El Castillo de Ponferrada

Sab 21·4·2012 · 23:57h 9

A finales de marzo estuve en la capital de El Bierzo (León) y allí pude visitar su espléndido castillo del siglo XII, una gran fortaleza que en sus inicios fue una de las principales plazas fuertes de la Orden del Temple en la Península Ibérica.

El castillo fue construido en un montículo que domina la zona; se especula que con anterioridad pudo haber allí un castro celta, algo habitual en los castillos del Noroeste de España, si bien no se han hallado restos arqueológicos que lo confirmen. Sí que parece más claro que en el lugar hubo un fuerte romano, Interamnium Flavium, ocupado por los suevos tras las invasiones bárbaras y más tarde destruido por los visigodos. El núcleo de la villa de Ponferrada, en el siglo XII, estaría en el interior de ese viejo fuerte, rodeado por una sencilla muralla. La tradición dice que los templarios aprovecharon los restos de ese viejo fuerte romano para levantar su fortaleza.

Los templarios se instalaron en el Reino de León en 1178, siendo Guido de Garda Maestre provincial del Temple en Castilla y León. En 1185 ya eran señores de buena parte de Ponferrada, empezándose la fortificación en 1187. A esta primera muralla templaria pertenecen algunos trozos de los lienzos que aún hoy se conservan, hechos con cantos rodados, en la mitad septentrional del castillo y en su fachada del Sil. En esta imagen vemos la Torre de Malpica (a la izquierda) y la Torre del Homenaje del Castillo Viejo (en el centro); la zona inferior de la muralla, en la que se ven los cantos rodados, sería una de las partes originales templarias:

En 1196 el Rey Alfonso IX de León retiró a los templarios la propiedad de Ponferrada tras el apoyo de éstos al Rey Alfonso VIII de Castilla, concediéndole la plaza a la Orden de San Juan. Este periodo hospitalario duraría hasta abril de 1211, cuando Alfonso XII restituyó al Temple sus propiedades ponferradinas. En 1216 los templarios ya dominaban toda la zona. En la comarca la Orden del Temple tenía, además, el Castillo de Cornatel a medio camino entre Ponferrada y Las Médulas, coincidiendo con el Camino Real de Invierno que llevaba a Santiago de Compostela, teniendo los caballeros, entre otras misiones, la de proteger a los peregrinos. De hecho, la ruta compostelana pasa justo ante las puertas del castillo:

Durante una tala de madera para el nuevo castillo se produjo -en torno al año 1200- el descubrimiento por un caballero templario de la Virgen de La Encina, patrona de El Bierzo, en el hueco de una vieja encina. Según la leyenda, la imagen habría sido llevada a tierras bercianas desde Jerusalén por el Obispo Toribio de Astorga en el año 450. Otro Obispo de Astorga, San Genadio, la habría ocultado en la primera mitad del siglo X, por temor a los ataques musulmanes. Una estatua del escultor Venancio Blanco, inaugurada en 2003 (bajo estas líneas), recuerda esta leyenda en el casco histórico de Ponferrada, cerca de la fortaleza, junto a la Basílica de la Virgen de La Encina, en la que se conserva una réplica de la imagen original -hoy desaparecida- hecha en el siglo XVI.

El 1308, en pleno proceso contra la Orden del Temple, Rodrigo Yáñez, el último Maestre provincial de la Orden del Temple en Castilla y León, entregó la fortaleza al infante Felipe de Castilla y Molina, hermano del Rey Fernando IV de Castilla. La Corona castellana no debió quedarse con el recinto militar, pues unos años después el Castillo de Ponferrada estaba en poder de Alvar Núñez de Osorio, Conde de Trastámara y Señor de Lemos. Al ser ejecutado éste por orden real, tanto el castillo como el Señorío de Lemos pasaron a manos de Pedro Fernández de Castro. La presencia de los Señores de Lemos es visible en la fortaleza, por ejemplo, en la cara sur del Cubo Nuevo, en el extremo nororiental del castillo (es la que se ve en esta foto a la derecha):

Sobre una ventana enrejada vemos los escudos de los Señores de Lemos: la izquierda el blasón de los Osorio, y a la derecha el de los Castro (igual que aparecen en el Castillo de Monforte de Lemos que os mostré aquí el jueves):

Durante el reinado de Pedro I de Castilla (1350-1369), la fortaleza pasó al hermano de éste, el conde Enrique de Trastámara, periodo durante el cual vivió en el Castillo de Ponferrada la esposa del Rey, doña Juana de Castro, repudiada por su marido. A causa de la guerra civil castellana entre Pedro y Enrique, al ser coronado éste rey en Calahorra en 1366 Pedro ordenó el paso de la propiedad del Castillo de Ponferrada a uno de sus nobles partidarios, Fernando Ruiz de Castro, hermano de la reina Juana y Señor de Lemos. Su bisnieto, Fadrique Enríquez de Castilla y de Castro, Duque de Arjona y Conde de Trastámara, Lemos y Sarria, inició la construcción de la Torre del Rastrillo, en el lado sur de la fortaleza:

En ella puede verse el blasón del Duque de Arjona:

Al morir Fadrique en 1430 sin hijos legítimos, sus posesiones pasaron a su hermana Beatriz Enríquez de Castilla. El marido de ésta, Pedro Álvarez Osorio, terminó las obras de la Torre del Rastrillo y ordenó construir el Cubo Nuevo, una nueva Torre del Homenaje de 24 metros de altura en la esquina norte del Castillo Viejo (en esta foto se ve su cara interior):

A Álvarez Osorio también se debe la construcción de la Torre de Moclín, en el extremo occidental del castillo, ante el río Sil…

… la construcción de la Torre del Malvecino, en el extremo oriental del castillo…

… y también de la Torre de Cabrera, en el extremo sur, el enorme torreón de planta rectangular que se ve a la derecha en esta foto, cubierto por un anuncio de la exposición Templum Libri:

A este largo periodo en que los Señores de Lemos fueron los dueños de la fortaleza se debe la presencia en la misma de la tau griega que identificaba a esta familia nobiliaria gallega. Aquí vemos una que se conserva sobre la entrada de la Casa Grande, levantada por el Conde de Lemos en 1480:

En memoria de aquella época hoy en día una enorme tau roja hecha con flores decora los jardines que hay al pie del castillo, junto a la Torre de Moclín:

A la muerte de Pedro Álvarez Osorio, las disputas entre los herederos de éstos llevaron a la rebelión de uno de ellos -Rodrigo Enríquez Osorio, nieto bastardo de Pedro y a quien su abuelo había nombrado heredero- y Juana Osorio, hija mayor de Pedro. Rodrigo cercó la fortaleza y la asaltó en 1485, pero al año siguiente fue tomada -después de un duro asedio en el que las murallas resultaron seriamente dañadas por los disparos de artillería- por una gran mesnada enviada por los Reyes Católicos, quedando Ponferrada en manos de la Corona. No obstante, los monarcas españoles entregaron el gobierno de la fortaleza al marido de Juana Osorio, Luis Pimentel y Pacheco, nombrado por ellos primer Marqués de Villafranca del Bierzo. Como alcaide de la fortaleza quedó Juan de Torres Londoño, nombrado también primer corregidor de Ponferrada en febrero de 1487. A su hijo Juan de Torres Alarcón, que le sucedió en el cargo de alcaide, se debe la construcción entre 1492 y 1504 de la llamada Torre de los Reyes Católicos o Torre de Juan de Torres, adosada a la Torre del Homenaje Viejo, en el Castillo Viejo:

En la cara exterior de esta torre se observan los emblemas heráldicos de los Reyes Católicos -el Águila del San Juan, el yugo y las flechas- ya muy deteriorados:

Y un poco más abajo está el blasón del alcaide Juan de Torres:

El 25 de agosto 1506 se produjo un vuelco en la historia de Ponferrada, cuando el Rey Felipe I de Castilla firmó en Tudela del Duero una real cédula que otorga al Conde de Lemos Rodrigo Enríquez Osorio las propiedades que le había dejado en herencia su abuelo y que los Reyes Católicos le habían negado. Un mes después de firmar esa cédula, el Rey murió y Rodrigo Enríquez Osorio asaltó la fortaleza de Ponferrada. La Reina Juana reaccionó encargando al Conde de Benavente, Capitán General de Galicia, y al Duque de Alba, Capitán General de Asturias, prender a Rodrigo. Así lo hicieron con un ejército formado por 211 lanzas y 311 infantes, derrotando al rebelde.

En 1558 la princesa doña Juana de Portugal, hermana de Felipe II y que ejercía como gobernadora del Reino de Castilla en ausencia del Rey, vendió la fortaleza de Ponferrada a su entonces alcaide, Fadrique Álvarez de Toledo y Osorio, tercer Marqués de Villafranca del Bierzo, por una suma de 1,3 millones de maravedíes.

Arruinado a raiz de la Guerra de Independencia

El castillo permaneció intacto hasta la Guerra de Independencia. El 3 de enero de 1809 las tropas napoleónicas ocuparon Ponferrada pero en vez de instalarse en el castillo lo hicieron en la Casa Consistorial y en el Convento de la Concepción. En 1811, la Regencia del Reino ordenó la voladura de las fortaleza interior para evitar que la ocuparan los franceses. A causa de ese episodio, en 1840 el castillo ya no era más que una escombrera amurallada. En 1848 el Ayuntamiento de Ponferrada empezó a usar las piedras del castillo para construir un mercado y unas caballerizas públicas en el extremo oriental de las murallas. Las caballerizas, conocidas popularmente como “Las Cuadras”, aún se conservan hoy, siendo usadas como oficina de turismo:

En 1850 el consistorio ponferradino empezó a vender sin más las piedras de la fortaleza, convertida en una cantera improvisada, y los antiguos fosos quedaron sepultados por la construcción de nuevas casas adosadas al castillo.

En 1880 la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando emplazó el Ayuntamiento de Ponferrada a reparar las murallas del castillo. Ante la ausencia de respuesta por parte del consistorio ponferradino, la Academia repitió su emplazamiento en 1882. Lejos de hacer caso, el Ayuntamiento se puso a arrendar el espacio interior del castillo a particulares como espacio de cultivo. En 1923 el desprecio por este patrimonio histórico llegó a su punto máximo con la construcción de un campo de fútbol en su interior, para lo cual se derribaron algunos muros y dependencias históricas del castillo.

Declaración de monumento nacional y procesos de restauración

Todos estos desaguisados son por fin frenados cuando el castillo fue declarado Monumento Nacional por Real Orden de 7 febrero de 1924. Entre 1955 y 1959 se llevaron a cabo las primeras obras de reconstrucción, reparándose muros y almenas, rehaciéndose el arco de entrada y construyendo una rampa de acceso. A partir de 1978 se hicieron otros trabajos de restauración, además de excavaciones arqueológicas que han sacado a la luz en el patio del castillo viejas pallozas que usaban sus antiguos pobladores, así como dependencias originales de su época templaria. En 1994 la Junta de Castilla y León presentó un plan director para una restauración completa del castillo, que se inició en 1996, cerrándose el castillo al público.

En 1997 la fortaleza pasó a ser propiedad del Ayuntamiento de Ponferrada, status que se mantiene hoy en día. Desde ese momento se derribaron las casas adosadas ilegalmente a sus muros, se pavimentaron las rondas del castillo y se drenó el agua que había en su interior, reabriéndose al público en 1998. Recientemente también se restauró el Palacio Nuevo, conocido anteriormente como Cuerpo Palacial o Casa Grande, hoy reconstruido sobre las ruinas que dejó el derribo de 1811. Sobre la base de esas ruinas se ha levantado un edificio nuevo intentando respetar la disposición del original según la documentación disponible, y añadiéndole una cafetería y un restaurante en las zonas nuevas. En él pretende instalarse la biblioteca templaria más grande de Europa. Aquí una vista del patio interior de este palacio:

Además, la Torre de Moclín ha sido dotada de un amplio porche:

En su interior hay una exposición de trajes medievales en la primera planta, con una sala de proyecciones en la segunda:

En el sótano de esta torre hay otra proyección, con un par de armaduras templarias a la usanza del siglo XII, con yelmo, cota de malla, sobreveste y espada:

El recinto amurallado ocupa una superficie de 8.000 metros cuadrados, lo que lo convierte en uno de los castillos más grandes del Noroeste de España. Su planta tiene forma de letra D, con una muralla recta -la muralla de poniente- que corre paralela al río Sil y otra parte curva que da a la ciudad. El perímetro de la fortaleza es básicamente el que trazaron los templarios en el siglo XII, si bien la mayor parte de las murallas conservadas hoy en día pertenecen a las ampliaciones que hicieron los nobles que ocuparon el castillo después de ser abandonado por el Temple, durante los siglos XIV y XV.

Según me contó una amable chica que lleva una tienda de recuerdos situada frente al castillo, cada verano se organiza en Ponferrada una fiesta denominada “Noche Templaria”, a finales de junio y comienzos de julio. En ella se escenifica la llegada de caballeros templarios al castillo, con personas ataviadas con los hábitos de aquella orden. Podéis ver una muestra aquí.

Para visitar el interior del castillo hay que pagar 6 euros de entrada; 4 euros en el caso de pensionistas, estudiantes, parados o grupos de al menos 20 personas, y gratis para menores de 14 años, discapacitados, profesores y periodistas. Todos los miércoles del año la entrada es gratis para todo el mundo. Tenéis más información sobre los horarios de entrada en el Portal de Turismo de Ponferrada. Por si alguna vez deseáis visitarlo -os lo recomiendo, es un sitio fascinante-, os dejo aquí su ubicación en Google Maps. Y para terminar, cierro con el pase de las fotos del castillo que he subido a mi cuenta de Flickr:

Entradas sobre otros sitios que merece la pena visitar en El Bierzo:

- Las Médulas, uno de los lugares más raros y fascinantes de España
- Castillo de Cornatel
- Un templario guardando el camino

Más entradas sobre castillos:

- El Castillo de Monforte de Lemos
- El Castillo de Sobroso – Mondariz / Puenteareas
- Bayona: el Castillo de Monterreal
- El Castillo de Monterrey, en Verín
- Castillo de los Sarmiento – Ribadavia
- Torre de Tebra – Tomiño
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Comentarios a esta entrada:

  1. Teseo

    Que suerte que no le aplicaron la Memoria Histérica al escudo del águila y las flechitas (aunque mejor no dar ideas…).

  2. … o al castillo entero.

  3. El Tíol Bastón

    Buenos recuerdos me trae ese lugar. Aun llegué a entrar más de una vez en el castillo cuando se encontraba en restauración. Algunos episodios de “El señor de Bembibre”, de Enrique Gil y Carrasco, se desarrollan ahí. Encina es un nombre de mujer común en la zona.

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