Sí, los homosexuales también pueden ser conservadores

Por Ángel Manuel García Carmona

La mal llamada “progresía”, bueno, la izquierda y sus tontos útiles, dentro de sus estrategias de ingeniería social, al tergiversar el lenguaje, igual que tilda de “ultraderechista” a quien cuestiona sus dogmas, trata de otorgarse la representación de todo aquel que siente atracción hacia una persona del mismo sexo.

No hablo precisamente del hecho de que haya homosexuales que no voten a partidos socialistas o comunistas así como tampoco de quienes pertenecen a sectores de ciertas formaciones políticas que han estado promoviendo la renuncia de estas a sus principios originarios de centro-derecha liberal-conservadora.

Entiéndase por conservadurismo esa postura intelectual e ideológica partidaria de defender el orden espontáneo de las instituciones (el libre mercado también) y la sociedad, los valores tradicionales y la ley natural. Eso sí, en este ensayo también incluiré a quienes cuestionan la existencia del Estado (“paleo-libertarios”) o recelan totalmente del orden espontáneo en materia económica, pudiendo coincidir moral y culturalmente con los conservadores.

Ahora bien, la homosexualidad se define como el interés y atracción sexual hacia miembros del mismo sexo, siendo esto algo sobre lo que hay controversias en torno el origen (yo, personalmente, lo atribuyo a la biología). Pero sentir atracción por un chico nada define respecto a la visión de la sociedad así como tampoco una determinación de la simpatía o antipatía hacia el orden natural y espontáneo. Esto es, no es una ideología así como tampoco una enfermedad.

Cuestión diferente es el homosexualismo ideológico, lo que viene a representar el “lobby LGTBI”, un movimiento que, orientado en los postulados de la ideología de género, reivindica un socialismo de ingeniería social aplicado mediante leyes que desestructuran las instituciones naturales del matrimonio y la familia, atentan contra libertades y derechos como la isonomía y la igualdad ante la ley, aparte de pretender alterar realidades antropológicas.

El matrimonio es, según el diccionario de la Universidad de Oxford, una pareja “formada por el marido [(varón)] y la mujer”. Asimismo, se señala que tiene su origen etimológico en el término del latín “matrimonium”, derivado de mater, matris (“madre”). La madre es la matriz de esos seres humanos que no solo serán sus descendientes, sino los componentes de la institución de la familia. El llamado “matrimonio gay” no es, por ende, sino un resultado de la ingeniería social.

Los ideólogos de género pretenden imponer en los medios de comunicación, las teorías científicas, las disposiciones jurídicas y los currículos educativos esas deconstrucciones de la antropología y alteraciones de la ley e instituciones naturales. Recurren a su vez a las estrategias de censura (intimidando como mínimo; sancionando legal o administrativamente como máximo).

Se inspiran el “marxismo cultural”, una estrategia del filósofo italiano Antonio Gramsci para someter a Occidente al yugo del comunismo. Entendía la cultura como un aspecto clave para alcanzar su objetivo. Por ello, pretende erosionar las raíces cristianas, fundamento de las libertades de las que disfrutamos en Occidente (recuerden que la “progrez” es cristianófoba mientras que denuncia que en los países islámicos no se respete a la mujer y al homosexual).

Dicho esto, cabe destacar, como se ha señalado al principio, la “progresía” se dedica a expedir carnés de homosexual en función de las inclinaciones ideológicas de cada uno. Si sientes atracción sexual por alguien del mismo sexo pero no eres comunista, socialista, socialdemócrata o liberal-progre, puede que te acusen de “tirar piedras a tu propio tejado”. Pero no es así.

Sabido es que en el segundo semestre de 2012, una considerable parte de la sociedad civil francesa comenzó a organizarse y emprender acciones reivindicativas contra la Ley Taubira (el proyecto de ley que reconocería el matrimonio entre personas del mismo sexo, aprobado un año después), componiendo así la plataforma “La Manif Pour Tous”.

Pues bien, uno de los principales activistas de dicho movimiento pro-familia fue Jean Pierre Delaume, un homosexual que no se arrepiente de serlo, pero que defiende la familia natural (afirma que “no se puede aceptar privar a un niño de sus puntos de referencia sociales”) y se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo.

Pero no es el único. Hablemos también de la plataforma Homovox, galardonada a principios de mes por la asociación cívica española Hazte Oír. Se trata de un colectivo de homosexuales que no se sienten representados por el lobby LGTBI y no están a favor ni de tergiversaciones semánticas ni de la adopción por parte de homosexuales.

Y muchos más habrá. Homosexuales que para nada defenderán la imposición de la ideología de género, sintiendo así más afinidad con políticos como Trump y Orbán que con Trudeau, que se sentirán más identificados con movimientos como el pro-familia francés y el liberal-conservador polaco que con cualquiera de corte marxista cultural.

Dicho esto, para demostrar una de tantas realidades que las izquierdas quieren ocultar, no solo basta con no dejarse intimidar más por la “progrez”. Aquellos que prefieran reprobar al homosexual por su razón de ser no solo ayudarán a los lobbies, sino que incurrirán en un “craso error” al negar la igualdad en dignidad de todo ser humano.

(Foto: Eric Walter / Wikimedia. Philippe Ariño -homosexual- y Nathalie de Williencourt -madre de familia y fundadora de Homovox, un movimiento que da voz a los homosexuales contrarios a los matrimonios del mismo sexo-, en una manifestación en París el 13 de enero de 2013 contra el proyecto legal que incluyó en el matrimonio a las parejas del mismo sexo en Francia)

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  1. JFM

    No sé qi te acuerdas de Aquiles en madrid un blog que estab en Redliberal y cuyo autor era un homsexaul decalarado.

    Pues bien: estaba en contra del matrimonio homosexual y de la adopcion por homosexual (interés del niño). Lo que escribia era muy sensato. Lastima que haya cerrado su blog

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