Un mito que han promovido ciertos partidos y que ha engordado al separatismo

El separatismo catalán está derribando un mito: el ‘nacionalismo moderado’ no existe

Quienes vivimos en regiones con movimientos separatistas venimos registrando, desde hace años, experiencias que confirman ciertas verdades que algunos están descubriendo ahora.

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“Bajas colaterales”

Se me ocurren unas cuantas, pero he elegido tres. Empezaré por la más remota. Hace más de una década una amiga mía salía con un chico nacionalista. El tipo era simpatizante del BNG, partido separatista y de ultraizquierda que ha llegado a ocupar la vicepresidencia del gobierno gallego y que aún se mantiene en el poder en el ayuntamiento de Pontevedra. Un día, hablando de los crímenes de ETA y concretamente sobre el asesinato de niños, el tipo vino a decir que aquello eran “bajas colaterales” en el “conflicto entre ETA y el Estado español”. Yo, que por entonces ya conocía personalmente a víctimas de ETA, decidí cortar todo trato con ese malnacido.

“Defendiendo el gallego”

La segunda anécdota ocurrió el 8 de febrero de 2009. Como otros miles de gallegos, fui hasta Santiago a una manifestación de Galicia Bilingüe en defensa de la libre elección de idioma. Grupos de separatistas nos hostigaron durante todo el recorrido, insultándonos e intentando agredirnos. Y en algunos casos lo consiguieron: un mamarracho agredió a puñetazos a un señor mayor que participaba en la manifestación de Galicia Bilingüe. Yo llegué al lugar justo cuando el señor acababa de ser agredido: tenía todo el ojo hinchado. La Policía también fue agredida por esos aprendices de terroristas. Unos años después fueron juzgados varios de los separatistas detenidos por las agresiones de aquel día. Los nacionalistas de AGE y del BNG, formaciones con diputados en el Parlamento, apoyaron sin rodeos a los violentos diciendo que, en realidad, les querían enjuiciar por “defender el gallego”. Es el mismo cinismo de quienes ahora llaman “hacer canciones” a las amenazas de muerte y la apología del terrorismo de un conocido rapero.

Te amenazan y te agreden, pero la víctima es la ‘radical’

La tercera anécdota es más reciente. Hablando un día con un amigo mío, que siempre ha sentido cierta simpatía por el nacionalismo, salió el tema de las amenazas de muerte y las agresiones sufridas por Gloria Lago a manos de independentistas, y todo por limitarse a pedir que los gallegos tengamos libertad de idioma. Sin mostrar ni la más mínima empatía por Gloria, mi amigo me vino a decir que “esa señora es muy radical”, y en ese momento le dije dos cosas: primero, que Gloria es amiga mía, y segunda, que yo opino como ella y de hecho soy socio de Galicia Bilingüe. Podría haberle añadido que estoy muy orgulloso de Gloria, pues es una valiente y una gran defensora de la libertad, pero ni siquiera me dio pie a ello. La reacción de mi amigo fue de tal estupor como si le hubiese dicho que tengo un amigo terrorista. Creo que aquel día me di cuenta, después de negarlo durante muchos años, de que es imposible razonar con un nacionalista.

La respuesta del separatismo a décadas de cesiones: un golpe de Estado

Durante muchos años, y con sorprendente insistencia, ciertos políticos y partidos han intentado convencernos a los españoles de que había un “nacionalismo moderado” con el que era posible y hasta deseable entenderse dentro del marco constitucional: bastaba con ceder un poquito, cada vez más, en cuestiones como la descentralización del Estado, la imposición lingüística, el adoctrinamiento nacionalista en los colegios, etc. Y efectivamente, esos políticos y partidos cedieron todo lo habido y por haber con el fin de que los nacionalistas se sintiesen cómodos en nuestro marco constitucional. ¿Y cómo ha respondido a esa claudicación el nacionalismo más mimado de todos, que ha sido con mucha diferencia el catalán? Pues en respuesta, el separatismo ha organizado un golpe de Estado con el que ahora pretenden someter por la fuerza a todos los catalanes, con el fin no sólo de que queden impunes los graves delitos de Puigdemont y sus secuaces, sino también de que el separatismo pueda saltarse la ley como le dé la gana, apropiándose de Cataluña como si fuese su cortijo particular. Lo que esta experiencia nos demuestra, una vez más, es que es estúpido intentar apaciguar a unos totalitarios, pues lejos de agradecer cualquier gesto cuyo fin sea acomodarles en el marco democrático, toda cesión la entienden como un signo de debilidad del que no dudan en aprovecharse.

Una ideología que funciona como las arenas movedizas

Sé que hay personas que leerán estas líneas y se sentirán injustamente tratadas. Seguramente mi amigo pensaría eso mismo si me lee. Ciertamente, hay personas que han ido asumiendo los planteamientos nacionalistas y se han ido sumergiendo en esa ideología sin darse cuenta de que son como arenas movedizas: tienes que luchar mucho para permanecer a flote, y al final la tendencia es dejarse llevar por el entorno. Hay que pensar que el nacionalismo es una ideología irracional y sentimentalista: acaba sustituyendo la razón y la lógica por la visceralidad. Para el nacionalismo, las cosas tienen que ser como él dicta porque sí. En el terreno de las ideologías, el nacionalismo es como un niño caprichoso que no admite que nadie le diga que no a sus exigencias. Y como ocurre con los niños, la peor forma de educar a uno es darle todo lo que pide. Lo que consigues con ello es malcriarlo. Y eso es exactamente lo que han conseguido nuestros políticos constitucionalistas con el nacionalismo, y a pesar de ello siguen erre que erre.

Hablaban de ‘nacionalismo moderado’ pero todos los patriotas eran ‘fachas’

Lo más curioso es que mientras muchos de esos políticos hacían enormes esfuerzos por acomodar a los separatistas, al mismo tiempo no cesaban de estigmatizar a los patriotas, y me refiero con esta bella palabra a los muchísimos españoles que amamos a España y no deseamos verla rota. Mientras hablaban de “nacionalismos moderados”, esos políticos colgaban sambenitos de “facha” a todo el que se limitaba a lucir la bandera de España. Entre los patriotas no veían matices ni escalas: todos éramos, sin más, unos “fascistas”. Pero finalmente la realidad se ha impuesto, y tanto el separatismo catalán con sus acciones, como los demás separatismos al salir en su apoyo, se están encargando de demostrar el verdadero carácter del nacionalismo. Ahora queda en evidencia que los verdaderos fascistas eran ésos a los que estaban blanqueando ciertos políticos: gente capaz de justificar y promover la violencia si resulta conveniente para sus tesis nacionalistas, gente capaz de lanzar abiertamente una rebelión contra el Estado de Derecho. Lo que me pregunto es si algunos caerán de la burra incluso con lo que está ocurriendo: ¿les ha llegado con engordar al monstruo nacionalista durante décadas, o quieren todavía más?

(Foto: Efe)

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Comentarios (Blog):

  1. Basfi

    Siempre fue un eufemismo denominarse ‘nacionalistas’. Son independentistas xenófobos.

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