Indiferente a los hambrientos, usó el hambre con rastreros fines políticos

El perverso motivo del rechazo comunista a la caridad hacia los necesitados: el caso de Lenin

A pesar de haber dejado un rastro de pobreza, opresión y muerte en diversos países, aún hay gente que piensa que el comunismo es una ideología con una buena intención: ayudar a los más pobres.

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Lenin: un privilegiado nacido en una familia acomodada

Si sigue habiendo personas que tienen una idea tan benévola del comunismo es porque no conocen la forma de pensar de sus figuras más famosas o, lo que es peor, porque comparten sus opiniones. Quiero abordar aquí una faceta muy poco conocida del primer dictador comunista: Vladimir Ilich Ulianov, más conocido como Lenin. El dirigente comunista nació en una familia rica en Simbirsk (Rusia), una ciudad situada a orillas del río Volga, en 1870. De hecho, gracias a la posición acomodada de su familia, Lenin tuvo la oportunidad -al igual que su hermano mayor- de cursar estudios universitarios de Derecho, algo inalcanzable para la amplia mayoría de la población rusa en aquella época. Fue en su época universitaria cuando entró en contacto con las ideas de Karl Marx y empezó su militancia marxista. Consiguió su título universitario en 1892, coincidiendo con una gran hambruna que empezó precisamente en el valle del Volga.

Una familia con tifus en Knjahynyne, Ucrania, durante la hambruna de 1891-1892 (Foto: M.D. Dmitriev).

La actitud insolidaria del joven Lenin ante la hambruna de 1891

Aquella hambruna, que dejó cientos de miles de muertos, provocó un movimiento de solidaridad nacional e internacional. Gran parte de la sociedad rusa inició una gran movilización para ayudar a los necesitados. Uno de los rusos más célebres que se implicaron en aquella campaña de ayuda fue el novelista León Tolstoi. Estados Unidos también fletó varios barcos que llevaron comida y grano hasta Rusia, después de recaudar numerosos fondos mediante donaciones hechas por ciudadanos estadounidenses. Por aquel entonces Lenin ejercía como abogado en la ciudad de Samara, a orillas de Volga, uno de los lugares más afectados por la hambruna. Su familia tenía una hacienda en Alakáievka, cerca de la ciudad. A diferencia de sus compatriotas y de las personas de otros países que enviaron ayuda a Rusia, la actitud del joven y acomodado Lenin fue abiertamente insolidaria: “Fue el único representante de la intelligentsia local que no solamente no participó en la ayuda social a los hambrientos, sino que se pronunció categóricamente en contra de la misma, según señalan Stéphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkowski, Karel Bartosek y Jean-Louis Margolin en El libro negro del comunismo (1997).

El doctor Reshetilov examinando a un paciente con tifus en el pueblo de Nakrusove durante la hambruna de 1891-1892 (Foto: M.D. Dmitriev).

Lenin pensaba que “el hambre tenía numerosas consecuencias positivas”

¿A qué se debía la actitud tan insolidaria del joven Lenin? La respuesta la ofreció Alexey Alexandrovich Beryakov (1869-1927) en su libro de memorias Юность вождя: воспоминания современника (La juventud del líder: recuerdos contemporáneos), publicado en Moscú muchos años después de su muerte, en 1960. Belyakov procedía de una familia campesina. Empezó su militancia marxista en la década de 1880 y conoció a Lenin en el círculo marxista de Samara durante los años de la hambruna y acabaron siendo amigos. El motivo de que las memorias de Belyakov permaneciesen censuradas durante tantos años en la URSS fue que hablaba de Lenin como un amigo de costumbres mundanas. Por ejemplo, comentaba que les gustaba pasar el tiempo en la cervecería Zhiguli (tal vez las autoridades soviéticas no vieron con buenos ojos que se asociase al idealizado Lenin con costumbres tan burguesas). Belyakov reconocía cosas peores, como esto que comenta en las páginas 80-82 del libro sobre la actitud de Lenin ante la hambruna:

Vladimir Ilich Ulianov tenía el valor de declarar abiertamente que el hambre tenía numerosas consecuencias positivas, a saber, la aparición de un proletariado industrial, ese enterrador del orden burgués. (…) Al destruir la atrasada economía campesina, el hambre, explicaba, nos acerca objetivamente a nuestra meta final, el socialismo, etapa inmediatamente posterior al capitalismo. El hambre destruye no solamente la fe en el zar, sino también en Dios“.

La hambruna provocada por los bolcheviques en 1921-1922

Recordemos que esas palabras no las escribió un detractor de Lenin ni un enemigo del marxismo: eso lo escribió un amigo y correligionario de Lenin. Muchos podrán pensar que entonces Lenin era joven e inmaduro, y que con el paso de los años su visión de la sociedad fue cambiando. Más bien fue todo lo contrario. Después de negarse a ayudar a los hambrientos por motivos políticos, la dictadura de Lenin desató una grave hambruna en 1921 y 1922. Esta hambruna fue provocada, en gran medida, por las requisas masivas de grano ordenadas por los bolcheviques, una política conocida como Prodrazvyorstka, que fue copiada y ampliada por los comunistas de la llamada Razvyorstka, la requisa de grano zarista en la Primera Guerra Mundial. El grano requisado se usaba a menudo para la exportación, a fin de obtener ingresos para el Estado, una vileza que se repitió durante la dictadura de Stalin, provocando el más conocido genocidio ucraniano.

Bolcheviques requisando grano a campesinos, en una obra del pintor lituano Ivan Vladimirov (1869-1947). Estas requisas provocaban un gran descontento y fueron, en gran medida, causantes de la hambruna de 1921-1922.

Aquella hambruna rusa de 1921 y 1922 dio lugar, como en la época zarista, a un movimiento de solidaridad entre los rusos. Pero si en 1891 ese movimiento había contado con el apoyo del Zar y de la Iglesia Ortodoxa, esta vez la dictadura de Lenin se mostró hostil a él. El movimiento lo encabezó un comité que tenía como figura destacada a la economista Yekaterina Kuskova, una persona crítica con los bolcheviques. Inicialmente Lenin rechazó recibir al comité, despreciando su “sensiblería”, pero finalmente recibió a uno de sus miembros en julio de 1921, tras lo cual el dictador comunista emitió una orden: “Impedir rigurosamente que Kuskova pueda molestar”. Lenin ordenó, así mismo, aceptar “un vagón o dos” y “nada más”.

Lenin ordenó disolver y difamar al comité de ayuda a los hambrientos

El comité consiguió ayuda exterior, incluyendo la Cruz Roja y Estados Unidos, y también de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que estaba siendo sometida a una dura persecución por la dictadura comunista. Sin embargo, el 26 de agosto de 1921, sólo un mes después de recibirle, Lenin dictó a Stalin y a los miembros del Politburó una orden de disolver el comité de ayuda a los hambrientos, al que llamaba “Kukishi” (se puede ver la nota en el Marxists Internet Archive), detener a uno de sus dirigentes y expulsar de Moscú a los demás, y lanzar contra ellos una campaña de difamaciones. Encargó de ello a la Cheka, la brutal policía política soviética, conocida por sus salvajes métodos de tortura.

“A más tardar mañana, publicaremos cinco líneas de un breve y seco “comunicado del gobierno”: disuelto debido a la falta de voluntad para trabajar. Enviaremos una directiva a los periódicos: el mismo día, mañana, comenzaremos a ridiculizar a “Kukishi” de cien maneras. Estos guardias blancos e hijos de la nobleza terrateniente querían hacer un viaje al extranjero y se negaron a ir a trabajar en las localidades. Kalinin ha ido, pero a los cadetes les resulta “impropio”. Deben ser ridiculizados y acosados ​​de todas las formas posibles al menos una vez a la semana en el transcurso de dos meses.

Los cadáveres apilados de víctimas de la hambruna rusa en Buzuluk, en la región del Volga, invierno de 1921 a 1922 (Foto: Dr. Fridtjof Nansen).

Lenin usó la hambruna que él mismo provocó para acumular todo el poder

La ayuda exterior siguió llegando desde la Cruz Roja y Estados Unidos. De no ser por ello, la situación habría tenido efectos mucho peores. Sin embargo, el Estado canalizó la ayuda a través de un comité de funcionarios bolcheviques, un organismo lento y corrupto. El resultado: la hambruna afectó a unos 27 millones de personas y mató a entre 3 y 5 millones. Fue mucho peor que la hambruna rusa de 1891, pero además, tuvo con aquella una notable diferencia. Y es que la hambruna de 1921 no fue accidental: se hizo de forma intencionada y con fines políticos, como reconoció el propio Lenin en una carta dirigida al Politburó el 19 de marzo de 1922 que se conserva en la librería del Congreso de EEUU:

Ahora y solo ahora, cuando las personas se consumen en áreas afectadas por la hambruna y cientos, si no miles, de cadáveres yacen en las carreteras, podemos (y por lo tanto debemos) perseguir la eliminación de propiedades de la iglesia con la energía más frenética y despiadada y no dudéis en sofocar la menor oposición. (…) Debemos perseguir la eliminación de los bienes de la iglesia por cualquier medio necesario para asegurarnos un fondo de varios cientos de millones de rublos de oro (no olvidéis la inmensa riqueza de algunos monasterios y lauras). (…) Todas las consideraciones indican que más adelante no lo haremos, porque en ningún otro momento, además del hambre desesperada, nos dará ese estado de ánimo entre la masa general de campesinos que nos garantizaría la simpatía de este grupo, o, al menos, nos aseguraría la neutralización de este grupo en el sentido de que la victoria en la lucha por la eliminación de la propiedad de la iglesia, de manera incuestionable y completa, estará de nuestro lado”.

Así, mientras la Iglesia Ortodoxa empeñaba sus recursos en ayudar a los hambrientos, Lenin lanzó sobre ella una ola de confiscaciones y propaganda, pero también de detenciones y asesinatos: “Cuanto mayor sea el número de representantes del clero reaccionario y la burguesía reaccionaria que logremos acribillar en esta ocasión, mejor”, señalaba la citada orden de Lenin. Según el El libro negro del comunismo (1997), el resultado fue “el arresto de varios millares de sacerdotes, de monjes y de monjas. Según fuentes eclesiásticas, 2.691 sacerdotes, 1.962 monjes y 3.447 monjas fueron asesinados en 1922″. La hambruna que la dictadura comunista había provocado con sus requisas no sólo se convirtió en un genocidio en toda regla, sino que además sirvió para concentrar un enorme poder en manos de la élite comunista y para reprimir con brutalidad cualquier intento de llevarle la contraria. El resultado de ese régimen de terror fue de más de un millón de personas asesinadas por motivos políticos en seis años, y entre 3,9 millones y 7,75 millones de muertos por hambrunas entre rusos, kazajos y tártaros. Décadas después de aquellos hechos aún hay comunistas intentando convencernos de que la caridad es mala y que sería mejor concentrar toda la riqueza -y con ella todo el poder- en manos del Estado, es decir, de los comunistas, para que ellos la repartan entre el pueblo. Y lo peor es que aún hay ingenuos que se lo creen.

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Comentarios (Blog):

  1. Alonso Quijano

    Me resulta difícil de creer que el comunismo no esté prohibido como partido político.

  2. Luis Recinos

    Gracias. Elentir, por toda esta interesante información. Se aclara, entonces, por qué Maduro se opuso a recibir ayuda humanitaria proveniente de los USA. La miseria y la hambruna como arma política. ¡Qué asco! Y pensar que aún hay muchos que admiran dicho sistema y aspiran a poder implementarlo. ¡Es de locos!

  3. Maqui

    Menuda información más clara. Y desgraciadamente hay muchos idiotas que se creen a los comunistas.

  4. Jandro

    Una reflexión muy interesante.

  5. bilbaino

    Ya sabes lo que te van a argumentar: Que eso no fue comunismo

  6. Huichilobos

    Y Chaves mucho antes que Maduro.

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