La del arco iris no es una bandera oficial: es la bandera de un lobby ideológico

Imponen a toda España una bandera que ni siquiera representa a todos los homosexuales

En estos días, como viene ocurriendo desde hace algunos años, numerosas instituciones españolas cuelgan en sus edificios una bandera multicolor que ni siquiera tiene carácter oficial.

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Un lobby que está consiguiendo que se lesionen derechos fundamentales

Se trata de la bandera que representa al lobby LGTB. Y digo lobby en su sentido de grupo de presión, ya que esa bandera ni siquiera representa a todos los que dice representar: homosexuales, bisexuales y transexuales. Y es que si la bandera diseñada en 1978 por Gilbert Baker se hizo con el teórico fin de pedir igualdad de derechos para esos colectivos, a día de hoy ese movimiento político está orientándose a obtener privilegios para sí mismo a base de lesionar derechos fundamentales. Un claro ejemplo de ello son las llamadas leyes LGTB que se han ido aprobando en diversas regiones españolas. En el caso de Madrid, la ley LGTB ataca derechos como la libertad de expresión, la libertad de educación e incluso la presunción de inocencia, al obligar a una persona acusada de discriminación a demostrar su inocencia frente a cualquier acusación sin pruebas.

Una justicia paralela para castigar el mero hecho de criticar una ley

Hay que recordar que cuando se debatía esta ley, una diputada de Podemos la defendió afirmando que la norma pretendía “transformar los marcos culturales, los marcos de pensamiento”. Es decir, que se trata de una ley que no se conforma con recortar nuestro derecho a la libertad de expresión, sino que además quiere imponernos a todos las opiniones de sus promotores. Ellos mismos han dado pruebas de ello. Cuando varios obispos católicos denunciaron que esa ley conculca derechos fundamentales, un grupo LGTB se apresuró a anunciar una querella contra ellos, y todo por algo tan legítimo y democrático como es criticar el contenido de una ley. Unos meses después, usurpando funciones exclusivas de los jueces para abordar los excesos en el ejercicio de la libertad de expresión, el gobierno de la Comunidad de Madrid (en manos del PP) multó a un director de colegio por criticar esa ley, una sanción que fue anulada por la Justicia por lesionar derechos fundamentales. Un año después el intento de censura se repetía cuando una asociación fue multada por publicar un libro que denuncia los excesos de esas leyes. Se da la circunstancia, además, de que ni la Fiscalía ni la Justicia habían detectado delito alguno en dicho libro.

Ser homosexual no implica suscribir la ideología progre del lobby LGTB

Lo que pretenden los partidos del consenso progre (PSOE, Podemos, PP y Cs) es que los homosexuales, bisexuales y transexuales, por el hecho de serlo, deben pensar de una determinada manera. Esos partidos son incapaces de entender algo tan obvio como que tener una cierta orientación sexual no significa suscribir una determinada ideología. Y digo ideología porque el proyecto que hay detrás de leyes como las citadas es un proyecto 100% ideológico. No se busca la igualdad de derechos, algo que ya existía en España antes de la aprobación de las leyes LGTB. Antes bien, esas leyes sirven para intentar imponernos una ideología abiertamente discutible. Se trata de una ideología progre que ni siquiera admite la posibilidad de que un homosexual esté descontento con su orientación, pero al mismo tiempo reclama programas para fomentar en las escuelas que los niños abracen la homosexualidad e incluso la transexualidad, a edades en las que ni siquiera han llegado a la pubertad y ofreciéndoles terapias irreversibles cuando aún no tienen la madurez suficiente para tomar una decisión que cambiará el resto de sus vidas.

Acusan de ‘homofobia’ incluso a homosexuales que discrepan del lobby LGTB

A los que rechazan que se usen los colegios para promover estas cosas les acusan de “homofobia”, una palabra-policía que se usa para criminalizar a todo el que no suscribe ese proyecto ideológico, incluso a los homosexuales que se oponen a él. En marzo de 2015, dos homosexuales famosos, los diseñadores de moda italianos Domenico Dolce y Stefano Gabbana, defendieron la familia natural y rechazaron la adopción de niños por parejas homosexuales. En un ataque directo a la libertad de expresión y a la libertad de pensamiento, el lobby LGTB lanzó contra ellos una campaña de boicot acusándoles de “homofobia”. El lobby progre que se atribuye la representación en exclusiva de todos los homosexuales es tan alérgico a la libertad de opinión que hoy el diario socialista El País entrevista a cuatro homosexuales que votan a Vox y que discrepan de ese lobby LGTB, presentándolos como unos bichos raros: “¿Qué lleva a un homosexual a votar a un político que quiere quitarle derechos?“, se pregunta el diario en la entradilla. La pregunta debería ser otra: ¿por qué un homosexual, por el mero hecho de serlo, ha de apoyar a un lobby ideológico progre que quiere recortar su libertad de expresión?

¿Lo próximo será decir que los comunistas representan a todos los obreros?

Aceptar la idea de que el lobby LGTB represente a todos los homosexuales, bisexuales o transexuales e imponga su bandera en las instituciones es tan absurdo como decir que los comunistas representan a todos los obreros y los nacionalistas a todos los catalanes, y que hemos de aceptar la bandera comunista y la separatista en los edificios que pagamos todos. De hecho, esta misma manipulación se está dando ya en Cataluña, donde las esteladas separatistas se izan en edificios oficiales y los lazos amarillos a favor de los presos golpistas se colocan en administraciones públicas. La Justicia ha rechazado eso por tratarse de símbolos partidistas. ¿Por qué hemos de aceptar, entonces, la exhibición en nuestros edificios públicos de la bandera de un lobby ideológico que ni siquiera representa a todos los que dice representar?

Foto: Europa Press. Izado de la bandera del lobby LGTB esta mañana en el Parlamento de Andalucía. El único partido que se ha ausentado de este acto de imposición ha sido Vox.

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Comentarios (Blog):

  1. Sharovarov

    El alcalde de Madrid la ha puesto, pero la ha orillado claramente. El PP nunca cambiará, y de una u otra manera siempre discriminará a los gais.

    (Pensamiento Progre: OFF)

  2. bilbaino

    Colocar esas banderas es ilegal.

    La ley 39/1981 no contempla que banderas privadas puedan ondear en los edificios públicos junto a las banderas oficiales (nacional, autonómicas o municipales).

  3. bilbaino

    Colocar esas banderas es ilegal.

    La ley 39/1981 no contempla que banderas privadas puedan ondear en los edificios públicos junto a las banderas oficiales (nacional, autonómicas o municipales).

  4. bilbaino

    ¿Por qué hemos de aceptar, entonces, la exhibición en nuestros edificios públicos de la bandera de un lobby ideológico que ni siquiera representa a todos los que dice representar?

    Precisamente por eso, porque es un lobby. Ser un lobby supone conseguir subvenciones, privilegios legales, o que, como en este caso, pongan tu bandera en los edificios públicos, el sumun de la capacidad de presión a los representantes públicos.

    Esto daría para un debate sobre la corrupción legalizada: La extracción de riqueza a una parte de la población para dársela a otra parte a cambio de amarrar su voto, sobre redes clientelares,…

  5. Luna

    Dicen que para hablar de forma inclusiva hay que referirse indefectiblemente a los dos (o doscientos) sexos en cada palabra y cosa que se dice: miembro/miembra y todo eso, ¿no? Pues ahora tocan los balcones inclusivos. Para representar a los lgtbiq y los no+lgtbiq tendrían que poner una bandera del arco iris y al lado otra tachada, es lógico.

    Aunque el concepto a estudiar es un vexilosemáforo* que vaya cambiando con un tiempo otorgado a cada bandera. Así tenemos el ámbar, el estadío de transición provocado por los nuevos intentos educativos de apoyo a la transexualización de menores. Todo muy completo y muy progre.

    A quien me responda que todo esto es tontería le puedo decir que la última solución será decir que no somos. Y ya está, fijaos que se acaba toda la polémica con negar toda esencia y existencia: Ya ni gay ni nogay ni nadená. Y a los nadená nos están llevando.
    ——————————
    *en memoria de nuestro querido Forges y sus celebrados “forgendros”

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