Murió cuando era conducido al campo de concentración de Dachau en 1943

Lichtenberg: un mártir católico detenido por los nazis por denunciar la eutanasia

La cultura de la muerte no es un fenómeno nuevo en la historia. Ya empezó hace muchos años, y se topó en el siglo XX con la oposición de grandes personas.

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Un sacerdote católico en el Berlín dominado por los nazis

Bernhard Lichtenberg nació el 3 de diciembre de 1875 en Ohlau, en Silesia, Alemania (hoy Oława, Polonia), en el seno de una familia católica. Fue el segundo de cinco hijos de August Lichtenberg y Emilie Hubrich. Tras estudiar en la Escuela Secundaria Clásica de Ohlau, cursó estudios de Teología en las universidades de Innsbruck y Breslavia, siendo ordenado sacerdote el 21 de junio de 1899 por el cardenal Kopp. En 1933, cuando los nazis llegaron al poder en Alemania, Bernhard ya tenía 57 años y era párroco de la Catedral de Santa Eduvigis de Berlín. En 1938 era el segundo cargo eclesiástico de la diócesis de Berlín, sin otra autoridad por encima de él que el obispo. Desde ese puesto se dedicó de velar por los católicos no arios que estaban siendo perseguidos por el Tercer Reich por motivos raciales.

Sus oraciones públicas por los judíos y por los demás perseguidos

En noviembre de 1938, tras la Noche de los Cristales Rotos (en la que fueron atacados e incendiados templos, hogares y negocios judíos en toda Alemania), Bernhard empezó a rezar públicamente todos los días por los judíos y por los cristianos no arios, así como por todos aquellos que estaban siendo sometidos a persecución. Su actitud le llevó a ser señalado por las SS nazis en 1940 como un luchador fanático de la causa católica y un oponente fanático del nacional-socialismo, al que consideraba una herejía.

La denuncia de la eutanasia por el obispo Von Galen

En el verano de 1941, August Graf von Galen, Obispo de Münster y conocido opositor al nazismo, protagonizó valientes sermones en público denunciando las prácticas criminales de la dictadura de Hitler. El 3 de agosto de 1941, Von Galen hizo un valiente sermón denunciando las prácticas de eutanasia del régimen nazi, calificándolas de asesinato y criticando el utilitarismo materialista con el que el nacional-socialismo justificaba esa monstruosidad: “Ellos son personas, nuestros hermanos y hermanas, tal vez su vida no sea productiva, pero la productividad no es una justificación para matar. Si así lo fuera, todo el mundo temería inclusive acudir al doctor. El tejido social se vería afectado. Un régimen que puede salirse con la suya rompiendo el quinto mandamiento, puede destruir asimismo los otros mandamientos”.

La protesta de Bernhard contra la eutanasia que provocó su detención

Siguiendo el ejemplo de Von Galen, el 26 de agosto de 1941, Bernhard protestó en público contra la eutanasia de discapacitados físicos y mentales en Alemania: “mi alma sacerdotal está agobiada por mi complicidad en estos crímenes contra la moral y el derecho público. Aunque soy sólo una persona, todavía exijo, como ser humano, como cristiano, sacerdote y ciudadano alemán, una rendición de cuentas de usted, Sr. Líder Médico del Reich, por los crímenes que se están perpetrando bajo sus órdenes o con sus aprobación y que están provocando al Señor de la Vida y la Muerte para vengarse de la nación alemana”.

Para el 26 de octubre de 1941 Bernhard había preparado un sermón denunciando un panfleto antisemita distribuido por el Partido Nazi. Nunca pudo pronunciar ese sermón desde el púlpito: el 23 de octubre fue detenido por la Gestapo, acusado de actividades subversivas. Primero fue enviado a la prisión de Tegel, en Berlín, donde en una visita, el obispo de la ciudad, Konrad von Preysing, pudo entregarle una carta de apoyo enviada por el Papa Pío XII.

Pidió acompañar a los judíos: murió de camino a Dachau

Condenado a dos años de internamiento, Bernhard pidió poder acompañar a los judíos para darles apoyo. Se ordenó su traslado al campo de concentración de Dachau. Durante su transporte a ese lugar, fue hospitalizado en Hof, Baviera, a causa de su mala condición física, que se había visto agravada por la nutrición inadecuada en su estancia en prisión. Murió allí el 5 de noviembre de 1943, a causa de una neumonía. Su cadáver fue llevado a Berlín, donde fue enterrado en el cementerio de la Catedral de Santa Eudivigis el 16 de noviembre. Más de 4.000 personas asistieron a su funeral.

El Papa San Juan Pablo II beatificó a Bernhard Lichtenberg como mártir en Berlín el 23 de junio de 1996. En 2004 el Yad Vashem de Israel le declaró Justo entre las Naciones. En su estancia en prisión escribió algunas notas. Termino estas líneas con lo que decía en una de ellas:

“Alma mía, al despertar por la mañana comienza diciéndote a ti misma lenta y pensativamente: « Hoy quiero examinar todo a la luz de la eternidad, todo lo que me sucede, lo que me alegr  y lo que me apena, lo que me anima y lo que me oprime». Tal vez tendré ciertamente, dentro de algunas semanas que imponerme un segundo propósito, ya que me he percatado de cuál es mi problema: la impaciencia. En el futuro, después de mi primer propósito diré lenta y pensativamente: «Hoy quiero dominar mi alma con mi paciencia ». Sé que perderé mil veces la paciencia, pero renovaré siempre el propósito de la pa­ciencia”.

Beato Bernhard Lichtenberg, ruega por nosotros.

Imagen principal: Archivo Diocesano de Berlín.

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  1. Luis A. Recinos

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