Jueves 23 de Junio de 2005 3:42h
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Aunque venga la noche
el mar nunca se calma,
como un loco en el monte,
baila siempre su danza.
Sólo acepta el consuelo
de una voz que le canta
esta nana de lluvia
que ella esconde en su alma.
Una mujer sin nombre
que se acerca descalza
cada noche a la orilla
y le canta enlutada:
“Te has quedado a mis hombres.
Yo no quiero venganza,
vengo a darte cariño,
vengo sola y sin armas.”
“Quiero que estés,
como cada mañana,
junto a mis pies
enredado en mi falda.”
“Duerme, mi mar
que ya llega la calma.”
“Contigo soñaré,
te cuidaré,
te mimaré,
te cantaré.”
Luego llora de espaldas
para que el mar no vea
cómo grita su alma,
cómo llora su pena.
“Otro mar muy enfermo,
otro mar más sediento
se comió a mis amores,
me ha secado el aliento.”
“No es el mar que yo veo,
otro mar que no siento,
otro mar de allá lejos,
otro más más violento.”
Y le habla a su RÃa,
siempre sola y descalza,
con su mano en las olas
acaricia su espalda.
(”Nana de lluvia”, una preciosa canción de Carlos Núñez. año 2000)
3:17h
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Saqué esta foto hace tres años, en primavera, en la falda norte del monte del Castro, en Vigo. Era un dÃa lluvioso, pero empezaba a salir el sol. Recuerdo que algo me llamó la atención de una pared. Era una pintada hecha por algún adolescente, una expresión inocente de cariño lanzada a su novia. Me llamó la atención, a decir verdad me hizo cierta gracia. Soy de la idea de que hasta en las cosas más aparentemente feas, como una pared desconchonada con una pintada mal escrita, pueden encontrarse muestras de belleza. No tal vez de la belleza esteticista que entiende mucha gente, sino de la belleza profunda de las cosas, de esa parte del infinito, llena de vida y de significado, que en el fondo somos todos y todo lo que nos rodea. Cuando me disponÃa a echar la fotografÃa, el sol empezó a salir sobre el muro. ¿Tú crees en las casualidades? Pues yo no. Creo que se dio cuenta y me hizo un guiño. Considéralo una ilusión, pero ¿por qué no? A fin de cuentas, el sol, la luz, la vida que despiertan en nosotros, ¿no son también, acaso, porciones aún más valiosas de ese infinito del que formamos parte? Piénsalo.
Miércoles 22 de Junio de 2005 2:40h
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Ahora hace calor, y éstas ya hace semanas o meses que se evaporaron, ya no lo recuerdo bien. Hay personas para quienes somos como gotas en un dÃa de lluvia, porque dicen que las hay a millones, que llegan y desaparecen, sin que a nadie le importe, sin que nadie preste atención a cada una de ellas. Pues sÃ, somos como gotas. Cada gota recorre un trayecto maravilloso que la lleva del cielo, desde las nubes hasta el suelo. Riega los campos, dejándolos verdes. Saca el fruto de la tierra y acompaña al marinero en alta mar. Refleja la luz del alba y el ocaso en su superficie redondeada y cristalina. Forma el rocÃo de la mañana, ese rastro que la noche deja para recordarnos que ha pasado. Un buen dÃa el sol la convierte en vapor y la lleva otra vez a las nubes. ¿Sólo unas simples gotas? Todo a nuestro alrededor está lleno de vida y de significado, de belleza y de un fin. Incluso una gota de lluvia. Basta con detenerse a contemplarla y con pararse un poco a pensarlo.