Ante la decepcionante declaración de la Conferencia Episcopal Española

El Estado no puede dialogar con golpistas: tiene el deber de hacer respetar las leyes

Aunque la experiencia de un golpe de Estado es una novedad para muchos españoles, el que se está perpetrando en Cataluña no es el primero que hemos vivido muchos. Ya hubo otro en 1981.

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El golpe del 23-F y la respuesta de los obispos españoles

Los hechos del 23-F son de sobra conocidos. Como ahora, se trató de un intento de conducir a nuestro país por derroteros que discurrían al margen de la ley y del marco constitucional que habían votado los españoles en referéndum en diciembre de 1978. La Conferencia Episcopal Española empezaba ese mismo día una asamblea plenaria, y ante el asalto al Congreso, la CEE hizo pública la siguiente nota esa misma noche:

“Los obispos españoles, reunidos en Asamblea Plenaria, venimos siguiendo desde ayer tarde, con preocupación, serenidad y confianza, los graves acontecimientos que amenazan perturbar la normalidad democrática de la nación y, con ella, la paz y la convivencia de los españoles. Al abrir hoy nuestra segunda jornada de trabajo, queremos expresar a Su Majestad el Rey, a las autoridades y al pueblo nuestro firme propósito de contribuir, como pastores de la Iglesia, a la serenidad y a la responsabilidad de todas las instituciones y personas del país dentro del respeto a la Constitución y con voluntad de concordia por parte de todos.

Manifestamos también nuestro profundo respeto y nuestra afectuosa solidaridad a los miembros del Gobierno y del Parlamento retenidos en el Palacio de Congresos y pedimos con el máximo encarecimiento a quienes los retienen que faciliten cuanto antes su salida pacífica del edificio para que puedan reasumir sus responsabilidades públicas como representantes del pueblo. Hacemos un llamamiento a todos los fieles y a todos nuestros conciudadanos para que mantengan la calma, el buen sentido y el espíritu de colaboración con las autoridades legítimas. Mantenemos la firme esperanza, y así lo pedimos a Dios, de que este episodio tendrá muy pronto un desenlace pacífico y feliz para bien de todos.”

Al día siguiente, los obispos españoles enviaron el siguiente telegrama al Rey Juan Carlos I:

“Los obispos españoles, reunidos en Asamblea Plenaria, hacemos patente a Vuestra Majestad nuestra profunda adhesión a vuestro mensaje de respeto a la Constitución, de normalidad democrática y de serena consideración entre todos los españoles. Estamos pidiendo insistentemente a Dios que asista a vuestra persona en tan altas responsabilidades y otorgue siempre a nuestro pueblo el don de la paz en la libertad y en la justicia. Con la más alta consideración, Cardenal Enrique y Tarancón”

Obsérvese que en ningún momento la CEE pidió un diálogo con los golpistas. Era lógico que no lo pidiese. Lo que le correspondía al Estado era poner orden y hacer cumplir la ley, deteniendo a los golpistas, y no ponerse a negociar con ellos el cumplimiento de la ley.

Golpismo separatista: el precedente de Italia

Por supuesto, la gran diferencia con el golpe separatista que estamos viviendo no es el uso de la violencia -destrozar tres vehículos de la Guardia Civil y acosar y amenazar a constitucionalistas en Cataluña son actitudes indudablemente violentas-, sino que el golpe, esta vez, pretende suspender la aplicación de la Constitución -y por tanto, de las garantías democráticas que contiene- en una parte de España. No es la primera vez que un país de Europa sufre un intento de ruptura. Y no es la primera vez que la Iglesia Católica debe afrontar la amenaza de desmembramiento de un país. Ya ocurrió en 1996 en Italia. En septiembre de ese año, los separatistas de la Liga Norte convocaron un referéndum de independencia del norte de Italia, totalmente al margen de la ley. El día 15 de ese mes declararon la independencia de la llamada “Padania”. Meses antes, en mayo de ese año, el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), Camillo Ruini, afirmó: “La unidad de Italia no se toca”. Lo dijo ante la asamblea plenaria de la CEI, y su afirmación fue acogida con aplausos por los obispos italianos. Ruini señaló: “negar o comprometer la unidad de nuestra nación va contra la posibilidad del desarrollo y de los intereses económicos de las poblaciones del sur, del centro y del norte”.

Las palabras de San Juan Pablo II contra “los peligros de separatismo”

En 1994 el Papa San Juan Pablo II había recordado ante los obispos italianos la herencia de la unidad, que, incluso más allá de su específica configuración política, consolidada a lo largo del siglo XIX, se halla profundamente arraigada en la conciencia de los italianos que, en virtud de la lengua, de las vicisitudes históricas y de la misma fe y la misma cultura, siempre se han sentido miembros de un único pueblo. Esta unidad no se mide por años, sino por largos siglos de historia.” Y añadía:es preciso superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros de separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada”.

La Iglesia Católica y la unidad de España

La Iglesia también ha afrontado en España el reto de los separatismos. En su LXXXVIII Asamblea Plenaria, en noviembre de 2006, la Conferencia Episcopal Española aprobó un documento titulado “Orientaciones morales ante la situación actual de España”. En él se recordaba que la fe cristiana había sido uno de los elementos fundamentales de “acercamiento y cohesión” entre los pueblos de España, y añadía: “Esta unidad cultural básica de los pueblos de España, a pesar de las vicisitudes sufridas a lo largo de la historia, ha buscado también, de distintas maneras, su configuración política. Ninguna de las regiones actualmente existentes, más o menos diferentes, hubiera sido posible tal como es ahora, sin esta antigua unidad espiritual y cultural de todos los pueblos de España. Los obispos españoles recordaban, así mismo, las palabras del Papa Benedicto XVI a los obispos italianos en su discurso al IV Congreso Nacional de la Iglesia en Italia, pronunciado en Verona el 19 de octubre de 2006: Es preciso superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros de separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada”. El documento de la CEE añadía una afirmación que se corresponde como un guante al adoctrinamiento separatista que se impone en las escuelas catalanas: “Hay que evitar los riesgos evidentes de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas”.

La declaración de la Conferencia Episcopal Española sobre el golpe en Cataluña

Ayer Monseñor Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal Española, leyó ante los medios una declaración de la Comisión Permanente de la CEE ante la situación en Cataluña. Tras su lectura no contestó a preguntas. La declaración se ha producido tres días después de la protesta del Gobierno de España a la Santa Sede por el apoyo de 300 sacerdotes y religiosos catalanes al golpe separatista, un apoyo en el que los firmantes dicen haber actuado “en sintonía con nuestros obispos”. Recordemos que el pasado mes de mayo los obispos de Cataluña publicaron una nota, en la que decían: “Nos sentimos herederos de la larga tradición de nuestros predecesores, que les llevó a afirmar la realidad nacional de Cataluña. Un posicionamiento claro a favor del discurso separatista, que llega después de años viviendo el escándalo de las docenas de iglesias catalanas decoradas con banderas separatistas:

Y mientras tanto, parroquias catalanas usan sus hojas parroquiales para apoyar el golpe, y el obispo de Solsona -conocido nacionalista- dice que irá a votar en un acto ya declarado ilegal por el Tribunal Constitucional.

Ni una sola mención expresa a la unidad de España

El miércoles 20 de septiembre, mientras las turbas separatistas asediaban a la Guardia Civil y destrozaban tres de sus vehículos, los obispos de Cataluña publicaron una nota pidiendo “a todos los católicos que recen, que pidan la bendición de Dios sobre Cataluña, que vive un momento delicado de su historia”. La nota también pedía “avanzar en el camino del diálogo y del entendimiento, del respeto a los derechos y las instituciones y de la no confrontación”. Las omisiones de la nota eran llamativas: ni una sola petición a la Generalidad de que respete la legalidad constitucional, que los propios catalanes apoyaron por abrumadora mayoría en referéndum (la Constitución tuvo más respaldo en Cataluña incluso que en Madrid). Ni una sola mención a los agentes del orden asediados, ni a los cargos electos que son acosados y amenazados por mantenerse fieles a la legalidad constitucional. Y por supuesto, ni una sola mención expresa a un bien moral que este golpe separatista está poniendo en peligro: la unidad de España. Leyendo la equidistante nota da la sensación de que consideran que defender la legalidad te hace tan culpable como dar un golpe separatista.

La Conferencia Episcopal pide ‘diálogo’ como ‘verdadera solución’ al ‘conflicto’

Pues bien: ayer la declaración de la CEE citó buena parte de esa nota de los obispos catalanes, incluida la petición de “avanzar en el camino del diálogo y del entendimiento, del respeto a los derechos y a las instituciones y de la no confrontación”. En el punto 3 insisten: En estos momentos graves la verdadera solución del conflicto pasa por el recurso al diálogo desde la verdad y la búsqueda del bien común de todos, como señala la Doctrina Social de la Iglesia.” Ya que la citan, hay que recordar que la Doctrina Social de la Iglesia afirma: “El sujeto de la autoridad política es el pueblo, considerado en su totalidad como titular de la soberanía.” Y a este respecto el Artículo 1.2 de la Constitución Española es muy claro: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.” Lo que está intentando la Generalidad es usurpar la soberanía nacional al pueblo español, para arrebatarle una parte de su territorio. Al hacerlo, la Generalidad está violando la ley e incurriendo en un presunto delito de sedición, un delito muy grave y que consiste en intentar impedir la aplicación de las leyes y el ejercicio de sus funciones a las autoridades.

Un párrafo en ‘politiqués’ que habla de los pueblos del ‘Estado’

En relación al golpe, y sin citarlo como tal, la declaración de la CEE incluye un farragoso, ambiguo y equidistante párrafo en el que insiste por tercera vez en el diálogo:

“Para hacer posible este diálogo honesto y generoso, que salvaguarde los bienes comunes de siglos y los derechos propios de los diferentes pueblos que conforman el Estado, es necesario que, tanto las autoridades de las administraciones públicas como los partidos políticos y otras organizaciones, así como los ciudadanos, eviten decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias, que los sitúe al margen de la práctica democrática amparada por las legítimas leyes que garantizan nuestra convivencia pacífica y origine fracturas familiares, sociales y eclesiales.”

Para empezar, llama la atención ver que la declaración habla de “los diferentes pueblos que conforman el Estado”, cuando en realidad conforman España. En esto la CEE parece haber asumido la alergia nacionalista a citar el nombre de nuestra Nación. De hecho, cuando hablan de “los bienes comunes de siglos”, ¿se refieren a España? No lo dicen. En toda la declaración se cita a España una sola vez, frente a tres menciones a Cataluña. Es cuanto menos curioso, teniendo en cuenta que es toda España la amenazada por este golpe separatista, y no sólo Cataluña. Por otra parte, ¿qué quieren decir cuando animan a evitar “decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias”? Hablan a continuación de “la práctica democrática amparada por las legítimas leyes que garantizan nuestra convivencia pacífica”. ¿Se refiere a la Constitución y al Estatuto cuya vigencia los separatistas pretenden dejar en suspenso en Cataluña? No me estaría haciendo estas preguntas si el texto fuese más claro, pero parece que la CEE ha optado por escribir esta declaración en “politiqués”, en un lenguaje que evite llamar a las cosas por su nombre y que sea lo bastante ambiguo como para contentar a todo los obispos, empezando por los nacionalistas. Para el penúltimo punto dejan significativamente, una cita de la declaración hecha por la CEE el 28 de febrero de 1981 tras el golpe del 23-F, en la que se pide el “respeto de los cauces y principios que el pueblo ha sancionado en la Constitución”. ¿Y por qué no empezar por ahí, en vez de pedir hasta tres veces “diálogo” con los que se saltan la Constitución?

Lo que dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre perseguir los delitos

Volviendo a la Doctrina Social de la Iglesia, esto es lo que afirma sobre el deber del Estado a la hora de perseguir delitos:

“Para tutelar el bien común, la autoridad pública legítima tiene el derecho y el deber de conminar penas proporcionadas a la gravedad de los delitos. El Estado tiene la doble tarea de reprimir los comportamientos lesivos de los derechos del hombre y de las reglas fundamentales de la convivencia civil, y remediar, mediante el sistema de las penas, el desorden causado por la acción delictiva. En el Estado de Derecho, el poder de infligir penas queda justamente confiado a la Magistratura: «Las Constituciones de los Estados modernos, al definir las relaciones que deben existir entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, garantizan a este último la independencia necesaria en el ámbito de la ley».”

Ante un golpe de Estado, lo que yo espero de las autoridades es que reaccionen para garantizar el imperio de la ley e impedir que los golpistas se hagan fuertes y amenacen, con ello, el bienestar de los ciudadanos y la convivencia pacífica entre españoles. De hecho, el Estado tiene el deber legal y moral de hacer frente a quienes violan tan gravemente la ley, porque la ley nos obliga a todos. La CEE no ha dicho que la Constitución que se han saltado los separatistas sea una ley injusta e ilegítima, y por tanto, cabe exigir al Estado que haga respetar esa ley. Los separatistas catalanes ya han recibido numerosas ofertas de diálogo durante décadas, e incluso se les ha permitido saltarse los derechos constitucionales y las sentencias judiciales hasta hartarse, pero a pesar de ello han optado por saltarse la Constitución, empujando a la sociedad catalana a un grave conflicto civil. En este momento lo que resulta obvio es que el Estado no puede hacer respetar la ley si negocia su cumplimiento con quienes se la saltan. ¿Pedirían los obispos “diálogo” al Estado si me multase por no cumplir mis obligaciones fiscales, o por saltarme un semáforo en rojo y poner en riesgo a los peatones y el resto de conductores?

Profundamente decepcionado

Sinceramente, como católico me he sentido profundamente decepcionado con esta declaración de la Conferencia Episcopal. Ante un momento de tal gravedad esperaba, como muchos otros católicos, que nuestros obispos fuesen tan claros como Monseñor Ruini cuando dijo que “la unidad de Italia no se toca”. Esperaba que recordasen “esta antigua unidad espiritual y cultural de todos los pueblos de España” que la propia CEE recordó hace once años, y esperaba que advirtiesen que ninguna autoridad legítima puede saltarse las leyes, empezando por la Constitución que sancionó el pueblo español. Y en vez de eso, mucha ambigüedad, mucha equidistancia y mucha petición de “diálogo”. Lo dicho: decepcionante.

(Foto: Conferencia Episcopal Española)

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  1. Pensando

    Creo que están apoyando a los Obispos en Cataluña en su declaración del mes de mayo 2017 en que decían que Cataluña era nación y por tanto se le aplicaba el derecho de autodeterminación de los pueblos.
    El diálogo pasa por que el estado les reconozca ese derecho. Llevamos así 35 años. El auténtico diálogo sería hablar sobre la inmoral inmersión lingüística, del fascismo nazismo que se vive en Cataluña y el adoctrinamiento en la escuela, etc, etc.
    Pensaré si en mi próxima renta pongo la cruz.

  2. pacococo

    Cuando no se tiene , no se puede o no se sabe, decir algo ocn fundamento, entonces… Diálogo, diálogo y más diálogo.

    Eso queda muy bien de cara a los enemigos, pero de cara a la Iglesia queda fatal. Tú mismo lo dices, decepción. Y así estamos muchos que llevamos muchos años esperando que la jerarquía nos marque el camino. Pero en vez de marcar el camino, diálogo, mucho diálogo. ¿Sobre qué? No se sabe, pero diálogo.

    Me da la impresión que la secesión de Cataluña es irreversible. Si no en un año en dos o en tres o los que sean, pero al final se separarán y nos podremos dar con un canto en los dientes si no se van también los “países catalanes”.

    La constitución se hizo para “calmar” a los separatistas y cuando en vez de agradecerlo pidieron más, en vez de frenarlos se le dio más y cuando se saltaron las leyes, se les permitió. Y cuando el manso saco mayoría absoluta, con el mandato preciso y claro de devolver las cosas a su cauce, continuó con la política destructiva de su antecesor. Y ahora quiere solucionar el problema en un mes.

    Son los gobiernos los que favorecen esto y los separatistas lo que hacen es poner la imagen.

    Por eso, la jerarquía, que suele estar bien informada, se deja llevar por el viento, pensando en que, dado que oponerse es inútil, mejor salvamos los muebles.

    Pero eso tiene un problema, en Cataluña y vascongadas, no nos olvidemos de los vascos, el catolicismo es residual y los protagonistas políticos odian a la Iglesia. En el resto de España aún queda catolicismo, pero con tanta tibieza y tantos católicos decepcionados, ¿cuantos van a quedar?

    Pues eso tan evidente, no lo ven los obispos, que se suponen son muy inteligentes.

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