Una democracia no sólo es un sistema de elección de gobernantes, sino también un modo de convivir con gente de distintas opiniones.
La experiencia nos muestra que la democracia ha sido hasta ahora la forma más eficaz de vivir juntos sin matarnos entre nosotros. Por supuesto, no es un sistema perfecto (los sistemas políticos perfectos no existen, ya que los seres humanos que los hacen son propensos a cometer errores) y está sujeto a unas normas para evitar conflictos. En la mayoría de los países democráticos, esas normas están codificadas en forma de constituciones que señalan los derechos y libertades de los ciudadanos, que son un límite a los abusos de los políticos.
Uno de los errores más frecuentes en una democracia es creer que una mayoría tiene derecho a romper esos límites e imponer su voluntad a los demás. Esa creencia suele hacer muy difícil la convivencia. Es un error que se da con frecuencia cuando una ideología identitaria trata de distorsionar la democracia para convertir sus dogmas en leyes. En España lo estamos viendo de diversas formas, como la ideología de género -promovida activamente desde la izquierda- y el nacionalismo, una corriente ideológica que ha hecho un enorme daño a nuestra sociedad, incluyendo los asesinatos de 853 personas -entre ellas 22 niños y bebés- a manos del terrorismo separatista de ETA.
Desde hace décadas, el nacionalismo ha trastornado literalmente a una parte de la sociedad española. Lo digo así porque la Real Academia Española define "trastornar" como "invertir el orden regular de algo". En este caso lo que se ha invertido es el orden democrático: el nacionalismo es una ideología obsesionada como imponernos en qué idioma debemos hablar y cómo debemos opinar, exhibiendo una intolerancia radical hacia quienes no obedecemos sus exigencias.
Ayer vimos un claro ejemplo de ese trastorno en el Congreso de los Diputados durante la visita de León XIV. Míriam Nogueras, diputada separatista catalana de Junts, agarró al Papa durante 15 segundos para pedirle, en inglés, que hable en catalán cuando visite Cataluña. Parémonos un momento a repasar este completo absurdo: una diputada que habla en español utiliza el inglés para dirigirse a un Papa que habla en español (Robert Prevost pasó muchos años en Perú y tiene doble nacionalidad estadounidense y peruana) para reclamarle que no hable en español en una región española en la que la mayoría de la gente habla en español (un 46,5% de catalanes tiene el español como lengua habitual frente a un 32,6% que habla habitualmente en catalán, según una encuesta del propio gobierno regional).
El separatismo catalán lleva semanas ofuscado con la visita del Papa por la posibilidad de que pronuncie alguna palabra en español. No es que les incomode que haga todas sus intervenciones en español: simplemente no toleran que utilice ese idioma en Cataluña ni para saludar, y todo por el mero hecho de que el separatismo sueña con una Cataluña monolingüe en la que el español haya sido desterrado. Es una pretensión absurda que lleva al nacionalismo a confundir sus deseos con la realidad y que, en la práctica, lleva décadas justificando la vulneración de los derechos lingüísticos de los hispanohablantes en esa región, con la imposición del catalán en las escuelas (dejando el español en un papel marginal propio de una lengua extranjera), multas lingüísticas a comerciantes que rotulan en español y ataques a negocios por no hablar en catalán. Una situación más propia de una distopía autoritaria que de un país democrático.
Una situación parecida se da en otras regiones españolas con lenguas regionales y en las que hay partidos separatistas. Yo, que soy gallego y descendiente de gallegos, ya he vivido cosas como que un fanático separatista me llame "puto extranjero" e "inmigrante delincuente" por hablar en español, un idioma que se viene usando en Galicia desde la Edad Media, es decir, desde la misma época en la que el latín vulgar dio paso a idiomas como el castellano, el gallego o el catalán.
Con trastornados como ésos no hay convivencia posible: si pudiesen nos echarían de nuestra propia tierra a todos aquellos que no cumplimos con sus disparatados cánones sobre lo que debe ser un buen gallego o un buen catalán. Cataluña ya vivió un grave conflicto civil provocado por el golpe separatista del 1 de octubre de 2017, un intento del nacionalismo secesionista de subvertir el orden democrático para declarar inválida la Constitución en esa región española y romper la unidad nacional. La historia nos demuestra que con los totalitarios no hay pacto posible: o se les derrota o te sometes a ellos.
El grave error que han cometido algunos partidos españoles, como el PSOE y el Partido Popular, es pactar con esos totalitarios, cediendo ante ellos y degradando nuestra democracia para complacer sus caprichos. Al final, esas cesiones acaban pagándolas millones de españoles, que ven como sus derechos son laminados por unos fanáticos en una situación que, repito, es cada vez más propia de una distopía autoritaria que de una democracia. Ayer millones de españoles que no viven bajo la sombra del separatismo pudieron hacerse una idea de lo que es vivir rodeado de personas como Míriam Nogueras, de gente trastornada que no admite un principio tan básico para la convivencia como es el respeto por el bilingüismo en Cataluña. Esto debería animarnos a ser especialmente críticos con quienes quieren pactar con ellos: ¿cómo justifican el PSOE y el PP su afán por buscar el apoyo de trastornados como ésos?
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Imagen: Congreso de los Diputados.
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Comentarios:
FaramirGL
Nogueras es una demente peligrosa que debería estar encerrada en un psiquiátrico.
El nacionalismo es la justificación ideológica de la xenofobia y, como tal, totalmente opuesta e incompatible con el cristianismo. Y con España y la Hispanidad, ya que estamos.
Y con la convivencia, con la libertad, con la decencia, con la virtud, etc.
8:55 | 9/06/26
isanchezgil
Eso que dice Vd. de convivir todos los días con Nogueras y similares es una broma macabra. Me recuerda aquel chiste que contaban del predicador furioso amenazando con el fuego eterno, y el pobre creyente que le dice: «Por favor, si hay que ir al infierno, se va, pero no nos aco…ne».
Pues eso, Sr. Elentir, si hay que ir al infierno, se va….
13:30 | 9/06/26
Peter Luis
Totalmente de acuerdo.
Son sectarios con denominación de origen. Lo peor de cada casa.
Y otra cosa, como es posible que el Papa de la mano a la «persona» que está a la izquierda de Míriam Nogueras, a la de Bildu. Una individua que no condena los asesinatos de seres humanos cometidos en España por la terrorista ETA.
El Papa ¿ es hombre de paz ? no dice nada de los cómplices de los asesinos.. es repugnante..!!
15:58 | 9/06/26
Elentir
Pepe Luis, ¿en serio crees que el Papa sabe quién es la proetarra? A él le han invitado a una recepción en el Congreso y saluda a todo el mundo. No creo que le hayan pasado un expediente de toda la gente a la que va a dar la mano en España.
La culpa de que esa tía esté ahí es del PSOE, no del Papa.
17:53 | 9/06/26
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