"Sin cultura cristiana no habrá vida libre en Europa", dijo el premier húngaro

Viktor Orbán atribuye la libertad de Hungría a Juan Pablo II: «cambió el curso de la historia»

Cada 15 de marzo, Hungría celebra el aniversario de su Revolución de 1848, que recibió el apoyo de miles de voluntarios polacos y que fue derrotada en 1849 por Austria con el apoyo de Rusia.

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Hungría y Polonia: dos Naciones hermanadas a lo largo de la historia

Esta celebración suele servir para revivir una de las amistades internacionales más fuertes que hay en el mundo: la que une a húngaros y polacos desde tiempos muy remotos. En el siglo XIV incluso tuvieron un soberano común: Luis de Anjou, coronado como Rey de Hungría en 1342 y como Rey de Polonia en 1370. Históricamente, húngaros y polacos han luchado juntos en numerosas ocasiones, y durante los siglos XIX y XX les ha unido a menudo la causa de la libertad. Hoy en día, tanto Hungría como Polonia celebran su amistad cada 23 de marzo con una fiesta común.

Mateusz Morawiecki reivindica «la Europa de las Patrias»

Este viernes, con motivo del aniversario de la Revolución Húngara de 1848, el Primer Ministro de Polonia, Mateusz Morawiecki, y el de Hungría, Viktor Orbán, participaron en un acto conjunto en Budapest, como señala el Visegrád Post, que ha publicado la traducción al inglés de sus discursos completos. «Como hace 171 años, una vez más estamos del lado de la verdad, la solidaridad, la gente común y la libertad», afirmó Morawiecki en su discurso, que terminó refiriéndose a la amistad entre ambos países: «Que esta gran atadura que nos une nos fortalezca. A todos nosotros: húngaros, polacos, europeos. Que nos una a todos los que creemos en la Europa de las Patrias, en un mundo mejor para la gente común y en lugar de para los poderosos del poder establecido. ¡Dios bendiga a Hungría, Dios bendiga a Polonia y Europa, que nos dé un mejor futuro!«

Viktor Orbán: «Sin los polacos, Hungría no sería libre hoy»

Orbán tuvo palabras muy emocionantes para los polacos en su discurso: «Sin los polacos, Hungría no sería libre hoy, y Europa no podría haberse reunificado. Los polacos nos dieron el Papa San Juan Pablo II, y también nos dieron el movimiento Solidaridad. Con esto cambió el curso de la historia y pudimos recuperar nuestra libertad y la independencia de nuestras naciones. Los húngaros nos levantamos los sombreros para saludar a los polacos. Polonia ocupa un lugar especial en los corazones de los húngaros». El Primer Ministro húngaro también lanzó una advertencia a las élites de la Unión Europea: «Polonia es el país más grande y líder de Europa Central. Cuando Polonia es atacada desde Bruselas, el ataque es contra toda Europa Central y contra nosotros, los húngaros. Para los constructores de imperios que buscan proyectar su sombra sobre Europa Central, tenemos esto que decir: siempre tendrán que contar con los fuertes vínculos entre Polonia y Hungría«.

«Sin cultura cristiana no habrá vida libre en Europa», advierte Orbán

Orbán también ha recordado otro de los aspectos comunes que tienen húngaros y polacos: «Nuestras luchas por la libertad han terminado repetidamente en la ocupación, pero nunca hemos sido verdaderamente derrotados. Aquí, a la sombra de los imperios y en la encrucijada de las civilizaciones, al final ganamos todas nuestras guerras por la supervivencia de la patria y la nación, y por la cultura cristiana«. Orbán hizo hincapié en la defensa de las raíces culturales de Europa, que hoy muchos insisten en negar en aras del laicismo y el multiculturalismo: «la noción de libertad está arraigada en el cristianismo. A los ojos de Dios, todos son libres e iguales, ya sean ricos o pobres, independientemente de la nación. Todas las naciones también son iguales, independientemente de si las fortunas de su historia han sido buenas o malas. Esta es la razón por la cual nuestra Ley Fundamental reconoce el papel del cristianismo en la preservación de la nacionalidad. Sin cultura cristiana no hay libertad húngara, ni una Hungría libre. Esto es cierto, independientemente de la creencia personal en Dios o la falta de creencia. Queremos que los pueblos de Europa sean curados de su ceguera parcial, y que se den cuenta y entiendan esto: que sin cultura cristiana no habrá vida libre en Europa; y que si no defendemos nuestra cultura cristiana perderemos Europa, y Europa ya no pertenecerá a los europeos».

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