Escandalosa claudicación del grupo que intentó controlar la oposición al 1-O

Si SCC no quiere decir que ‘no’ a 2 millones de totalitarios, ¿cuánto cedería ante 17 millones?

El año pasado denuncié aquí las cosas que estaba haciendo Societat Civil Catalana (SCC), dando la espalda y luego intentando controlar y desactivar a la oposición cívica al golpe del 1-O.

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El veto de SCC a Hablamos Español: ¿otra rebelión cívica que se intenta desactivar?

SCC dice ahora que no se puede decir ‘no’ a dos millones de separatistas

Tristemente, podría decir que me quedé corto, a juzgar por la entrevista concedida a Europa Press por el presidente de SCC, Fernando Sánchez Costa, que fue diputado autonómico del Partido Popular en Cataluña entre 2012 y 2015. Atentos a su argumento: “Las personas somos seres de sentido y tú a dos millones de personas no les puede decir: ‘No, lo que has hecho no tiene ningún sentido durante seis años. El ‘procés’ independentista, todas tus movilizaciones, todo esto no ha valido para nada’. Eso no lo puedes decir porque no va a ser aceptado y no puede ser asumido ni psicológica ni políticamente”. Sánchez también ha apoyado que se transfiera el cobro de impuestos del Estado a Cataluña, con este argumento: Si el dinero está en Madrid, la culpa siempre es de Madrid. Por lo tanto, es bueno asumir responsabilidad aquí“.

A quienes se saltan las normas de convivencia hay que decirles un ‘no’ rotundo

Los argumentos que maneja el presidente de SCC no sólo son peligrosos, sino que además tienen muy conocidos antecedentes históricos de los que deberíamos haber aprendido. Y es que básicamente, lo que viene a decir el presidente de SCC es que no puedes contradecir a millones de personas, y que hay que apaciguar a los totalitarios para que su demagogia deje de crecer. Pues no. Si dos millones de catalanes han decidido que es legítimo saltarse a la torera las normas de convivencia que los propios catalanes aprobaron por abrumadora mayoría en 1978, y creen que hay que dejar en suspenso los derechos de una parte de la población por hablar español o por no ser separatistas, y creen que es legítimo desobedecer las sentencias judiciales y las leyes que a los separatistas no les gustan, entonces esos dos millones de personas se equivocan, porque están asumiendo planteamiento genuinamente totalitarios. A quienes se saltan las normas de convivencia hay que decirles un “no” rotundo, sea media docena o sean dos millones.

La mayoría no tiene la razón cuando intenta oprimir a una minoría

Tal vez a algunos les incomode leerlo, pero después de tantos años soportando todo tipo de falacias, ya va siendo hora de recordar algunas verdades: una multitud no siempre tiene la razón, ni aunque sea mayoría. Cuando una multitud, sea de dos millones, de tres o de diez, decide que el marco constitucional les trae el pairo y que los derechos fundamentales de sus vecinos deben ser recortados, lo que es multitud está apoyando se llama dictadura. Por otra parte, si hay algo que la historia nos ha mostrado, especialmente durante el siglo pasado, es que apaciguar a los totalitarios sólo sirve para que se sientan crecidos y pidan más. No se puede ceder ni actuar con debilidad ni tibieza ante quienes no respetan los derechos más básicos de sus semejantes. Todo pueblo tiene unas obligaciones, y una de ellas consiste en velar para que una multitud -incluso una mayoría- no se dedique a violar los derechos del resto de la población.

Unos antecedentes históricos que parecen haber olvidado en SCC

Si SCC recula como lo hace ante dos millones de totalitarios en Cataluña, cabe preguntarse hasta dónde habría reculado si los totalitarios fuesen 17 millones. No he escogido la cifra al azar. Hace muchos años, 17 millones de personas apoyaron en las urnas a un partido que proponía liquidar los derechos de las minorías. Esos 17 millones de personas eran el 43,91% de la población de su país. Esos votos, unidos a los de 3 millones más que votaron a un partido con unos planteamientos similares, dieron paso a una dictadura que empezó a aprobar leyes según las cuales determinadas personas tenían menos derechos humanos que el resto. Al cabo de unos años, ese régimen totalitario desencadenó a uno de los más horrendos genocidios de la historia de la humanidad: el Holocausto. Después de aquella experiencia, gran parte del mundo se dio cuenta de que había que poner unos diques jurídicos frente a los posibles abusos de las mayorías. Lamentablemente, parece que algunos han olvidado aquel horror y están volviendo a asumir la peligrosa idea de que no se puede contradecir a las masas y de que hay que apaciguar a los totalitarios. Ante esto sólo nos cabe recordar la historia con más insistencia y defender con más firmeza todavía que a los totalitarios no se les debe complacer: hay que oponerse a ellos.

Foto: David Ramos.

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  1. Luna

    Lo más alucinante de este asunto es cómo ha calado esta mentira de los dos millones de catalanes “que votan” al separatismo, “que son separatistas” o como se quiera ver. Esto no tiene nada que ver con la realidad, está mucho más “cocinado” que las estadísticas del CIS de Tezanos y no tenemos que tragarnos semejante trola.

    Se dieron unas elecciones autonómicas corrientes y molientes, al Presidente de la Generalidad y al Parlamento Autonómico les dio por decir que eran “plebiscitarias” por la mismísima cara (y yendo contra toda ley y contra la Constitución)y convocándose como autonómicas normales -lo otro es sencillamente imposible- como el resultado fue bueno para los separatas, anunciaron tras el escrutinio “que los catalanes en masa hemos votado la independencia”. La realidad era que “muchos” catalanes habían votado a CIU y ERC, con una abstención que pudo superar el 45% del censo electoral. Y además hace la tira de años, fue cuando salió Artur Más.

    Que luego llegan otras, después del “procès” ilegal, gana Ciudadanos tras hacer la oposición más furibunda al separatismo y sus ilegalidades, pero no gobierna. Y además cae en el olvido y en la omertá, no vaya a ser que la democracia resulte perjudicial…

    ¿Qué nos queda? Podéis elegir: Las estimaciones de medios como TV3 o los Mozos de Escuadra sobre asistencias a las manifestaciones del 11 de septiembre, o la proclama de los resultados del escrutinio del referéndum ilegal, donde tampoco se llegó a tener tanta caradura como para suponer que dos millones de chalaos habían votado que sí porque el sainete fue demasiado ridículo.

    No. Mejor dicho, nos queda muchísimo menos que eso. Si pudo haber un momento de fervor y exaltación con toda aquella performance, se deshinchó en dos segundo críticos en esta historia. Cuando el traidor Puigdemont proclamó “algo” (y nadie sabe en el fondo ni qué era) para dejarlo suspenso en la frase siguiente de su discurso. Luego vino su fuga, posterior fracaso electoral y una decepción tras otra. Y a partir de ahí, que si “lo volveremos a hacer” (no sé que, el ridículo o algo así, porque no lo hicieron), que si la fuga de empresas, que si la caída económica de una región riquísima, el paro de los autónomos del que absolutamente nadie habla… Y claro, el fervor y la furibundia bajan. Se intenta mantener a base de promesas de futuro y nuevas convocatorias, calendarios repetitivos, “diadas” y todo lo que se quiera, pero cada vez hay menos partidarios de la independencia. Y como nunca llegaron a un millón de personas, la resta es evidente.

    En la década de los 80 corrió el ufano lema de “som 6 millions”, que Jordi Pujol mandó estampar en millones (quizá 6) de pegatinas con las que se empapeló el universo mundo. No veréis hoy ninguna de ellas, no sea el caso que alguien recuerde que no somos sólo dos millones de catalanes, y que estando la mentira a todo meter, quedan cuatro que no son separatistas.

    Estooo. ¿Cuántos millones de personas votaron al PP, al PSOE, a C’s o [email protected] en las últimas elecciones?. O yo qué sé… ¿Sabéis que hay más de 2 millones de personas con hernia de hiato, congestión nasal o cefaleas en España?. Para ser más precisos: 2 millones de personas son las que tienen asma en nuestra nación.

  2. Lorenzo

    ‘Una multitud no siempre tiene la razón, ni aunque sea mayoría”.
    Exacto. Y la prueba está en que gracias a la multitud que vota al PSOE y al PP, España va a la ruina moral y política.

  3. Sharovarov

    Efectivamente, como he dicho alguna vez, la mayoría, sólo por el hecho de serlo, no tiene por qué llevar razón, ni tiene por qué defender ni lo bueno ni lo justo.

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