‘Figuras ocultas’: una buena película sobre las mujeres que forjaron la carrera espacial

Ayer vi “Figuras ocultas” (Hidden figures), una película dirigida por Theodore Melfi en la que seguimos el ascenso en la NASA de tres mujeres negras con un enorme talento para el cálculo.

La película, con una narrativa impecable y sin artificios, se centra especialmente en Katherine G. Johnson, una matemática que hizo buena parte de los cálculos de los vuelos del Proyecto Mercury de la NASA (por cierto, todavía vive: en agosto, Dios mediante, cumplirá 99 años). La interpreta, de forma excelente, Taraji P. Henson. Junto a ella vemos a otras dos pioneras de la carrera espacial estadounidense: Dorothy Vaughan (la primera mujer afroamericana que fue supervisora de la NASA, interpretada por Octavia Spencer) y Mary Jackson (la primera mujer afroamericana que fue ingeniero de la NASA, interpretada por Janelle Monáe). En el reparto también vemos a Kevin Costner (como Al Harrison, director del Space Task Group de la NASA, grupo encargado de hacer los cálculos para los vuelos espaciales), Jim Parsons (el famoso Sheldon Cooper de la serie televisiva Big Bang Theory, que hace el papel de Paul Stafford, jefe de ingenieros del Space Tasj Group) y Kirsten Dunst (esta vez en un papel más severo de los que nos tiene habituados, haciendo de Vivian Mitchell, supervisora de las calculadoras de la NASA).

“Figuras ocultas” tiene varios niveles que la hacen interesante. Por un lado la carrera espacial y los complejos cálculos que precisaba, algo que apenas ha sido abordado en la historia del cine y que me ha parecido interesantísimo. Por otra parte, la lucha de las tres protagonistas por abrirse paso, primeramente, en un entorno mayoritariamente masculino, con el obstáculo añadido de la segregación racial, que aún seguía vigente en algunos estados de EEUU en la época en la que se ambienta la película (comienzos de la década de 1960). Finalmente, la cinta nos acerca a la vida personal de las tres protagonistas, lo que nos muestra el tercer nivel de dificultad que implicaba el trabajo de estas mujeres, que compaginaban su labor en la NASA -que requería muchas horas extras- con su papel de madres. Se podría decir, desde luego, que es una película de denuncia, pero con matices. Si bien es cierto que se muestra la injusticia de la segregación -una política que trataba a los negros como si fuesen unos apestados-, la película parece valorar más la importancia del esfuerzo personal de las protagonistas por abrirse paso, a base de esfuerzo, que los discursos o las protestas contra la segregación (sin menospreciar éstos, eso sí). Esta dicotomía la vemos especialmente en las discusiones entre Mary Jackson y su marido, que era partidario de acabar con la segregación mediante la protesta, mientras que ella apostaba por el esfuerzo.

En este sentido, y como bien apunta Páter Cinéfilo (os animo a leer su comentario sobre la película), la película entronca con el ideal del sueño americano, según el cual allí puedes conseguir lo que te propongas a base de esfuerzo. Diría, en este sentido, que se trata de una película ciertamente conservadora, algo en lo que abundan otros aspectos. No vemos familias desestructuradas. El discurso narrativo no abunda tanto en la rebeldía contra lo establecido, sino en el esfuerzo y en la superación personal. No existe contradicción ni se muestra conflicto alguno entre el hecho que unas científicas acudan a una congregación baptista a participar en un oficio religioso. Aunque el discurso de la película tiene un claro fondo feminista, no es un feminismo que pida una igualdad en los resultados -la tendencia imperante hoy en día en ese movimiento-, sino un feminismo que lucha por una igualdad de oportunidades, lo que no implica que el resultado vaya a ser el mismo para todas: ese resultado depende del esfuerzo individual. No se plantea una guerra de sexos ni de razas, a pesar de las evidentes discriminaciones que se exponen. Finalmente, abunda en la película un sentido del deber movido, en gran medida, por el patriotismo, que mueve a los implicados en la carrera espacial a sacrificarse y dedicar más horas de trabajo de las que les pueden pagar, a fin de conseguir que su país supere a la Unión Soviética en esa carrera (soy de la idea de que si no hubiese existido esta competencia, el hombre aún no habría llegado a la Luna).

En fin, que estamos ante una película necesaria, porque hace justicia no sólo a las protagonistas, sino también a las otras mujeres negras que -como ellas- trabajaban en la NASA, y también a las personas que, más allá del tan mediático control de misión, colaboraban en la preparación de los vuelos mediante complicados cálculos. También es interesante, pero ante todo es una buena película, que es capaz de conjugar la defensa de la justicia con el sueño americano, sin prescindir de la importancia de la familia y todo ello sin resultar aburrida ni pesada en ningún momento a pesar de los 127 minutos de duración. Os la recomiendo.

Os dejo aquí con el trailer en español:

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