Vengo advirtiendo desde hace tiempo sobre repetidos intentos de promover una propaganda antioccidental en el ámbito de la derecha.
No hace falta tener una visión muy aguda para detectar esos intentos. Los propagandistas prorrusos no suelen andarse con muchos disimulos, y menos aún los propagandistas de otras dictaduras como Irán, la China comunista y Corea del Norte. Lo mismo ocurre con los antisemitas, aunque habitualmente escondan ese discurso detrás de la etiqueta del "antisionismo", que es negar al pueblo judío su derecho a tener su propio país en la tierra de sus antepasados. Estos trucos no son nada nuevo. Recordemos que el comunismo promovió el antisemitismo disfrazándolo de antisionismo para que pareciese menos despreciable, aunque en realidad fuese la misma basura.
Por supuesto, la extrema izquierda no es la única que promueve el antisemitismo: también lo hacen el islamismo y la extrema derecha. Me refiero a la extrema derecha de verdad, y no a la manipulación que muchos medios de comunicación hacen etiquetando así a liberales, conservadores y a cualquier otro demócrata que no suscriba las tesis izquierdistas. Igual que ocurre con la extrema izquierda, la extrema derecha existe y se caracteriza por apoyar tesis antidemocráticas, ya sea abiertamente o respaldando a dictaduras como las citadas, como si fuesen una alternativa aceptable a la decadencia de Occidente.
Hay formas muy retorcidas y cínicas de blanquear esas posiciones. Una de ellas, leída en un medio muy popular entre la derecha de un tiempo a esta parte, consiste en afirmar que "antisemitismo" y "extrema derecha" son términos "woke", como si hubiesen sido creados por la izquierda para demonizar a la derecha. Nada más lejos. Recordemos que ya en 1848 Karl Marx escribió un infame panfleto antisemita que podría ser firmado por cualquier nazi. El creciente antisemitismo de la izquierda ha hecho que muchos judíos acaben distanciándose de ella.
Es el caso del activista estadounidense David L. Bernstein, autor del libro "Woke Antisemitism" (Post Hill Press, 2022), que en 2023 explicó en una entrevista:
"Me empezó a preocupar que esta ideología —que divide el mundo de manera simplista entre opresores y oprimidos— señalara a los judíos y a Israel como opresores, y en medio de esa tendencia ideológica, observábamos un aumento del antisemitismo y del antisionismo en la izquierda, y por eso escribí esto.
vincular esa ideología —llámese wokismo, justicia social crítica o como se quiera— con el auge del antisemitismo, ya que, si no se identifica la causa o el factor que lo alimenta, resulta imposible combatirlo eficazmente".
Hablando sobre el libro de David L. Bernstein, otro autor judío, Jason Shvili, señaló desde Jerusalem News Syndicate (JNS):
"Bernstein insinúa que la ideología woke se asemeja mucho al credo comunista de la Unión Soviética. De hecho, el ex disidente y político israelí Natan Sharansky, en el prólogo del libro, compara la ideología woke con la rígida tiranía comunista que sufrió. Al igual que el comunismo de la antigua Unión Soviética, la ideología woke ha convertido a los judíos en blanco de ataques. Lo peor de todo es que muchas organizaciones judías han pasado por alto el antisemitismo woke para poder ser aceptadas por los progresistas al apoyar causas liberales".
Como simple aclaración, el término "liberal" en EEUU se suele aplicar a lo que en España calificamos como "progresistas", mientras que allí llaman "classic liberal" o "libertarian" a lo que aquí llamamos "liberal".
Sobre los vínculos entre el movimiento woke y el antisemitismo, quiero recordar que George Soros, uno de los principales promotores de organizaciones izquierdistas en Occidente, ha dedicado una importante parte de sus patrocios a grupos antisemitas y antiisraelíes, motivo por el cual viene siendo durantemente criticado desde los gobiernos conservadores en Israel. En 2018, desde un medio judío, The Jewish Star, Jeff Dunetz señaló:
"Aunque Soros es judío, financia tantas organizaciones antiisraelíes y antisemitas que resulta difícil creer que cualquier crítica en su contra se base en su origen judío. Además de apoyar la Marcha de las Mujeres, organizada por antisemitas, desde 2001 la red de Soros ha donado 2.688.561 dólares a Adalah, organización que ha acusado a Israel de crímenes de guerra y contribuyó con acusaciones al ahora desacreditado Informe Goldstone. Adalah también ha instado a gobiernos de todo el mundo a romper o rebajar las relaciones diplomáticas con Israel".
Así pues, el antisemitismo no sólo no es un término "woke" (surgió mucho tiempo antes que el movimiento woke, al igual que el término "extrema derecha"), sino que además lo woke es disfrazar el antisemitismo para promoverlo, presentándolo como "antisionismo", como ya hizo el comunismo hace décadas. Ciertamente podríamos hablar también de una "derecha woke" que imita a la extrema izquierda, copiando sus discursos para generar enfrentamiento social (como ya avisé aquí el año pasado), pero sustituyendo a los blancos y los ricos por los "boomers", los judíos o los extranjeros en general.
Esa "derecha woke" hoy también asume las peores inclinaciones de la ultraizquierda en política internacional, mostrando simpatía por las dictaduras de Rusia, Irán e incluso China, como ya advertí aquí en febrero. Lo que estamos viendo ahora es un intento más de presentar tesis contrarias a los valores del movimiento conservador como "antiwoke" para engañar a incautos y conseguir que acaben compartiendo el mismo odio que la extrema izquierda por Occidente, por Estados Unidos, por Israel y por los judíos.
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Foto: Cottonbro Studio.
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