La poco conocida historia de la Batalla de las Malvinas del 10 de junio de 1770

Cuando las Malvinas eran españolas y los británicos fueron expulsados de esas islas

Al igual que ocurre en España con Gibraltar, las Islas Malvinas son una colonia británica que aún hoy es un motivo de disputa entre el Reino Unido y Argentina.

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Una disputa que se remonta al descubrimiento de las Malvinas

La disputa por esas islas se remonta a su descubrimiento a comienzos del siglo XVI. España, Francia, Inglaterra y Portugal se atribuyeron su hallazgo, sin que hasta ahora se haya resuelto del todo a quién le correspondió el mérito. El caso es que durante siglos se consideró que, en virtud del Tratado de Tordesillas de 1494, esos territorios le correspondían a España. No obstante, el primero en instalar allí una colonia -la de Port St. Louis- fue el explorador y militar francés Louis Antoine de Bougainville en 1763. Sin embargo, al estar en el área de influencia española, finalmente Francia vendió las islas a España en 1766.

Grabado francés de 1770 que muestra Puerto Soledad, en las Islas Malvinas (Fuente: Universidad de Sevilla).

Los primeros intentos británicos de adueñarse del archipiélago

Ya en 1749 los británicos habían organizado una falsa expedición científica con el propósito de establecer una base naval en las islas, una pretensión que España frenó en seco. La ocupación española de las islas dio comienzo en 1767, rebautizando Port St. Louis como Puerto Soledad, y siendo su primer gobernador el militar burgalés Felipe Ruiz Puente. Las islas quedaron bajo dependencia de la gobernación del Río de la Plata, territorio español que en 1776 se convirtió en el Virreinato del Río de la Plata, que abarcaba lo que actualmente es Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay.

Conocedores del trato entre Francia y España, en 1766 los británicos se habían asentado de forma secreta e ilegal en Puerto Egmont, en la isla de Trinidad, al noroeste del archipiélago. En 1768, desde Madrid se emitieron órdenes de no permitir asentamientos británicos en las islas. En noviembre de 1769 un buque español se topó con uno británico procedente de Puerto Egmont, hallando los españoles la ubicación de la colonia secreta británica a finales de ese año. Lejos de querer marcharse, los británicos aseguraron que esas islas pertenecían a su Rey y reclamaron a los españoles el desalojo de Puerto Soledad.

Un grabado de la época mostrando a dos buques británicos, el Tamer y el Dolphin, fondeados ante Puerto Egmont en el siglo XVIII (Fuente: Royal Museum Greenwich).

La expedición de Madariaga para expulsar a los británicos

Ese gesto de arrogancia por parte de los británicos tendría respuesta poco después, en febrero de 1770, cuando tres buques españoles llegaron a Puerto Egmont para hacer valer los legítimos títulos de soberanía española sobre las islas. Entonces la cosa no pasó de un intercambio de amenazas que acabó con el regreso de la flotilla española, bajo el mando de Fernando de Rubalcava, a Buenos Aires. El 11 de mayo partió de Montevideo una nueva flotilla española para echar a los británicos de las Malvinas, esta vez con cinco naves -que sumaban en total 108 cañones- y 1.500 soldados y marineros. A su frente iba un experimentado marino vasco, el Capitán de Navío Juan Ignacio de Madariaga Arostegui.

La travesía de Madariaga empezó mal, pues un temporal separó a la nave capitana del resto de la flotilla, por lo que su fragata, la “Industria”, se adelantó al resto y arribó sola a Puerto Egmont el 4 de junio de 1770, lo que debió envalentonar a los británicos, ya que amenazaron con dispararle si no se retiraba. Para ganar tiempo, el marino vasco envió a un emisario con regalos para la colonia británica, con la misión secreta de inspeccionar sus defensas. Pudo así conocer que los británicos sólo disponían de una fragata con 20 cañones y 4 cañones más en tierra. Tras hacer tiempo, el 6 de junio llegó el resto de la flotilla española.

Un mapa de las Malvinas elaborado por Felipe Ruiz Puente en 1768. Pulsa sobre la imagen para verla ampliada (Fuente: Biblioteca Nacional de España / Wikimedia).

La Batalla de las Malvinas del 10 de junio de 1770

Tras esperar unos días a que el tiempo mejorase para llevar a cabo un desembarco, el 9 de junio Madariaga lanzó un ultimátum a los británicos conminándoles a abandonar las islas. Lo hizo con un educado mensaje, prometiendo tratarles con “consideración y atención” si accedían pacíficamente a su exigencia. El desembarco comenzó el 10 de junio, acompañado de un bombadreo naval que fue contestado de forma penosa por los cañones británicos que defendían Puerto Egmont desde tierra. La resistencia británica duró poco: ese mismo día izaron la bandera blanca, siendo hechos prisioneros un total de 156 hombres. Tanto ellos como los colonos estuvieron casi tres semanas presos, tras lo cual se les permitió abandonar el lugar a bordo del buque británico HMS Favourite.

Grabado de la época sobre la Batalla de las Malvinas del 10 de junio de 1770 (Fuente: Auñamendi Eusko Entziklopedia / Wikimedia).

Fue una batalla muy limpia. No hubo muertos y el único herido fue un español, el Teniente Coronel Vicente de Reyna Vázquez, del Real Ejército y natural de Málaga. Puerto Egmont fue rebautizado como Puerto de la Cruzada. Aquella acción le hizo ganar a Madariaga el ascenso al rango de brigadier, que no ostentaría por mucho tiempo, pues falleció el 30 de marzo de 1771.

De la humillación británica a la claudicación española

La noticia de la humillación de Puerto Egmont puso furiosos a los británicos, que exigieron a los españoles el abandono inmediato de aquellas islas. España contestó primero con evasivas y luego con excusas. Lo ocurrido estuvo a punto de provocar una guerra entre ambas Naciones, que no estalló porque finalmente desde Madrid se tomó la bochornosa decisión se permitió el reestablecimiento de la colonia británica de Puerto Egmont. El Rey Carlos III incluso firmó una declaración rechazando la incursión de Madariaga.

Grabado de época sobre la Batalla de las Malvinas entre las fuerzas españolas y británicas el 10 de junio de 1770 (Fuente: Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur).

En abril de 1772, los británicos volvieron a Puerto Egmont y la guarnición española abandonó el lugar. Españoles y británicos compartieron las Malvinas durante dos años, hasta que el Reino Unido las abandonó el 22 de mayo de 1774, no sin antes dejar allí una placa en la que reclamaba la soberanía de todo el archipiélago. El 24 de enero de 1776 arribó a Puerto Egmont el buque español “San Francisco de Paula”, capitaneado por Juan Pascual Callejas, hallando el asentamiento británico abandonado y la placa en cuestión, que fue llevada a Buenos Aires. En 1780 Callejas regresó a Puerto Egmont y destruyó lo que quedaba del asentamiento británico. España y el Reino Unido estaban en guerra desde 1779, por el apoyo español a los Estados Unidos en su Guerra de Independencia.

Los restos del asentamiento británico del Puerto de la Cruzada, antes llamado Puerto Egmont. Fue definitivamente abandonado por los británicos en 1774, y destruido por los españoles en 1780 (Fuente: Wallcreeper.co.uk).

El dominio argentino y británico sobre las Malvinas

La guarnición española de Puerto Soledad continuó en el lugar hasta bien entrado en siglo XIX. En 1811, en plena invasión napoleónica, España abandonó las Malvinas y la guarnición se trasladó a Montevideo. Las Cortes de Cádiz confirmaron el abandono de las islas en 1812, pero para entonces ya no había nadie poblándolas. Tras la independencia del antiguo virreinato español, en 1820 Argentina tomó posesión de las islas. La presencia española en la isla duró 44 años, pero la presencia argentina fue más breve: en 1833 los británicos se apoderaron del archipiélago. Allí siguieron hasta abril de 1982, cuando Argentina lanzó un desembarco militar sobre las islas, tomando el control de las mismas. En los meses siguientes, cientos de soldados argentinos y británicos murieron en la llamada Guerra de las Malvinas, que terminó en una victoria del Reino Unido en junio de ese año. Casi 40 años después, las islas siguen siendo un puñal clavado en el corazón de Argentina, que todavía reclama el territorio.

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Comentarios (Blog):

  1. Marcial

    Los británicos no cejaron de un modo u otro de intentar controlar la zona. Tras las fallidas invasiones británicas del Río de la Plata, estuvieron fondeando con todo descaro en el estuario mientras esperaban el fruto del germen de las protestas en el Virreinato, iniciada ya la Guerra de la Independencia en la Península. Como dice Pío Moa, mal aliado en esos años el británico que no buscó nunca sino su provecho.

  2. Luis Carlos

    Poco después de la independencia hubo una guerra entre México y EE.UU con la que este se quedó con la mitad oeste que hasta entonces era española/mexicana. Los gringos hubieran podido invadir y anexionarse México si hubieran querido, pero no lo hicieron porque eran demasiado racistas como para querer tenerlos como compatriotas.

    Durante la guerra de la independencia contra Napoleón los británicos, que se suponían nuestros aliados, bombardearon la fábrica de porcelana de la Granja, sin ningún valor estratégico desde el punto de vista militar, sino simplemente para evitar que fuéramos un rival comercial para sus productos.

    Nos sueltan que el imperio español en América fue un genocidio y que los nativos vivían en la miseria, pero lo cierto es que los EE.UU tras independizarse de los ingleses prosperaron, pero Hispanoamérica todo lo contraria. Esta sin darse cuenta quedó bajo el control de las logias masónicas, y esclavizada por las deudas económicas contraídas con los británicos que financiaron la rebelión contra España. La prosperidad del imperio británico durante la era colonial no fue gracias a su mayor talento para los negocios, sino a costa del saqueo de los demás continentes.

    Se supone que debemos conocer el pasado para ser humildes, autocríticos y no repetir los mismos errores, pero nos han estado manipulando emocionalmente para inculcarnos complejo de culpa y vergüenza, mientras se olvidaba descaradamente aquello que no les interesaba que recordáramos.

    Los imperios se alzan y caen, pero el español es el que tiene más posibilidades de volver a levantarse, sin renunciar a su naturaleza cosmopolita (que no es lo mismo que multicultural) si los demás no lo impiden antes. No quieren que se sepa que un país católico alcanzó bienestar y progreso, refutando la doctrina de que la Iglesia ha sido un lastre para la Historia de la humanidad. Los WASPs y seudo-judios como Soros tienen miedo de que los latinoamericanos católicos sean cada vez más influyentes culturalmente en Estados Unidos, y este en cierto modo ya es un segundo imperio español, en el sentido de que también están sufriendo una leyenda negra que exagera lo malo y minimiza lo bueno, por culpa de la propaganda de las potencias rivales.

    Hay que saber cuándo alguien que se la da de intelectual librepensador y que exige humildad y autocrítica para no caer en el fanaticismo en realidad es una personalidad tóxica maltratando psicológicamente. Se les puede reconocer porque olvidan que sin el respeto a la dignidad humana el que se rebela contra la autoridad puede convertirse en un nuevo tirano.

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