El presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, sigue intentando tapar sus escándalos de corrupción con una campaña internacional.
Esa campaña consiste, básicamente, en promover una imagen de líder político valorado en el mundo, con el fin de que los apoyos que recaba fuera de España sirvan para amortiguar su creciente impopularidad a nivel nacional. En su busca de apoyos exteriores, Sánchez está demostrando unas alarmantes preferencias. No hay que remontarse mucho en el tiempo para hacer un simple repaso a esas inclinaciones internacionales.
Sánchez y su relación con las dictaduras de Irán y China
La semana pasada su gobierno exhibió hasta qué punto está buscando amistades peligrosas cuando apoyó incluir a la dictadura islamista de Irán en un importante comité en la ONU que define políticas sobre derechos de las mujeres y derechos humanos. Tal vez haya sido un favor de Sánchez a Irán por poner su foto en los misiles iraníes lanzados contra la población civil de Israel, un hecho bochornoso sobre el que el dirigente socialista español no hizo ningún comentario para desaprobarlo.
Esta misma semana Sánchez ha visitado a su mayor aliado internacional, la dictadura comunista china, y lo ha hecho sin decir ni una palabra sobre las graves violaciones de derechos humanos cometidas por ese régimen, al mismo tiempo proponía, desde Pekín, una medida que debilitaría a las democracias en la ONU y daría más peso a regímenes autoritarios como el dirigido por Xi Jinping.
Una curiosa «defensa de la democracia» con quienes la están degradando
Por otra parte, ayer Sánchez organizó en Barcelona una reunión con dirigentes políticos de 21 países. Lo hizo bajo el lema "En defensa de la democracia", algo que merecería una denuncia por publicidad engañosa, teniendo en cuenta quiénes son los participantes conocidos. Digo "conocidos" porque el sitio web oficial de La Moncloa ha mencionado a muy pocas de las delegaciones internacionales. ¿Había algo que ocultar o de lo que avergonzarse, acaso?
Podemos hacernos una idea con las delegaciones indicadas por La Moncloa: Barbados, Brasil, Chile, Colombia, México, Sudáfrica y Uruguay. Para hacernos una idea de lo que pasa en esos países podemos acudir al Índice de Democracia de The Economist. Según esta fuente, de esos siete países sólo uno es una democracia plena: Uruguay, y no lo es precisamente gracias al izquierdista Yamandú Orsi, que estuvo en el evento de ayer y que llegó al cargo en 2025. En su primer año de mandato ya ha promovido ataques a la independencia judicial y a la libertad de prensa, la misma receta que Sánchez aplica en España.
Algo parecido ocurre con Barbados, una democracia parlamentaria y estable que no figura en la citada lista. La primera ministra, la izquierdista Mia Mottley (que ayer acompañó a Sánchez en Barcelona) ha sido criticada por sus ataques a la independencia judicial y ha apoyado abiertamente a la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela. Una curiosa forma de defensa la democracia.
Chile llegó a ser una democracia plena pero el izquierdista Boric la bajo de ese escalón. Desde 2023 es una democracia defectuosa. Boric dejó el cargo de presidente el 11 de marzo, así que fue a ese encuentro a representarse a sí mismo, no a su país.
Brasil, Colombia y Sudáfrica son democracias defectuosas. Los tres países tienen actualmente gobiernos de extrema izquierda que están exhibiendo actitudes tan autoritarias o incluso más que las de Sánchez en España. Bajo el mandato de Lula da Silva en Brasil, el país llegó al extremo de bloquear el acceso a Twitter (como en Irán), en una campaña de persecución a oponentes políticos. El presidente de Sudáfrica, el ultraizquierdista Cyril Ramaphosa, es aliado de Rusia y de los terroristas de Hamás. En Colombia, el comunista Gustavo Petro, amenazó hace dos años con liquidar la democracia al estilo de Venezuela después de que sus socios parlamentarios le abandonasen por sus escándalos de corrupción y sus vínculos con el narcotráfico.
México: un régimen híbrido con un gobierno cada vez más autoritario
México figura en el índice como un régimen híbrido, es decir, algo aún peor que una democracia defectuosa. Ese país figuraba en la lista de democracias defectuosas hasta 2021, cuando el ultraizquierdista Andrés Manuel López Obrador consiguió degradarlo aún más. La ultraizquierdista Claudia Sheinbaum está siguiendo la senda de López Obrador, con ataques a la independencia judicial, incesantes ataques a la libertad de prensa, un afán por controlar lo que se publica en las redes sociales e incluso un intento de someter a vigilancia a los ciudadanos. Es normal que Sánchez se sienta muy cómodo con ella, porque ambos exhiben un talante claramente autoritario.
Sánchez busca el auxilio de expertos en degradar y demoler democracias
Al final, lo que queda claro es que ese acto "En defensa de la democracia" no es más que una exhibición de las verdaderas inclinaciones de Sánchez y de su gobierno izquierdista, que no busca un acercamiento a las mejores democracias del mundo (algunas de ellas le tratan como un apestado y le están marginando en importantes foros internacionales).
Lo que Sánchez busca es el auxilio de auténticos expertos en degradar y demoler democracias y, en el caso de China, de un régimen de partido único en el que los comunistas vienen gobernando sin elecciones libres desde 1949, sin que el dirigente izquierdista español les haga ni la más leve crítica por ello. Eso dice mucho sobre el concepto que Sánchez tiene de la democracia.
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Foto: La Moncloa.
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Comentarios:
Flanker
Lo mejor de cada casa..
Ca bárbaro, que diría el otro.
10:11 | 19/04/26
isanchezgil
La «tiranía electiva» ya está inventada desde que Hitler llegó al poder a través de unas elecciones generales. Es prácticamente el mismo caso que los que aquí se mencionan de Barbados, Brasil, Chile, Colombia, México, Sudáfrica y Uruguay o el más antiguo de Venezuela, en cuyos países los que han llegado al poder en nombre de la izquierda, del proletariado, de los obreros y de los pobres, se han revelado como auténticos tiranos.
El caso que nos pilla más cercano es el de Pedro Sánchez, que llegó al poder manipulando la democracia, primero, invocando la corrupción del PP, cuando él y sus compinches empezaron a robar nada más ganar la moción de censura, y después amañando las elecciones, y dando el poder efectivo a quienes nunca hubieran llegado a nada por sí mismos: ETA y partidos catalanes.
No se puede aplicar, ni de lejos, el nombre de tiranía electiva ni a China, ni a Rusia, que nunca han visto unas elecciones ni por el forro.
0:59 | 20/04/26
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