El Jardinero Fiel

Lunes 26 de Diciembre de 2005 21:14h 0

Fui a ver esta película la semana pasada, por la recomendación de una buena amiga con la que suelo compartir a menudo gustos cinematográficos (en el sentido de que me suelen gustar todas las películas que le gustan a ella, ya es más difícil que le gusten a ella todas las que me gustan a mí…). He de decir que la recomendación fue acertada y que la película me encantó. Una fotografía excelente, igual que los enfoques novedosos, en fin, un regalo para la vista.

El Jardinero Fiel relata la historia de una mujer casada con un diplomático británico en Kenya. Ella descubre que una empresa farmacéutica local está probando un medicamento en gente pobre de la zona. Los que mueren como fruto de esos experimentos son enterrados en secreto y de espaldas a sus familias, sin que conste ninguna documentación legal sobre ellos. Detrás de esto se esconde una trama que llega hasta el Foreign Office, el Ministerio británico de exteriores.

Me uno a la recomendación de mi amiga sobre esta película, pero no sólo por motivos cinematográficos, sino también humanos. Tenemos que saber que esto existe y tomar conciencia de que nos afecta. El drama humano que la película denuncia, con un continente en el que la vida humana es tomado como una simple mercancía, es un drama humano que también nos afecta a nosotros, ya que vivimos en países ricos que se lucran a costa del sufrimiento del Tercer Mundo. Es duro comprobar además el poder de quienes manejan grandes sumas de dinero, cómo son capaces de influír en los medios políticos y moldearlos a su antojo. En fin, ésta es una buena oportunidad de conocer la realidad, algo imprescindible si queremos cambiarla.

El bello cristianismo del Papa

21:00h 0

Traigo a mi blog el excelente artículo de Julián Carrón, Presidente de Comunión y Liberación, que ha publicado hoy El Mundo. Reconozco que ha sido una sorpresa para mí encontrarme un escrito de Carrón en un periódico como éste. Con motivo de estas fechas navideñas, creo que las reflexiones de don Julián sobre la Navidad ayudarán a muchos no creyentes a comprender lo que significan estas fechas:

El bello cristianismo del Papa
JULIAN CARRON

Todos confusamente un bien seguimos / donde se aquiete el ánimo, y lo ansiamos; / y por lograrlo combatimos todos». La genialidad de Dante ha sabido expresar mejor que nadie la espera que constituye el corazón de cada uno de nosotros. Todos secretamente esperamos, a veces casi con vergüenza de confesárnoslo a nosotros mismos, este bien en el que nuestra alma se aquiete. Es como si tuviéramos que hacerlo furtivamente, a escondidas de nosotros mismos y de los demás, como para defendernos. Hasta tal punto es impopular, políticamente incorrecto, confesarse a uno mismo la propia necesidad humana. ¿Por qué?

Porque «todo conspira para callar de nosotros, un poco como se calla / tal vez, una vergüenza, un poco como se calla una esperanza / inefable» (Rilke). La pretensión de cualquier tipo de poder es la de expropiar al hombre de su propia experiencia, aquélla que es más nuestra, aquélla que coincide con nuestras entrañas.Su pretensión es tan fuerte que no se conforma con menos de todo: quiere el alma. Y desgraciadamente encuentra en nosotros, tantas veces, un aliado oculto. Tanto es así que también a nosotros nos parece a veces que la realidad de nuestro ser no es más que un sueño. Para poder mirar a la cara al propio corazón es necesario un «yo» como el del poeta Antonio Machado: «¿Mi corazón se ha dormido? / No, mi corazón no duerme. / Está despierto, despierto./ Ni duerme ni sueña, mira, / los claros ojos abiertos, / señas lejanas y escucha / a orillas del gran silencio».

¡Pero no es un sueño! Mi corazón está despierto, despierto si digo «yo» con toda la lealtad de la que soy capaz, con toda mi capacidad de sinceridad, con una ternura como la de mi madre cuando me abrazaba de pequeño. Sólo esta ternura hacia nosotros mismos nos permite abrazar nuestra humanidad en toda su amplitud.Y nos damos cuenta de que el corazón «ni duerme ni sueña, mira, / los claros ojos abiertos, / señas lejanas y escucha / a orillas del gran silencio». Este es el culmen de la razón: llegar al gran silencio, es decir, al Misterio. Frente a éste sólo nos queda mirar con los ojos abiertos de par en par esperando un signo desde la otra orilla. La Navidad es el signo que todos esperábamos, más o menos confusamente, de parte del gran silencio que es el Misterio. Es el cumplimiento imprevisto de este deseo.«El Verbo se ha hecho carne». El Misterio se ha hecho uno de nosotros. Ha llegado a nuestra orilla. Ha sido, y es, una sorpresa.Como lo fue para María, para José, para los pastores y los Reyes Magos.

Con la Navidad ha entrado para siempre en la historia una Presencia que trae consigo una novedad que ningún poder puede eliminar.«Alguien nos ha sucedido», decía Mounier. Corresponde de tal modo a la espera del corazón que jamás podrá ser derrotada. La fascinación que provoca es tal que sólo quien se empeña en no reconocerla puede permanecer impermeable a su atractivo.

Ante este hecho resultan patéticos todos los intentos de confinar la Navidad dentro de los fenómenos mistéricos o virtuales de la imaginación religiosa del hombre, que no tienen nada que ver con la realidad de la vida diaria. No es sino el intento de encerrarla en el mundo de los sueños.

¿Por qué no es un sueño, como, de hecho, no lo fue hace 2.000 años? Porque su Presencia sigue actuando en medio de nosotros.«La fe cristiana es la modalidad subversiva y sorprendente de vivir las cosas de todos los días», decía Don Giussani. Nosotros verificamos que Cristo es real, que está presente, porque él cambia las cosas que más se resisten a cualquier tipo de cambio: las cosas de todos los días. La intensidad de vida, la vibración inefable y total ante las cosas y las personas, la densidad del instante en una época en la que todo está achatado, es lo que nos convence de que Péguy tenía razón cuando escribía: «El está aquí. / Está como el primer día. / Está entre nosotros como el día de su muerte / Eternamente todos los días. / Está aquí entre nosotros durante todos los días de su eternidad».

El cristianismo es sencillo, está al alcance de cualquiera. Basta ceder a su atractivo vencedor. Al igual que los pastores, que permanecerán para siempre en la historia como prueba de que el cristianismo es sencillo. Basta tener la sencillez de reconocerle.

El está aquí. Lo documenta de forma meridiana el papa Benedicto XVI, que nos desafía continuamente testimoniando la belleza de ser cristianos y la alegría de vivirlo, testimoniando que no necesitamos del mal para ser felices, que el aburrimiento se vence únicamente si dejamos entrar a Cristo en nuestra vida.¡Qué responsabilidad tan grande tenemos los cristianos: sostener su desafío, testimoniando en nuestra vida la verdad de sus palabras!

Gracias.

Crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario

Viernes 9 de Diciembre de 2005 2:08h 0

Hace un rato que acabo de llegar a casa de ver la primera entrega de la serie cinematográfica de Las Crónicas de Narnia, basada en la obra del célebre escritor C.S. Lewis, gran amigo de mi escritor favorito, J.R.R. Tolkien. La película, igual que el libro, está enfocada más para niños que El Señor de los Anillos, por supuesto, incluso podría decirse que más aún que Harry Potter. Lo cual no desmerece el resultado.

De los libros de “Las Crónicas de Narnia” he tenido ocasión de leer el primero, que por lo visto no tendrá versión cinematográfica. En él se relata la creación de Narnia, la entrada en el reino de la malvada bruja blanca y el origen del armario que centrará el segundo libro, del cual sólo me dio tiempo de leer (pues aún estoy en ello) hasta el momento en que los niños se encuentran a los animales petrificados en medio del bosque. He de reconocer que, en general, me gustó más el primer libro que el segundo, supongo que -entre otras cosas- porque siempre me han gustado mucho los comienzos, que son una multitud de posibilidades por desarrollarse. Además, la historia me parece más original en el primer libro que en el segundo. De todos modos, para gustos hay colores. Os animo a leer los dos.

Sobre la película, decir que me ha parecido una excelente y muy fiel adaptación del libro. He quedado especialmente maravillado de la actuación de la niña que interpreta el papel de la pequeña Lucy (la misma que puede verse en la foto que encabeza este artículo): ¿de dónde han sacado una actriz de tan corta edad y con tanta expresividad? En fin, esta chiquilla se merece un Óscar para ella solita, además de mi modesto y entusiasmado aplauso.

La selección de los actores, la ambientación, en fin, todo me ha parecido excelente y me ha recordado mucho a la imagen que había hecho en mi mente al ir leyendo el libro. En “Días de Cine” he escuchado que le reprochaban al director una falta de aspectos cómicos y demasiado contenido dramático, pero bueno, es que eso es, en todo caso, achacable al libro, más que a la película. El director se ha limitado a respetar bastante bien el original.

En fin, reconozco que para las personas que estamos acostumbradas a la complegidad de la trama, de los sentimientos y de las historias que relatan las obras de Tolkien, tal vez estos libros de C.S. Lewis y esta película se nos queden un poco sencillas. En cualquier caso, animo a quien lea el libro o a quien vea la película a que lo haga de la misma forma que lo habría hecho en su infancia. La gente al hacerse mayor se vuelve muy aburrida y ya no es capaz de mostrar esa sorpresa y esa perplejidad que tan bien refleja en sus gestos la pequeña actriz que ha dado vida a Lucy.

Un comentario aparte se merece el trasfondo cristiano de la película, algo común a “El Señor de los Anillos”, por cierto. Tolkien consiguió que Lewis acabara por convertirse al Cristianismo, y esa fe se refleja en varios momentos del libro y de la película, muy particularmente en la idea del sacrificio de la propia vida por amor, como medio de salvación para otros. Muchos, de hecho, han visto en la figura de Aslan, el león, una representación alegórica de Jesucristo. Hay que decir, además, que estos libros han encontrado muchas dificultades para ser llevados al cine. Su significación cristiana hizo que fueran rechazados por muchas productoras, hasta que el éxito de películas como “La Pasión de Cristo” o el mismo “El Señor de los Anillos” acabó por convencer a la Disney de que las películas de valores, y más concretamente de valores cristianos, sí que tienen éxito en taquilla. Afortunadamente, en medio de la confusión reinante en muchos aspectos, la gente sigue buscando la verdad, esa respuesta a las preguntas que todos nos hacemos en la vida.

En resumidas cuentas: esta película es un viaje para la imaginación, la gran víctima de estos tiempos asfixiados por la televisión, y una obra muy recomendable -por sus valores y su capacidad de entretenimiento- para los más pequeños, es decir, para los que siguen siéndolo en cuerpo y alma, y para los que nos empeñamos en no crecer demasiado. :-)

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