Los 'olvidos' del gobierno izquierdista de Madrid al abordar ese genocidio

Czesława: una niña católica que no cabe en ciertos homenajes a víctimas del Holocausto

“Hoy es un día para recordar y rendir homenaje al pueblo judío, a la comunidad gitana, a la minoría LGTB y a los republicanos exiliados que fueron víctimas del Holocausto”. Son palabras de Mauricio Valiente.

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El concejal comunista dijo eso en el homenaje a las víctimas del Holocausto que organizó el Ayuntamiento de Madrid el pasado viernes. Es de justicia recordar a quienes fueron masacrados en ese genocidio, que tuvo a su principal grupo de víctimas entre los judíos, un pueblo que fue perseguido, maltratado y masacrado por los nazis con una saña bestial, sólo comparable a la de los turcos contra los cristianos armenios o a la de los bolcheviques contra todo aquel que les estorbaba (a pesar de lo cual algunos miserables aún se atreven a hacer bromas con ello). Hay que decir, eso sí, que este tipo de homenajes no deberían olvidar que hubo más grupos que los señalados por Mauricio Valiente entre las víctimas del Holocausto.


Sacerdotes y laicos polacos momentos antes de ser asesinados por los nazis en la Plaza del Mercado de Bydgoszcz, el 9 de septiembre de 1939. Los alemanes asesinaron a 20.000 mujeres, hombres y niños polacos en esta localidad al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

2,7 millones de católicos polacos fueron asesinados por los nazis

A propósito de esto, un sacerdote me comentaba ese mismo día: “muchos de los que murieron eran católicos, y algunos fueron recluidos por el mero hecho de ser sacerdotes”. Ahí tenemos el ejemplo de San Maximiliano Kolbe, clérigo católico asesinado en Auschwitz el 14 de agosto de 1941. Este santo polaco ofreció su vida para salvar la de otro prisionero de ese campo de concentración, el sargento Franciszek Gajowniczek del Ejército polaco, también católico, que había participado en la defensa de Varsovia tras la invasión nazisoviética de su Nación. Fue enviado a un campo de prisioneros, se fugó y la Gestapo le capturó en Zakopane, enviándole a Auschwitz en octubre de 1940. Como ya os comenté aquí el pasado mes de mayo, 2,7 millones de católicos polacos fueron asesinados por los nazis, una cifra que supera a la suma de los gitanos, homosexuales y disidentes políticos exterminados por el Tercer Reich (las estimaciones más elevadas cifran en 800.000 los gitanos, 1,5 millones los disidentes políticos y 250.000 los homosexuales asesinados por los nazis). Más allá de sus compatriotas polacos, pocos parecen acordarse de ellos. Como hicieron los comunistas en diversos países, los nazis asesinaron a 1.811 sacerdotes católicos polacos en campos de concentración. La Iglesia Católica ha proclamado ya como mártires a 108 católicos polacos asesinados por los nazis, entre ellos tres obispos y 79 sacerdotes. Más allá de Polonia, de los 2.720 clérigos enviados a Dachau, en Alemania, 2.579 eran católicos. De éstos, 1.748 eran polacos, 868 de los cuales murieron en aquel campo de concentración.

El caso de la niña católica polaca Czesława Kwoka

Un lector polaco del blog me envió ayer un artículo de Marina Amaral sobre Czesława Kwoka, una niña de 14 años que fue la prisionera número 26947 del campo de concentración de Auschwitz. Podéis ver su estremecedora última foto -en una versión coloreada por Marina- encabezando estas líneas. Lleva el famoso pijama a rayas de los campos de concentración alemanes, con un triángulo invertido rojo y una letra “P” negra: la marca que ponían a los prisioneros polacos. Según la Wikipedia, ese color estaba reservado a los prisioneros políticos, pero en realidad se usaba también para toda aquella persona internada allí por cualquier motivo. No se sabe mucho de esta niña. Nació en Wolka Złojecka, un pueblecito del condado de Zamość, en el voivodato de Lublín, Polonia, el 15 de agosto de 1928. Czesława era hija de Katarzyna Kwoka, una polaca católica.


Niñas polacas en el campo de concentración de Dzierżązna. Muchas de ellas procedían de las deportaciones masivas llevadas a cabo por los nazis en el condado de Zamość en 1942.

La deportación masiva de los polacos de Zamość a manos de los nazis

En 1942 el condado Zamość, en el que vivían Czesława y su madre, fue elegido por los nazis para instalar una colonia alemana. Los nazis desalojaron 300 aldeas del condado -al que rebautizaron como Pflugstadt- deportando a 116.000 polacos que residían en él. Muchos fueron enviados a los campos de concentración de Zwierzyniec, Auschwitz, Majdanek y otros. 50.000 fueron llevados a Alemania para trabajar como esclavos. Más de 30.000 niños fueron arrancados de sus familias (los hoy llamados Dzieci Zamojszczyzny, “Niños de Zamość”), de los cuales 5.000 fueron seleccionados para ser entregados a familias alemanas y germanizados (tras la guerra, sólo 800 de ellos fueron localizados y devueltos a Polonia). En muchas de las aldeas hubo ejecuciones masivas de polacos, y muchas de esas poblaciones quedaron completamente destruidas. A pesar de ello, la colonización prevista por los nazis nunca pudo completarse: ya en la primavera de 1943 los alemanes habían empezado a perder el control de ese condado a causa de la presión de la resistencia polaca.

Unos ojos que reflejan el terror vivido por los 230.000 niños de Auschwitz

Czesława llegó a Auschwitz el 13 de diciembre de 1942. Wilhelm Brasse, el prisionero polaco que la fotografió para el archivo de prisioneros del campo, recordaría años después la impresión que le causó la niña: Czesława estaba “aterrorizada”, “no entendía por qué estaba allí y no podía entender lo que se le decía”, pues se dirigían a ella en alemán. Una kapo (nombre dado a prisioneros de confianza que hacían labores de policía entre sus compañeros de cautiverio) de nacionalidad alemana cogió un palo y, llena de rabia, golpeó a la niña en la cara, rompiéndole el labio. Czesława lloraba, con su labio sangrando. “A decir verdad, sentí como si me estuvieran golpeando a mí mismo, pero no podía interferir. Habría sido fatal para mí. Nunca podías decir nada”, contó años después Brasse, el fotógrafo. Para hacerle la foto la niña secó sus lágrimas y la sangre que emanaba del corte de su labio. Su bello rostro, con su cabeza rapada, su cara golpeada y sus ojos llenor de temor, son un testimonio del miedo y del sufrimiento que vivieron muchos niños en aquel infierno. Marina Amaral explica en su artículo que de los 1,3 millones de personas que fueron llevadas a Auschwitz-Birkenau de 1940 a 1945, 230.000 eran niños o jóvenes menores de 18 años. De ellos, 216.000 eran judíos, 11.000 gitanos y los restantes eran polacos, bielorrusos, ucranianos, rusos y de otras nacionalidades.

No era judía, gitana, LGTB ni republicana española: ¿no cuenta?

De aquellos 230.000 niños y adolescentes sólo sobrevivieron unos 650. La protagonista de esta entrada no estuvo entre esos pocos supervivientes. Su madre murió el 18 de febrero de 1943. La niña murió menos de un mes después, el 12 de marzo. Ni siquiera han quedado registradas las causas de sus muertes. Después de todo lo dicho, me gustaría señalar que Czesława no era judía, ni LGTB, ni gitana, ni republicana española. Para el homenaje del pasado viernes en el Ayuntamiento de Madrid, ella no contaba por el mero hecho de ser una católica polaca. Lo mismo se puede decir, insisto, de los demás católicos polacos asesinados por los nazis (2,7 millones, nada menos) y de las personas de otros colectivos (ucranianos, rusos, bielorrusos, enfermos mentales, testigos de Jehová, etc) que fueron asesinadas en los campos de concentración alemanes. Un olvido que en algunos casos puede explicarse en un despiste, pero en otros no. Basta con recordar que en 2015 en el Parlamento Europeo, varios partidos de izquierda intentaron borrar toda referencia a los cristianos en una moción de condena de la masacre de cristianos a manos de terroristas islámicos en Garissa, Kenia. A esto es a lo que son capaces de llegar algunos.

(Foto coloreada por Marina Amaral)

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  1. JFM

    Pues me voy hacer el abogado del diablo. La diferencia es que eras matado por haber nacido judio. Ya podias haber ganado medallas en el frente, ya podias ser mas patriota que nadie, ya podias ser un filantropo fundador de tropescientos hospitales, ya podias ser un converso insospechable, ya podias ser un recién nacido, todos a la camara de gas. No podias deponer tu actitud o renunciara tus ideas: no habia salvacion.

  2. ¿Y qué hizo Czesława para que la matasen, JFM? Pues haber nacido en un país eslavo y católico al que odiaban esos miserables racistas. Basta con ver lo que hicieron en Polonia, y no sólo a los judíos. Varsovia la arrasaron hasta los cimientos. Quisieron liquidar a toda la intelectualidad polaca, no sólo a los sacerdotes, sino también a profesores y catedráticos (lo mismo que los soviéticos en Katyn, por cierto). Fue un genocidio con el que se pretendía no sólo matar a polacos, sino también borrar del mapa su cultura. Pero para el Ayuntamiento de Madrid eso no merece ni una mínima mención.

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