo es Giovanni Gentile, filósofo socialista y nacionalista, quien teorizó el fascismo y se lo enseñó al marxista Mussolini.
El tercero es Josif Stalin, dictador comunista, quien utilizó por primera vez la acusación de «¡FASCISTAS!» en 1924, a la muerte de Lenin, para deshacerse de sus rivales al control de la URSS.
Su treta FUNCIONÓ y, desde entonces, los marxistas siguen gritando «¡FASCISTAS!» para señalar a sus rivales.
El último nombre es de una construcción, no una persona. ¿Cómo se llamaba, oficialmente, el Muro de Berlín, equipado con ametralladoras, minas antipersonal y guardias armados, para impedir que los alemanes huyeran a Occidente?
«Muro de Protección Antifascista» 🤷🏻♂️
No te llaman «fascista» para combatir el fascismo. Te llaman «fascista» para asesinarte.
13:31 | 3/11/25
isanchezgil
A principios del siglo XX surgen, en la escena política del mundo civilizado, dos movimientos ideológicos que se oponen a «todo lo antiguo»:
– por una parte, el llamado «socialismo científico», producto de las teorías pseudosocialistas que se habían ido desarrollando desde la Revolución Francesa: diversos socialismos «utópicos», de muy variado pelaje, y el «científico» preconizado por Marx (Manifiesto Comunista 1848), que toma el nombre de comunismo, precisamente por ese manifiesto. Y que culmina en la Revolución Rusa, 1917.
– por otra parte, los movimientos burgueses, más idealistas que prácticos, D Annunzio, Marinetti (en torno a 1910), que se oponen a los planteamientos generales democráticos que habían venido funcionando en toda Europa y América. Véase Mnifiesto Futurista, 1919, de Marinetti («Queremos destruir y quemar los museos, las bibliotecas, las academias variadas y combatir el moralismo, el feminismo y todas las demás cobardías oportunistas y utilitarias»[6] o «Cantaremos a las grandes multitudes que el trabajo agita, por el placer o por la revuelta».). Que dan origen al Fascismo y el Nazismo (éste último socialismo disfrazado por su exigencia de una raza pura).
Una parte de la contradicción Democracias Liberales vs. Movimientos Fascistas, se resuelve con la Segunda Guerra Mundial, donde salen vencedoras las democracias, y son aplastados los movimientos fascistas (Fascismo italiano, Nazismo alemán).
Mientras tanto, qué ha pasado con el Comunismo?: que se disfraza para poderse incorporar a los Aliados vencedores de la guerra, y se dice antifascista, cuando, históricamente, pertenece a los movimientos socialista/comunistas.
Por eso, hoy día, como ellos no fueron vencidos, los comunistas rusos y todos sus adláteres europeos hablan de ser antifascistas, cuando ellos son los verdaderos ultrafascistas que aun existen hoy día.
Cuando oímos a un izquierdoso de los de hoy, que además son analfabetos, llamar a alguien «fascista», es para morirse de risa.
22:39 | 3/11/25
isanchezgil
Fallo del PC, el Movimiento Futurista y su manifiesto son de 1909, no 19. Metí el dedito donde no debía. Perdón.
22:43 | 3/11/25
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