El contacto con el agua salada siempre han sido una fuente de problemas para el mantenimiento de los aviones navales.
Estos aviones sufren los efectos de la corrosión en mayor medida que los cazas basados en tierra, si exceptuamos los que están en bases costeras. Con todo, hay aviones que sufren los efectos del contacto con el mar de forma más acentuada que otros: es el caso del F-35C, la versión naval del caza furtivo de Lockheed Martin para los grandes portaaviones CATOBAR de la Marina de Estados Unidos.
Las primeras imágenes del mal aspecto de algunos F-35C tras largos despliegues en alta mar empezaron a difundirse en 2021, a pesar de los esfuerzos de la Marina de EEUU por mostrar abiertamente estos aviones. Esta foto fue tomada el 13 de diciembre de 2021 (y publicada dos días después) en la cubierta de vuelo del portaaviones USS Carl Vinson (CVN 70) cuando navegaba por el Océano Índico. El avión pertenece al Strike Fighter Squadron (VFA) 147 "Argonauts" y dejaba ver una gran marcha marrón en su parte superior y manchas más pequeñas en el lado de babor de la carlinga.
Unas semanas después, el 19 de enero de 2022, la Marina de EEUU publicó esta foto de tres F-35C deñ VFA-147 a bordo del USS Carl Vinson, una imagen tomada cuatro días antes. Fue una foto muy comentada en las redes sociales debido a las manchas marrones que mostraban los aviones en su dorso y sus alas. Hay que señalar que el F-35C está recubierto por un material absorbente de radar (RAM) cuya composición es secreta, aunque se cree que el hierro es uno de sus componentes.
A diferencia de los F-35C, otros aviones, como estos dos Super Hornets (el F/A-18E es del Strike Fighter Squadron (VFA) 192 "Golden Dragons" y el F/A-18F es del Strike Fighter Squadron (VFA) 2 "Bounty Hunters") que fueron fotografiados el 15 de enero de 2022 en el mismo portaaviones, no mostraban esas manchas marrones ni ningún tipo de óxido, a pesar de ser aviones más viejos. Hay que señalar que el problema continúa. Las fotos que podéis ver a continuación han sido tomadas en 2025, y las más recientes son de este mes de julio, también a bordo del USS Carl Vinson.
Sobre la posibilidad de que esto afecte a la firma de radar del avión, en marzo de 2008 Lockheed Martin afirmó haber hecho pruebas simulando 600 horas de vuelo en operaciones de aeronaves militares, señalando: "Las mediciones de la RCS [sección transversal de radar] realizadas después del daño mostraron que la firma de sigilo permaneció intacta". No obstante, hay que señalar que esas pruebas se hicieron antes de que un F-35 se embarcase por primera vez en un portaaeronaves.
El 8 de mayo de 2025, la Oficina del Programa Conjunto F-35 (JPO) reconoció la decoloración en los fuselajes de F-35C como un efecto de despliegues largos a bordo de portaaviones, señalando:
"Gran parte de lo que el público percibe como daños, como la decoloración en los aviones que regresan de sus despliegues, no representa una aeronave degradada. Durante los despliegues a bordo, los aviones suelen experimentar decoloración del recubrimiento debido al duro entorno marítimo. Entre los factores que contribuyen a esta decoloración se incluyen la exposición frecuente al agua de mar, la contaminación por grasa, aceite y otros fluidos, así como la proximidad a la ráfaga del avión y el lavado del rotor.
Si bien puede parecer grave, estas marcas no indican una pérdida de la integridad del recubrimiento ni de su rendimiento furtivo. La decoloración se limita al recubrimiento y no afecta la estructura de la aeronave".
La JPO señalana que "ha desarrollado e introducido un nuevo recubrimiento para aeronaves diseñado para reducir significativamente o eliminar la decoloración, mejorar la durabilidad y prolongar su vida útil. En los próximos años, este nuevo recubrimiento se aplicará a las aeronaves en servicio como parte del mantenimiento rutinario, de forma similar a como se restauran los recubrimientos en los aviones comerciales y militares. Proporcionará una mayor protección contra el desgaste operativo y forma parte de una serie más amplia de mejoras que respaldan la estrategia de sostenibilidad adaptativa a largo plazo del programa".
Así mismo, la JPO reconoció cómo la corrosión puede afectar al recubrimiento del F-35C: "La corrosión no se manifiesta con alarmas intermitentes ni fallos inmediatos del sistema; actúa de forma silenciosa y gradual, a menudo oculta bajo revestimientos o escondida en costuras, juntas y fijaciones. El complejo fuselaje del F-35, fabricado con una mezcla de compuestos de aluminio, titanio y compuestos de carbono, ofrece enormes ventajas de rendimiento, pero también conlleva el riesgo de corrosión galvánica cuando estos metales diferentes interactúan en entornos húmedos y salinos".
Aunque la JPO ha implementado medidas para combatir la corrosión, también ha reconocido lo siguiente: "Esto no siempre fue así. Durante varios años, el JPO del F-35 operó sin un marco de gestión de la corrosión completamente desarrollado. Esto dejó a los mantenedores y a las cuadrillas de depósito intentando recuperarse a medida que la flota maduraba. Hoy, estos equipos, con el apoyo de una creciente base de ingenieros y otros expertos, están poniendo cada avión a la altura de los estándares y mejorando la cadena de suministro de consumibles, garantizando la disponibilidad a largo plazo y la capacidad de misión".
Obviamente, las nuevas tecnologías siempre implican nuevos retos y nuevos problemas. De hecho, el proceso de desarrollo de un avión de combate nunca termina en el momento en el que se inicia su vida operativa, sino que se va desarrollando para solucionar los problemas imprevistos que van surgiendo. El F-35 no iba a ser un caso excepcional, pero lo que lo distingue es que es una suma de avances tecnológicos que ha supuesto un gran salto en la aviación militar.
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Fotos: U.S. Navy.
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Comentarios:
isanchezgil
El problema, creo, es que una cosa son las simulaciones de ordenador, y otra muy distinta enfrentarse a la intemperie, el viento, las partículas en suspensión y el agua, además salada.
12:35 | 1/08/25
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