Hablemos de curas

Pertenezco a una profesión cargada de suerte. Ser diseñador tiene la ventaja de que si estás un poco pirado (siempre me encuentro con uno así cuando me acerco a cualquier espejo) no quedas como un loco, sino como un excéntrico. Si un diseñador es un canalla, no creo que a nadie le dé por pensar que todos los diseñadores son unos canallas. Y es que entre los diseñadores, como parte de la sociedad que somos -aunque sea una parte rara-, hay de todo: buenos y malos, honrados y perversos, cuerdos y majaras. Ser cura es más complicado. Ante unos, porque odian no lo que eres, sino lo que representas. Ante otros, porque creyendo en lo que representas, te idealizan y olvidan que también eres humano, y si les defraudas dejas en ellos una herida muy profunda.

Yo he conocido todo tipo de curas: alguno que otro me defraudó, los más pasaron por mi camino sin generar ninguna reacción, y otros, de los que me acuerdo bien, se merecen adjetivos que no otorgaría a ningún diseñador, porque ser diseñador es un trabajo por el que te pagan, y lo que algunos curas hacen por los demás no hay oro en el mundo capaz de pagarlo.

En estos tiempos comprender a un joven que lo deja todo y entrega su vida a Dios, o a algún que otro señor que ya hace décadas que peina canas y que lleva la mayor parte de su vida en el sacerdocio, en fin, como que es algo chungo, muy chungo. Y es que en una sociedad donde la razón empieza a brillar por su ausencia, ¿cómo comprender algo que escapa incluso a los límites de la razón? Los más vivimos pendientes de cosas que no son tan importantes como creemos y sólo nos acordamos de lo que importa de veras cuando estamos a punto de perderlo… todo. Y esto, por suerte, no ocurre muy a menudo, así que mientras no pasa, podemos distraernos con las mil chorradas que encontramos por el camino y en las que ponemos nuestra esperanza de ser felices o, a lo sumo, de pasar entretenidos un rato. Hablarnos a nosotros de un cura como Pablo es, a veces, como hablarle a una pared. Ya no te digo pedirnos a los que comunicamos cosas que hablemos de esos curas. ¡Eso es ya pedir que las paredes hablen! Pues hoy, en fin, a esta pared le ha dado por hablar de curas.

Un lector me pedía anoche que hablase de una película, “La última cima”. Y hete que el friqui vigués se topa con una película que no va de dragones, ni de elfos, ni de naves espaciales, sino de… ¡curas! ¡Qué rollo! ¿No? Por aquello de no ser descortés, empecé a ver ese vídeo. Y después de verlo aquí estoy, a las tantas de la madrugada, escribiendo una entrada sobre curas. Sobre tipos que lo dejan todo por Dios. Sobre personas que renuncian a su vida para llevar esperanza a los demás. Sobre gente de carne y hueso que para nada tiene que ver con esa imagen demonizada que tienen algunos de los sacerdotes.

Yo ya he visto pelis a patadas en las que se hablaba mal sobre los curas. Por una vez me apetece ver una que vaya contracorriente, que nos cuente cómo era un cura que no era famoso hasta que, con 42 años, murió en la cima de una montaña, el sitio más próximo a las estrellas. Ya he enviando un mensaje a la web de la productora pidiendo que la estrenen en Vigo. Si me lee más gente de Vigo, o si quieres que también se estrene en tu ciudad, envía tu petición pulsando aquí. Puedes encontrar más información sobre la peli en www.laultimacima.com.

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Comentarios (Blog):

  1. Siempre hemos dado por sabidas las cosas buenas que hacen los curas, pero ahora es necesario contarlas.

  2. Con tú permiso Elentir, y debido al tema que tocas, os enlazo con una entrada de mi blog en el que se habla de sacerdotes. Creo que viene muy a cuento hablar de curas en éstos tiempos.

    Gracias por quitarte tiempo de tu sueño para hablarno de Pablo.

  3. Es lo mínimo que puedo hacer, Batecado.

  4. Yop

    A un cristiano joven como yo, le animan mucho estas cosas.

    Gracias.

  5. DJS

    Gracias por la entrada, Elentir.

    Hablar de curas está de moda, particularmente para denigrarlos, en el sentido de elevar a la generalidad ciertos comportamentos inaceptables de una insignificante minoría. Hace poco un sacerdote de Angola escribía al New York Times una carta en la que describía el día a día de algunos sacerdotes en Angola. Que yo sepa, NYT no la publicó por no considerar el relato “noticia”.

    No he visto aún la película, pero sí conozco algo la trayectoria del personaje. Avanzo que no soy partidario del “cura superstar”, particularmente cuando el modelo que nos propone el Papa en este Año Sacerdotal sea la figura del humilde Santo Cura de Ars, pero Pablo fue un cura que sirvió a muchos y dejó su sello en sus vidas; como muchos otros curas, por otra parte. Si esta película ayuda a conocer mejor la labor de los muchos curas comprometidos con su vocación, bienvenida sea. Laus Deo.

  6. Muchas gracias por esta especial animación a pedir la película, y con este punto de vista distanciado y no sospechoso. Decirte que Vigo está entre las ciudades que más está pidiendo la película, y que es muy probable que salga, pero mientras, anima a que la pidan en la página web que dijiste, es un trabajo de boca a boca, de gente común, nadie con un gran respaldo está detrás.

    Un saludo, y gracias

  7. Película genial. La he visto ya dos veces y en las dos me he emocionado. El testimonio de vida de Pablo Domínguez es todo un impulso para vivir el sacerdocio desde la cercanía, alegría, humor, disponibilidad…Aconsejo la película a jóvenes y adultos, especialmente personas alejadas de la Iglesia. A todas las personas les puede hacer mucho bien. Por cierto, a ti que me lees, te digo: si me necesitas,pidémelo. Visita mi blog donde comento algo de la película: pastoryhermano.com
    Julio Roldán
    [email protected]

  8. C.C

    Vi la pelicula por recomendacion de un primo sacerdote,me encantó.Es gratificante,que a tanta gente le guste algo ,que en teoria ,no está de moda.Dar la vida por los demás .
    !Que estravagancia!!!
    Una vida edificante,que gran ejemplo!
    Para pensar….

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