La ministra de Igualdad pisotea tres artículos constitucionales para atacar a Vox

¿Irene Montero piensa obligar a los hijos de los diputados de Vox a aceptar la poligamia?

La ministra de Igualdad, la podemita Irene Montero, parece empeñada en exhibir su pobreza intelectual cada vez que habla. Ayer lo hizo con una declaración chulesca y disparatada.

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Quiere obligar a los demás a aceptar como “familia” cualquier relación amorosa

El vídeo de esas palabras lo publicó el grupo parlamentario de Vox en su cuenta de Twitter, pues la declaración de Montero iba dirigida a los cargos electos de ese partido. Concretamente, en un tono autoritario la podemita dijo: “Mientras yo sea ministra también los hijos y las hijas de los diputados y diputadas de Vox van a saber que en este país hay tantas formas de familia como formas de amar, y se lo digo con mucha tranquilidad pero con mucha contundencia. Los que se entrometen en los lechos de las personas y dificultan que haya muchas personas que sientan legítimas sus formas de amar y sus formas de vivir, sus vidas, son ustedes, y creo que frente a eso hay que ser completamente riguroso y completamente intolerante ante su intento de decirnos a las personas cómo tenemos que vivir o cómo tenemos que amar”.

¿Piensa obligar a los niños a admitir como legítimos la poligamia y el incesto?

Francamente, pocas veces se habían pronunciado tantas majaderías juntas en una misma intervención en el Congreso. Para empezar, esta señora debería pararse a pensar un poco en las consecuencias de sus palabras, porque la demagogia la carga el diablo. Y es que si Montero cree que toda forma de amar es legítima, y que toda forma de amar convierte una relación en familia, entonces en su saco cabrán cosas como la poligamia o el incesto, e incluso cosas aún peores como la pedofilia. Hace ya tiempo que en el mundillo progresista se da por buena toda relación siempre que se haga con la excusa del “amor”, y no es así. No todas las relaciones amorosas son familia, y no todas son ética ni moralmente equiparables, se ponga como se ponga doña Irene.

Montero pisotea tres artículos constitucionales con su intervención

Dicho sea de paso, no he escuchado nunca a nadie de Vox diciéndole a otros con quiénes pueden acostarse o con quiénes no, más allá de lo que dicta la ley, pero Montero hace algo peor que entrometerse en lechos ajenos: entrometerse en la conciencia de los demás, que es un espacio aún más íntimo. Lo que esa señora pretende es dictarles a los niños cómo deben pensar y lo que deben opinar sobre cualquier relación amorosa, con independencia de que sea legítima o no. Ha estado acertada doña Irene al presumir de “intolerante” en su soflama, aunque más acertada habría estado si hubiese presumido de totalitaria, porque ése es el adjetivo más adecuado para una ministra que pretende asaltar las conciencias de los demás, pisoteando derechos tan elementales como la libertad de ideas y de pensamiento y la libertad de los padres para elegir la formación moral que desean para sus hijos, derechos que protege la Constitución Española en sus Artículos 16, 20 y 27. Ya sólo por esto debería ser cesada de inmediato.

La izquierda llama “tolerancia” a su radical intolerancia al que discrepa de ella

Para terminar, toda persona tiene derecho a considerar que determinadas relaciones amorosas no son legítimas. Por ejemplo, en nuestra sociedad relaciones como la poligamia y el adulterio cuentan con un amplio rechazo. Así mismo, que una persona tenga derecho a relacionarse afectivamente con otras personas adultas no significa que los demás estemos obligados a aprobar su relación. En una sociedad libre es totalmente legítimo no aprobar determinadas formas de amar ni determinados tipos de relación, y el Estado no tiene ningún derecho a imponerle a nadie la obligación de equipararlas moralmente, de igual forma que el Estado tampoco tiene derecho a obligar a nadie a aprobar las creencias religiosas o las opiniones políticas de los demás.

Dicho sea de otra forma más vulgar, para que lo entiendan incluso personas con el nivel intelectual de la ministra de Igualdad: yo no me meto en tu cama, pero tú no pretendas obligarme a aplaudir lo que tú hagas en ella. Y si alguien cree que la tolerancia implica obligar a los demás a aprobar y aplaudir cualquier tipo de relación amorosa o cualquier estilo de vida, tal vez el problema sea que algunos confunden la tolerancia con la imposición de su ideología a los demás, es decir, con la intolerancia al que discrepa de sus opiniones. Una confusión que se da muchísimo en la izquierda y en la extrema izquierda, que son precisamente las que más presumen de tolerantes y, al mismo tiempo, las que más intolerancia exhiben.

Foto: Efe.

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Comentarios (Blog):

  1. Luis Carlos

    Ya lo he dicho varias veces, pero por si alguien no lo ha leído todavía.

    Una persona realmente culta e inteligente no presume de ello, sino que lo demuestra compartiendo sus conocimientos, aunque a veces esto le hace quedar como un pelín repelente.

    No se puede confiar en nadie que aunque presuma mucho de ser un defensor de la libertad se dedica a intentar pisotear la dignidad del que ose contrariarle, recurriendo a la burla y el insulto como una forma de castigo para imponer su autoridad.

    Ni tampoco te fíes del que quiera libertad pero ninguna responsabilidad, o cuya receta para arreglar los problemas es darle más poder de control al estado para resolverlo todo a base de nuevas normativas, leyes y regulaciones, porque no confía en que el ciudadano libre por propia voluntad e iniciativa actúe de forma honrada y responsable.

    Algunos dicen que los españoles no vamos a reaccionar frente a la amenaza de la izquierda totalitaria hasta que sea demasiado tarde, pero a mi me parece que estos ya están consiguiendo cabrear, por lo menos, a los padres, entre otras cosas por sus malas maneras. Estos se creen que con etiquetar con facha al que no trague sus dogmas ya se van a meter a los demás en el bolsillo y no se enteran de que nos estamos pitorreando del apelativo.

  2. Luis A. Recinos

    Una vez más se puede ver en la práctica, la aplicación del concepto Marcusiano de “Tolerancia Represiva”: Hay que ser tolerante con todo lo que venga de la izquierda, y totalmente intolerante con lo que venga de la derecha.

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