¿Quién nos reescribe de nuevo nuestra historia?

Por Małgorzata Wołczyk

¿Pelo? ¿Pero qué se puede hacer con el cabello humano? – preguntó impactado Josep Borrell al visitar un campo de exterminio, uno de los que los nazis instalaron tan abundantemente en Polonia. La respuesta que obtuvo mirando hacia una tonelada de pelo humano fue esta: “El cabello no absorbe la humedad, por lo que fueron utilizados para hacer colchones para los marinos en la Armada del Tercer Reich”.

Me pregunto cuantas cosas siguen inimaginables para un europeo promedio, incluso de la Eurocámara, de esas que conoce demasiado bien cada polaco debido a la barbarie de aquellos nuestros ocupantes. De pequeños ya en la escuela secundaria nos habíamos enterado aún más sobre que los alemanes eran tan “creativos” que las pantallas de las lámparas de alta calidad las fabricaban con piel humana procedente de los prisonieros. Dolía mucho saber de lo que era capaz de hacer el ser humano. Al fin y al cabo mis compatriotas fueron el segundo grupo nacional más grande exterminado en los campos de la muerte como Auschwitz (los judíos consituyeron el 85% de las víctimas, los polacos el 10,8% y el 4% los demás: gitanos, homosexuales y otros) y que de cada 5 ciudadanos polacos, uno perdió la vida durante la Guerra.

No quisiera ser mal interpretada: no digo esto para señalar la falta de conocimiento de cualquiera, ya que es simplemente imposible para un español promedio saber cómo funcionaba la industria de la muerte creada por los nazis en mi tierra.

¿Conocen ustedes muy bien este sentimiento cuando alguien les reescribe la historia y crea una narrativa para la cual los hechos reales no concuerdan? Claro, la ley de memoria histórica es el paradigma de esa obsesión de cambiar historia post factum. Lo mismo nos pasaba a nosotros los polacos, ya que durante 40 años estaba prohibido contar la historia verdadera. En la educación, en los medios, en “el aire” solo existia una versión aplicable, reconocida e impuesta por los rusos. Nací cerca del gran campo de exterminio de Majdanek, donde los hornos crematorios están bien conservados. Y aunque les resulte difícil de creer, en este mismo campo los soviéticos, que supuestamente “nos han liberado a nosotros polacos de los nazis”, consiguieron encarcelar a cientos de nuestros soldados del Ejercito Clandestino AK antes de llevarles directamente al Gulag. Vaya sorpresa, ¿no? Éramos liberados, como no, por el Ejército Rojo con el simple resultado de cambiar el propietario de la cárcel y tener otro verdugo hasta 1989. Nuestra historia está llena de suspenses de tipo Hitchcock, pero como no tenemos Hollywood poca gente se entera de esto.

Nosotros los polacos y vosotros los españoles, que estamos en las antípodas de Europa, tenemos a los guardianes de memoria más potentes. Y ellos saben mejor lo que se puede memorizar y lo que hay que olvidar.

¿La justicia alemana de Schleswig-Holstein negó la rebelión y dejó en libertad a Puigdemont? No nos extraña nada. Hemos pasado por eso con un caso mil veces más horrible. Durante décadas hemos pedido sin éxito una extradición de un criminal de guerra, el infame Heinz Reinefarth, el verdugo responsable de la muerte de 50 000 civiles en Varsovia (se dice que bajo su mando hasta 100 000) en tan solo unos pocos días durante el Levantamiento de Varsovia. Después de la guerra fue elegido alcalde del pueblo de Westerland en Schleswig, y luego fue elegido miembro de la Asamblea de Schleswig-Holstein. Incluso le otorgaron una pensión de General y el reconocimiento de su grado militar. Seguro, nada que comparar entre un verdugo y un golpista poco serio, pero la superioridad moral contra cual hemos chocado es la misma: “nosotros sabemos mejor si es culpable o no”… “Nosotros sabemos mejor cuál fue la historia…”

¿A quien le importaría la verdad si la mentira se vende muy bien y en triple envoltorio? ¿Para qué sirve contar las atrocidades de los nazis o de los soviéticos del pasado reciente si es mejor contar las crueldades cometidas por los conquistadores españoles hacia los muy buenos salvajes, por supuesto bien educados? ¿Y para qué recordar lo que ha pasado en las checas si se puede contar lo despiadados que eran los españoles ,quienes construyeron ayuntamientos, escuelas, e iglesias en el Nuevo Mundo, esos campamentos que eran más severos que los Gulags?

La vie est belle, n’est-ce pas españoles? Entonces sentémonos y que nos cuenten una historia alternativa tal y como lo hizo Tarantino en su ultima pelicula Érase una vez en Hollywood

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