J.R.R. Tolkien fue uno de los más grandes escritores del siglo XX y su gran obra, "El Señor de los Anillos", es mundialmente famosa.
Publicada en 1954, esa obra ha sido objeto de numerosas interpretaciones de carácter político y religioso. Algunas de ellas relacionaban los hechos relatados en el libro con la Primera Guerra Mundial (un conflicto cruento en el que Tolkien combatió y resultó herido), con la Segunda Guerra Mundial y con la Guerra Fría. En realidad, el escritor británico detestaba las alegorías. Ése fue, de hecho, el principal motivo por el que nunca la gustaron "Las crónicas de Narnia", la popular saga escrita por su gran amigo C.S. Lewis.
En línea con esa opinión, Tolkien siempre rechazó toda interpretación alegórica de su obra. En junio de 1955 escribió una carta al diario estadounidense The New York Times en el que abordaba este punto. Esta carta figura en el libro "The Letters of J. R. R. Tolkien", editado por su biógrafo, Humphrey Carpenter, y publicado por George Allen & Unwin en 1981, ocho años después de la muerte del escritor. En la carta, Tolkien explicaba lo siguiente sobre el posible mensaje político o religioso de "El Señor de los Anillos":
"No trata de nada más que de sí mismo. Ciertamente, carece de intenciones alegóricas, ya sean generales, particulares, temáticas, morales, religiosas o políticas. La única crítica que me molestó fue la de que «no contenía religión» (ni «mujeres», pero eso no importa y, de todos modos, no es cierto). Es un mundo monoteísta de «teología natural». El hecho curioso de que no haya iglesias, templos ni ritos o ceremonias religiosas forma parte simplemente del contexto histórico que se describe. Se explicará suficientemente si (como ahora parece probable) se publican El Silmarillion y otras leyendas de la Primera y la Segunda Edad. Yo mismo soy cristiano; pero la «Tercera Edad» no era un mundo cristiano".
En el párrafo anterior de esa carta, Tolkien confesaba: "Para mí, en cualquier caso, se trata principalmente de un ensayo de «estética lingüística», como suelo decir a quienes me preguntan «¿de qué trata?»". De hecho, Tolkien fue el más renombrado filólogo de su época. Tenía pasión por las lenguas, y eso lo plasmó en los distintos idiomas que creó para su obra, especialmente en el quennya y el sindarin, los dos grandes idiomas de los elfos. Tolkien desarrolló estas lenguas con un gran cuidado, partiendo de idiomas reales (el finés y el latín en el caso del quenya y el galés en el caso del sindarin).
Obviamente, "El Señor de los Anillos" no es una obra sin valores. Habla sobre un mundo en el que el honor, la amistad, la lealtad, el espíritu de sacrificio y el compromiso tenían una gran importancia. Tolkien era un ferviente católico y sus valores cristianos se proyectaron en su obra, pero sin afán de hacer proselitismo. Así mismo, tenía ideas conservadoras y fue muy crítico con el nazismo y el comunismo, pero no quiso crear una obra política o religiosa, sino una gran obra mitológica, pues era un gran apasionado de la mitología germánica. Con su obra quiso crear una mitología para Inglaterra. En esa misma carta señalaba:
"«Tierra Media» no es el nombre de un país de ensueño sin relación con el mundo en que vivimos (como el Mercurio de Eddison). Es simplemente un uso del inglés medio middel-erde (o erthe), modificado del inglés antiguo Middangeard: el nombre de las tierras habitadas por los Hombres «entre los mares». Y aunque no he intentado relacionar la forma de las montañas y las masas de tierra con lo que los geólogos puedan decir o conjeturar sobre el pasado más reciente, imaginativamente esta «historia» se supone que tiene lugar en un período del Viejo Mundo real de este planeta".
Que no fuese una obra alegórica no significa que hubiese temas ante los que Tolkien mostraba una cierta inclinación, algo que se ve en muchos momentos de su obra, como por ejemplo lo relativo a los Ents y al bosque de Fangorn, y el maltrato al que fueron sometidos por el mago Saruman. En esa misma carta Tolkien señalaba:
"Por supuesto, hay ciertas cosas y temas que me conmueven especialmente. Las interrelaciones entre lo «noble» y lo «simple» (o común, vulgar), por ejemplo. El ennoblecimiento de lo innoble me resulta particularmente conmovedor. Estoy (obviamente) muy enamorado de las plantas y, sobre todo, de los árboles, y siempre lo he estado; Y me resulta tan difícil de soportar el maltrato humano hacia ellos como a algunos les resulta difícil soportar el maltrato animal".
A pesar de las palabras de Tolkien, hoy sigue habiendo personas que tratan de ver en esa obra alegorías políticas o religiosos, tanto para utilizarla con esos fines como para descalificarla por el hecho de no compartir esas interpretaciones que algunos hacen. Espero que este artículo sirva para arrojar luz al respecto.
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Foto: Haywood Magee/Picture Post/Hulton Archive. J.R.R. Tolkien fumando su pipa en su estudio del Merton College, en Oxford, Inglaterra, el 2 de diciembre de 1955.
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Comentarios:
isanchezgil
Es claro que Tolkien dejó por escrito cuál era su intención al crear la espléndida novela por la que es famoso, además de todas sus pre- y post- adiciones. En toda su obra se observa su amor a las lenguas y su estudio de las mismas, los valores tradicionales que la informan, y su especial predilección por la naturaleza, no solo por su enamoramiento con los árboles, sino también por cómo los contrapone a las terribles factorías donde trabajaban los uruk, donde sí podemos leer la poca afición que tenía a la industralización.
Sin embargo, Tolkien, al igual que Cervantes, era hombre que, tras una vida considerablemente ya vivida (Tolkien a los 63, Cervantes a los 57), plasmaron lo mejor de su experiencia, donde se incluyen las guerras y la constatación de la existencia del mal, en su mejor obra en cada caso.
Por eso, y aunque Tolkien lo niegue enfáticamente, creo que sus experiencias de las dos Guerras Mundiales, le tuvieron que influir al retratar y relatar los hechos y personajes de sus obras, al igual que Cervantes, que pasó por la guerra, la penuria y la cautividad, tuvo también que estar influido por todas sus experiencias cuando creó su inmortal Quijote.
1:18 | 24/07/26
Elentir
Eso es indudable. Está claro que esas experiencias influyeron en su obra. Que Tolkien no quisiese hacer una alegoría es otro tema.
7:20 | 24/07/26
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