Estos días se está hablando mucho en los medios sobre el posible cambio de nombre del Real Club Deportivo de La Coruña.
Esa entidad deportiva, a punto de cumplir 120 años, se plantea cambiar su nombre por el de "RC Deportivo da Coruña". Siendo una empresa privada, las decisiones que tomen sus socios en relación al nombre de la entidad les corresponde a ellos, y sólo a ellos, decidirlas. En Galicia hay dos lenguas oficiales, el español y el gallego, y debe haber libertad para elegir en cuál de las dos poner el nombre de una empresa. Por mi parte, no me parece nada mal que se use el gallego en una denominación. De hecho, el título de este blog, "Contando Estrelas", está en gallego, y además tiene una edición en lengua gallega.
Dicho esto, lo que hay que lamentar en el caso del Deportivo son las interferencias políticas. El separatismo lleva muchos años exigiendo a ese club un cambio de nombre porque no tolera que en Galicia se usen topónimos en español. Hay que decir, además, que no es una presión exclusiva del separatismo: hay medios gallegos que se dedican a ridiculizar los topónimos en español en Galicia, promoviendo abiertamente una hispanofobia que pretende anormalizar el idioma español, que es una de las dos lenguas oficiales de esta comunidad.
Esta situación se ve alimentada, además, por una legislación discriminatoria apoyada y mantenida durante años por el Partido Popular (PP), un detalle que muchos medios del resto de España suelen ignorar al hablar sobre esta región. Esa legislación excluye de la toponimia oficial a los topónimos en español, creando una presión institucional contra ellos y convirtiendo de hecho a los gallegos hispanohablantes en algo así como extranjeros en su propia tierra, gente que no tiene derecho a llamar en su idioma a los lugares en los que vive, incluso cuando hablamos de topónimos tan antiguos como "La Coruña", un nombre que tiene su origen en la Edad Media, es decir, en la época en la que el latín vulgar empezó a dar paso a las lenguas que hoy conocemos como español y gallego.
Cuando hablamos de un ambiente legal, institucional y político como éste, la eliminación de los topónimos en español ya no es una decisión libre, sino el fruto de campañas de presión que son alimentadas, además, con el dinero de nuestros impuestos.
Si yo, por tener un blog con nombre en gallego, sufriese una campaña como ésa para cambiarlo, lo último que se me ocurriría sería ceder a las presiones, en primer lugar porque me niego a tomar ninguna decisión bajo las presiones de nadie, pero también porque cuando se cede a los que promueven un entorno lingüístico coactivo, los enemigos de la libertad son los que ganan. Y los llamo así porque no quieren una Galicia donde cada uno decida libremente en qué idioma quiere hablar, relacionarse, estudiar o hacer sus negocios. Ellos quieren decidir por nosotros incluso la lengua que usamos a diario.
La gran diferencia entre este blog y ese club deportivo es que en Galicia existe una creciente presión política para desplazar al español de la vida pública. Es una situación absurda y grotesca, si tenemos en cuenta que a pesar de las insistentes campañas institucionales para promover el uso del gallego, incluyendo iniciativas para presionar a los alumnos de colegios para que dejen de hablar el español (algo que me parece puramente enfermizo), la lengua de Cervantes es el idioma más hablado en Galicia, una señal clara del fracaso de la ingeniería social.
Esa presión hispanófoba es aún más grotesca en ciertas ciudades, donde el español es la lengua más usada con mucha diferencia. Según una encuesta de 2023, en La Coruña el gallego sólo es usado de forma exclusiva por el 15,48% de sus habitantes, cuatro puntos y medio menos que cinco años antes. Sólo Vigo (13,46%) y Ferrol (13,60%) superan a la capital coruñesa, y también perdiendo hablantes.
Así pues, cuando algunos intentan convertir el español en una lengua extranjera en Galicia, no sólo intentan anormalizar nuestro idioma: están intentando anormalizar a la mayoría de los habitantes de las dos ciudades más pobladas de Galicia, que son Vigo y La Coruña. Es curioso comprobar que esto, en una sociedad democrática tan sensible contra los discursos de odio, esa política discriminatoria cuenta con la bendición de partidos y de medios que se creen grandes campeones de la tolerancia, pero que cada vez que ven un topónimo en español en Galicia reaccionan con una intolerancia propia de totalitarios.
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Comentarios:
isanchezgil
Si el Real Club Deportivo de La Coruña cambia su nombre cediendo a las imposiciones de los separatistas, debería hacerlo consecuentemente como «C Deportivo de A Cruña», suprimiendo el adjetivo Real, ya que los separatistas no quieren un rey español, y poniendo el topónimo Cruña para parecerse menos al odiado idioma español.
Es un caso similar al del club deportivo Real Sociedad de San Sebastián, que debería suprimir el término Real, por ser un país distinto de la monarquía española.
Igualmente, el jefe de gobierno Sánchez no debería hablar de dos países refiriéndose a Cataluña y España como entidades separadas, ya que, si fuera así, él no sería jefe en Cataluña, sino solo en España.
Se ve claro que los independentistas, y su lamec–los Sánchez, son más idiotas de lo que sería permisible para gente mayor de edad.
0:03 | 23/04/26
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