Occidente está viviendo una lamentable ola de antisemitismo que está volviendo a poner al pueblo judío en la diana de unos fanáticos.
Esa ola de antisemitismo está siendo promovida principalmente por la extrema izquierda y el islamismo, pero algunos cristianos también han caído en ese odio abiertamente anticristiano. Como cristiano me avergüenza especialmente ver a otros cristianos, y por ello hoy, el día que la Iglesia Católica dedica a San Juan Pablo II, quiero recordar la visita del Papa polaco a Israel en marzo de 2000, hace 25 años.
Karol Wojtyła fue el segundo papa que visitó Israel: Pablo VI ya había visitado ese país en 1964. Además, San Juan Pablo II fue el primer papa que visitó el Yad Vashem, el Centro Mundial de Conmemoración del Holocausto, ubicado en Jerusalén. Además, durante su pontificado, en 1994, el Vaticano e Israel establecieron relaciones diplomáticas, estableciendo un nuncio apostólico en Tel Aviv y una embajada de Israel en la Santa Sede. Fue un acercamiento que contribuyó a sanar siglos de heridas entre católicos y judíos.
Como ya expliqué aquí hace dos años, San Juan Pablo II fue muy firme en su condena del antisemitismo. El 23 de marzo de 2000, en su discurso en el Yad Vashem, el Papa polaco afirmó:
"Deseamos recordar. Pero deseamos recordar con una finalidad, a saber, para asegurar que no prevalezca nunca más el mal, como sucedió con millones de víctimas inocentes del nazismo.
¿Cómo pudo sentir el hombre un desprecio tan hondo por el hombre? Porque había llegado hasta el punto de despreciar a Dios. Sólo una ideología sin Dios podía planear y llevar a cabo el exterminio de un pueblo entero.
El honor que el Estado de Israel ha tributado a los "gentiles justos" en el Yad Vashem por haberse comportado heroicamente para salvar a judíos, a veces hasta el punto de dar su vida, es un reconocimiento de que ni siquiera en la hora más oscura se extinguieron todas las luces. Por eso los Salmos, y toda la Biblia, aunque son conscientes de la capacidad humana de hacer el mal, también proclaman que el mal no tendrá la última palabra. Desde el abismo del dolor y el sufrimiento, el corazón del creyente grita: "Yo confío en ti, Señor, te digo: "¡Tú eres mi Dios!"" (Sal 31, 14).
Judíos y cristianos comparten un inmenso patrimonio espiritual, que deriva de la autorrevelación de Dios. Nuestras enseñanzas religiosas y nuestra experiencia espiritual exigen que venzamos el mal con el bien. Recordamos, pero no con deseo de venganza o como un incentivo al odio. Para nosotros, recordar significa orar por la paz y la justicia, y comprometernos por su causa. Sólo un mundo en paz, con justicia para todos, puede evitar que se repitan los errores y los terribles crímenes del pasado.
Como Obispo de Roma y Sucesor del apóstol Pedro, aseguro al pueblo judío que la Iglesia católica, motivada por la ley evangélica de la verdad y el amor, y no por consideraciones políticas, se siente profundamente afligida por el odio, los actos de persecución y las manifestaciones de antisemitismo dirigidos contra los judíos por cristianos en todos los tiempos y lugares. La Iglesia rechaza cualquier forma de racismo como una negación de la imagen del Creador inherente a todo ser humano (cf. Gn 1, 26)".
Tres días después, el 26 de marzo de 2000, San Juan Pablo II visitó el Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado del Judaísmo y un vestigio del Segundo Templo de Jerusalén, destruido en el año 70 después de Cristo por orden del emperador romano Tito. El Papa polaco dejó una nota en inglés en el Muro con el siguiente texto:
Dios de nuestros padres,
tú elegiste a Abraham y a su descendencia
para llevar tu Nombre a las Naciones:
nos entristece profundamente
el comportamiento de quienes,
a lo largo de la historia,
han causado sufrimiento a estos hijos tuyos,
y, pidiendo tu perdón, queremos comprometernos
en una auténtica fraternidad
con el pueblo de la Alianza.Jerusalén, 26 de marzo de 2000
Joannes Paulus II
En este día que la Iglesia Católica dedica al Papa polaco, pido la intercesión de San Juan Pablo II para que Dios ayude a judíos y cristianos a mantener y fortalecer sus lazos de hermandad y a no permitir nunca que esos lazos se corrompan por el odio.
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Foto: Yad Vashem. San Juan Pablo II depositando una nota en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén el 26 de marzo de 2000, durante su visita a Israel.
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Comentarios:
isanchezgil
Qué hermosa la alusión a los dos primeros versos del De Profundis del Salmista!
La Iglesia Católica, desde sus primeros momentos asumió los libros del Antiguo Testamento y su Dios (Yahvé) como origen e inicio de nuestra religión cristiana, base de nuestra civilización, a la que siempre se ha llamado con justeza judeo-cristiana.
Recordar también que, a lo largo de muchos siglos, los cristianos justificaban el origen religioso de nuestra civilización con una bella frase: «somos enanos a hombros de gigantes». San Juan Pablo II sigue esta hermosa tradición, con el reconocimiento del compromiso fraternal con el pueblo de la Alianza.
Que así sea, por los siglos de los siglos.
22:30 | 22/10/25
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