Desde hace muchos años, España viene sufriendo una leyenda negra que ha distorsionado su historia, convirtiéndola en una caricatura.
Esa leyenda negra se ha cebado especialmente con episodios como el descubrimiento y la conquista de América, como ya denuncié aquí y aquí. El origen de esa leyenda negra se remonta a la rivalidad de España con otras potencias europeas como Inglaterra, Francia y Países Bajos. Deformar la realidad histórica de un país rival era una forma de propaganda muy habitual. Las pugnas religiosas entre católicos y protestantes también alimentaron esa leyenda negra, puesto que España era una de las más importantes naciones del la esfera católica.
Todavía en la actualidad, esa leyenda negra sigue siendo alimentada por la extrema izquierda, que promueve un discurso abiertamente hispanófobo por motivos ideológicos, entre los que cabe citar el odio al catolicismo y a Occidente. Esa hostilidad a España lleva a muchos extremistas de izquierdas a afirmar los tópicos más absurdos sobre España e incluso acusaciones falsas como el bulo del "genocidio" español en América. Afortunadamente, esa leyenda negra está perdiendo cada vez más credibilidad, en gran medida por la rigurosa labor desarrollada por muchos autores españoles y de otros países para desmentir ese manojo de mentiras, propaganda y tópicos.
Por supuesto, la necesidad de desmentir esa leyenda negra no implica negar que los españoles hayan cometido errores, como si España fuese una nación de seres de luz en la que todo lo malo que podamos encontrar se deba atribuir a influencias extranjeras. Tan falsa es la leyenda negra como la leyenda rosa. Ambas incurren en el mismo error: abordar la historia de España con unos filtros ideológicos que tergiversan hechos históricos para ajustarlos a un determinado discurso, a menudo con ciertas connotaciones políticas.
España, como otras naciones, cometió aciertos y errores. Desde luego, nuestro pasado tiene aciertos de los que debemos estar orgullosos y que debemos reivindicar sin complejos, pero eso no nos debe impedir reconocer lo que se hizo mal y evitar ciertos tópicos, que a menudo sirven para simplificar la historia, cuando en realidad suele ser más bien compleja. Ciertamente, el papel de España en América fue muy meritorio, especialmente comparado con otras naciones, como queda patente en el hecho de que en la antigua América española hoy hay una diversidad racial que no existe en las antiguas colonias británicas.
No obstante, sería ridículo no reconocer méritos a otros países. Uno de los ejemplos de ello es el tema de la esclavitud. Es cierto que ya en el siglo XVI España prohibió convertir a los indígenas de América en esclavos, pero también es cierto que España fue el último país europeo en abolir la esclavitud en sus territorios americanos (fue abolida en 1873 en Puerto Rico y en 1886 en Cuba). El Reino Unido había declarado libres a todos sus esclavos en 1834 (gracias a la insistente campaña de William Wilberforce). Francia la había abolido definitivamente en 1848 y Portugal la había erradicado por completo en 1869.
Otro tópico habitual consiste en establecer dinastías buenas y malas, un discurso que muchos españoles han asumido sin más, refiriéndode a los Habsburgo (conocidos como los "Austrias" en España) como los buenos y a los Borbones como los malos. Ciertamente, el Siglo de Oro español coincidió con la dinastía Habsburgo, pero no todo es tan simple como algunos lo pintan. Las quiebras de las haciendas reales fueron un fenómeno recurrente en los Habsburgo españoles, en gran medida por las grandes deudas que generaban las frecuentes guerras en las que la Monarquía Hispánica se veían implicada.
A pesar de las muchas críticas que recibe, la dinastía borbónica introdujo en España importantes reformas económicas y territoriales para modernizar el país, acabando con viejos privilegios territoriales (con excepciones como Navarra y las provincias vascas), estableciendo un Estado más centralizado y moderno y profesionalizando las Fuerzas Armadas. En este periodo una figura es especialmente destacable y que merece un puesto de honor en nuestra historia: el Rey Carlos III, uno de los mejores monarcas que ha tenido España, cuyas reformas ayudaron a modernizar el país, recuperando su prestigio, y que nos legó dos de nuestros actuales símbolos nacionales: la bandera y el himno.
Por supuesto, no todos los Borbones fueron buenos (ni malos), como tampoco fueron buenos (ni malos) todos los Habsburgos españoles. Hubo reyes que heredaron una situación desastrosa y que se dejaron rodear de nefastos cortesanos, y otros que obraron con más acierto y que tuvieron circunstancias más venturosas.
Sé que hay jóvenes leyendo este blog, jóvenes que sienten amor por España y que están hartos de tanta leyenda negra y de su uso torticero con fines políticos en la actualidad. A esos jóvenes les animo a leer y estudiar nuestra historia, contrastando distintas fuentes y sacando sus conclusiones, pero recordando en todo momento que tan falsa es la leyenda negra como la leyenda rosa.
Todos los países tienen una historia de aciertos y errores: debemos reivindicar los primeros y conocer y admitir los segundos para evitar que se repitan, recordando siempre que ser de un determinado país no te da la razón, y que la mejor forma de amar a tu Patria no es justificar todo lo que algunos han hecho o hacen en su nombre, sino siendo exigente con ella, honrándola con tus actos, evitando utilizar su nombre para encubrir malas obras y persiguiendo, en fin, la verdadera grandeza, que consiste en buscar la excelencia para tu país.
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Imagen principal: cuadro "Rocroi. El último tercio" de Augusto Ferrer-Dalmau.
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Comentarios:
isanchezgil
Señalar algo muy importante que no se debe hacer: juzgar las épocas históricas con la mentalidad actual. A ello han contribuido mucho las novelas de fondo histórico, muy extendidas y apreciadas, que habitualmente te meten unos bulos enormes, sobre todo los que se refieren a las mujeres (heroinas medievales que son líderes femeninos, tipicamente woke), o a los variados «genocidios» que han existido, desde la conquista del Mare Nostrum por Roma y de ahí en adelante. Los sucesos de cada época se deben a la compleja mentalidad de dicha época, no a las interpretaciones que se hacen a posteriori, varios siglos después.
Una cosa más: que si los jóvenes quieren entender la «pulítica» de nuestra actualidad. se lean los Episodios Nacionales de Pérez Galdós, para empezar. Dan mucho que pensar si se lee mirando al hoy.
22:09 | 27/12/25
Lunaa
Acercarse a l historia requiere siempre contemplar que existe una historiografía determinada en quienes la exponen, una visión desde una perspectiva más o menos ( más más que menos) intencionada. De una historiografía sale la leyenda negra y de otra la rosa.
Hay algunos que la exponen abiertamente, para los marxistas, la historia es «el relato de la explotación del hombre por el hombre», por poner un ejemplo que nos deja muy claras las intenciones que pueda haber en su exposición. Personalmente, no puedo comprender que se estudie así y veo en esta definición una tautología evidente: Es requisito que para que las cosas sucedan, el hombre explote al hombre, que a la que juntes dos ya se dé este fenómeno, o se nos caen los palos del sombrajo. Y esto es contrario a la intención de justicia, algo innato en los humanos… Aunque luego fracase.
Mirad siempre qué pretende justificarse con el relato del historiador y encontraréis sus intenciones, los sesgos y objetividad que pueda tener. Cuando todo eso sea absolutamente confuso, sin citar fuentes, insólito y muy pintoresco, estáis ante un memo que quiere likes y monetización de YouTube, ante una IA o ante alguien que sabe mucho menos de lo que cree.
El historiador serio reconoce a veces que no se sabe parte de lo que cuenta, que se ha perdido documentación al respecto, que hay varias formas de interpretar un hecho o la intención de personas que intervienen en dicha historia, no busca convencernos sobre doctrinas políticas, da una dimensión y escala bien proporcionadas de hechos e interpretaciones, sin sacarlos de contexto o buscar sólo los de » un bando».
Sirva el ejemplo de la leyenda negra sobre las Américas, o sobre la Iglesia para intuir y empezar a buscar a sus primas hermanas, la leyendas urbanas que nos están construyendo ultraderechas, feminismos y machismos, paradójicas » superioridades morales», » justicia social» [sic, por distributiva] de leyes que esconden troyanos, como las de alquiler…
Veremos que la leyenda negra no ha hecho más que empezar, llegaremos a la «pos verdad», a la cursilada que los periodistas llaman » el relato», a Televisión Espantosa y otros pseudo medios… No sé de qué color sea está historia cuando no la perdemos de vista. Quizá parda por lo muy desagradable de su realidad.
14:01 | 28/12/25
FaramirGL
Lo de la «leyenda rosa» me parece la misma clase de majadería que la Leyenda Negra.
No conozco NI UNA SOLA PERSONA que crea que durante la Monarquía Hispánica no hubo abusos, delitos y crímenes, mañas decisiones y maldad.
NI UNA.
Los ÚNICOS que creen en la existencia de la «leyenda rosa» son los mismos que creen en la Leyenda Negra y la difunden.
18:19 | 28/12/25
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