El terrible accidente ferroviario de Urda ha conmocionado a España y ha eclipsado el segundo aniversario de otra terrible tragedia.
El 29 de octubre de 2024, unas terribles inundaciones afectaron a varias zonas del este de España. Hubo más de 200 muertos y más de 2.600 heridos, y en algunas zonas afectadas estuvieron varios días esperando a que el gobierno enviase ayuda. El 31 de octubre de 2024, dos días después del desastre, advertí aquí sobre la fragilidad de nuestra civilización, refiriéndome a cosas como tener luz eléctrica y agua corriente, cosas a las que mucha gente no da la importancia debida hasta que fallan.
A menudo pensamos que una civilización es algo muy sólido y difícil de destruir y olvidamos que no cae de la noche a la mañana; se puede ir degradando por una guerra (como ocurre ahora en Ucrania con la criminal invasión rusa) o por un desastre natural (como las citadas inundaciones), y también por la desidia de quienes tienen la obligación de trabajar para que todo funcione, los responsables de que al abrir el grifo salga agua, de que al pulsar un interruptor se encienda la luz, de que al pedir ayuda llegue una ambulancia o la Policía a tiempo, y también de que los trenes lleguen a su hora y no sufran accidentes.
No tenemos que ir muy lejos para ver como se degrada una civilización. En España nos hemos acostumbrado a que ocurran cosas como un gran apagón nacional -como el que ocurrió el 28 de abril de 2025, con varios muertos a causa de un problema que duró muchas horas-, inundaciones con resultados catastróficos por el descuido de las obras hidráulicas (porque una tromba de agua no se puede evitar, pero sus efectos se pueden mitigar con una adecuada política de obras públicas) y tres accidentes ferroviarios con más de 100 muertos en menos de un año (Adamuz, 18 de enero; Gélida, 20 de enero; y Urda, 28 de octubre) sin que dimita ninguno de los responsables políticos de lo ocurrido y sin que recibamos explicaciones detalladas de los fallos cometidos; y digo explicaciones, no campañas de desinformación para tapar las responsabilidades políticas de cada desastre.
En la cuestión ferroviaria, los españoles nos hemos acostumbrado a que los trenes lleguen tarde, a las averías frecuentes y a una circulación deficiente (como hemos visto tantas veces con vibraciones sorprendentes en algunos tramos), como si todo eso fuese normal, cuando antes no lo era. Todo esto ocurre, además, en un momento en el que el gobierno socialista ha alcanzado un récord histórico de recaudación fiscal. Es decir, que nos cobran más impuestos que nunca y, al mismo tiempo, la calidad de las infraestructuras públicas se degrada como si esa gran cantidad de dinero no llegase a donde debería.
Llegados a este punto, lo que está pasando es que el socialismo está jugando a hacer una Jenga con España. Me refiero a ese juego que empieza con una torre formada por 54 bloques. Los jugadores retiran bloques y los ponen en la parte superior de la torre, creando una estructura inestable que, al final, se derrumba. Me parece un buen ejemplo de lo que la izquierda ha hecho con España en los últimos ocho años: las instituciones y las infraestructuras se han ido degradando por una idea de la política que premia la afinidad ideológica frente a la competencia profesional, situando en puestos importantes a personas sin conocimiento ni vocación y, además, cediendo cada vez más espacio a la corrupción política: una corrupción que mata.
Ninguna civilización, por muy sólida que sea, es capaz de soportar una erosión política continuada como ésta, y recuperar a España del todo el daño que el socialismo ha hecho precisará de una gran voluntad política y, sobre todo, de mucho esfuerzo y tiempo, pero en algún momento habrá que comenzar esa reconstrucción. En las elecciones del 29 de noviembre, los españoles tendremos la oportunidad de impulsar ese cambio con nuestro voto, echando del poder a los responsables políticos de todo este desastre. Es una responsabilidad enorme la que tendremos que afrontar en un mes y todos deberíamos tenerla muy presente cuando llegue la hora de votar.
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Imagen: Meta.ai.
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Comentarios:
Flanker
Han robado a manos llenas y desviado fondos para todo menos para infraestructuras…
Hay que llamarles lo que son, un gobierno criminal.
Y será votado por los que son como ellos.
9:37 | 30/10/26
isanchezgil
Si, después de ésto, aún les siguen votando, solo demostrarán que son unos asesinos. Esto se parece cada vez más a la España de 1930-36.
23:28 | 30/10/26
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