Utilizar la guerra entre Israel y Hamás para movilizar a la izquierda está resultando no ser tan buena idea como algunos pensaban.
La cortina de humo creada por Sánchez para tapar la corrupción socialista
Desde hace unos meses, Pedro Sánchez se ha convertido en uno de los mayores enemigos de Israel en Occidente, en una campaña en la que ha ido subiendo el tono de sus declaraciones cada vez más, llegando a lamentar no tener "bombas nucleares" para frenar la ofensiva de Israel contra Hamás y recibiendo elogios de ese grupo terrorista por hacerle favores el mismo día que Hamás asesinó a un ciudadano español.
Todo esto está siendo una evidente cortina de humo de Sánchez para tapar los escándalos de corrupción que le cercan, por los que en estos momentos su esposa, su hermano, su fiscal general y varios cargos socialistas de su confianza ya están acusados de diversos delitos de corrupción. El cerco judicial en torno a Sánchez y su partido se estrecha cada vez más y eso tiene a la cúpula socialista abiertamente noqueada en las encuestas. El propio Sánchez exhibe un deterioro físico evidente. Sus ataques contra Israel son un intento desesperado de tapar la lluvia de titulares que genera la corrupción socialista.
Está intentando competir en radicalismo con sus socios comunistas
Además, con esa maniobra Sánchez intentaba movilizar al electorado de izquierdas más descontento con esos escándalos de corrupción, especialmente con los que han tenido relación con casos de prostitución, unos hechos que han dejado por los suelos la imagen pretendidamente feminista de este gobierno. Aliarse con el islamismo, un movimiento muy misógino y homófobo, no era una buena idea, pero a Sánchez no le quedaba más munición política que ésa. Desde hace tiempo es una persona cuyo capital político está prácticamente agotado. En cualquier otro país un presidente del gobierno ya habría dimitido con la décima parte de los escándalos que le rodean.
El problema para Sánchez es que competir en radicalismo con los comunistas de Sumar y Podemos provoca que el PSOE pierda votos por el centro. Así se explica que los socialistas apenas logren capitalizar su distracción palestina en las encuestas, salvo en aquellas preparadas por activistas socialistas y que sólo sirven para generar falsas ilusiones. Sánchez se ve empujado a un difícil equilibrio, afrontando el reto de quitar votos a la ultraizquierda antisemita y al mismo tiempo no quedar como un político incendiario que alienta el odio a los judíos y la violencia en las calles, como vimos recientemente en la etapa final de la Vuelta a España, que ofreció una pésima imagen de nuestro país a todo el mundo, poniendo en entredicho la capacidad del gobierno para garantizar la seguridad de importantes eventos deportivos.
El conflicto en Oriente Medio crea una guerra interna en la izquierda
Por supuesto, los comunistas de Sumar y Podemos están sacando tajada de ese equilibrismo de los socialistas. La extrema izquierda está sumida, además, en un enfrentamiento por su propia supervivencia entre la facción de Yolanda Díaz (Sumar) y la facción de Pablo Iglesias (Podemos), de modo que su carrera hacia el extremismo más absurdo no tiene límites. A este paso ya sólo les falta pedir a Sánchez que declare la guerra a Israel y envíe a nuestros cazas a bombardear Tel Aviv.
Los mensajes de Sumar y Podemos contra el PSOE han ido en aumento. El partido de Pablo Iglesias está sosteniendo ya abiertamiente una actitud prácticamente de oposición al gobierno, a pesar de figurar entre sus socios de investidura, mientras que los ministros de Sumar se desmarcan cada vez más de Sánchez, ofreciendo una penosa imagen del gobierno, con un gabinete que ni siquiera se pone de acuerdo en importantes cuestiones de política exterior. El plan de paz de Trump sobre Gaza ha mostrado las diferencias entre Sánchez y sus socios, con el presidente del gobierno forzado a aplaudir ese plan en nombre de la paz, para no dar una imagen propia de un islamista, y con Sumar y Podemos adoptando una postura extrema que casi parece desear que Hamás quiera continuar esta guerra negándose a liberar a los rehenes israelíes secuestrados hace dos años.
Las consecuencias de gobernar sin ningún tipo de escrúpulos
Hay que decir que Sánchez se ha metido en este atolladero por su afán de poner su permanencia en el poder por encima de todo. No ha tenido reparos en aliarse con los partidos más extremistas del mapa político español, con quienes tienen vínculos con el terrorismo palestino y con partidos que apoyan abiertamente a algunas de las peores dictaduras, sin olvidar, por supuesto, a los peores de todos, EH Bildu, un partido que se niega a condenar los 853 asesinatos de ETA, incluidos los 22 asesinatos de niños y bebés.
La guerra interna que ha estallado en el seno de la izquierda española es la consecuencia lógica de la falta de escrúpulos de Sánchez, un político que decidió aliarse con unos totalitarios y ofrecerles todo tipo de concesiones con el fin de impedir que el Partido Popular llegase al poder tras ganar las últimas elecciones generales, a pesar de los esfuerzos del PP por someterse a los dogmas ideológicos socialistas. Ahora Sánchez es víctima de su propia irresponsabilidad y de su propia vileza, que le han llevado a ser el dirigente de un gobierno cada vez más débil, más incompetente y más incapacitado para gobernar.
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Foto: La Moncloa.
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Comentarios:
AlbertoAG
Sería un error pensar que esto pueda debilitar seriamente al gobierno. Sánchez lleva aguantando 7 años debido a que sus socios parlamentarios se aferran como garrapatas a los sillones, y es una tendencia que veo difícil que cambie en el corto plazo.
Las peleas entre socios de Sánchez no son más que puro teatrillo engañabobos para hacer creer que son diferentes, aunque sean mismo perro con distinto collar.
8:26 | 3/10/25
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