Aunque alejados geográficamente, ambos países han coincidido muchas veces

Polonia y España: los vínculos históricos entre dos grandes Naciones de Europa

El 11 de noviembre es una jornada especial, no sólo porque recordamos el fin de la Primera Guerra Mundial en 1918, sino también porque ese día Polonia recuperó su independencia.

España también celebrará el centenario de la recuperación de la independencia de Polonia
Polonia premia a los miembros del grupo español de recreación ‘Poland First to Fight’

Hoy Polonia celebra los 100 años de la recuperación de su independencia nacional. Además de felicitar en este día a todos los amigos polacos de Contando Estrelas, quiero aprovechar la ocasión para mostrar los múltiples lazos que han unido a nuestras dos grandes Naciones en la historia.

Dos Naciones con el Catolicismo como seña de identidad

La historia del pueblo polaco está íntimamente ligada a la religión católica. El primer monarca de los polacos, el duque Mieszko I, fue bautizado en el año 966 y con él su pueblo, antes pagano, se convirtió al catolicismo, adoptándolo como una de sus señas de identidad como Nación (el Rey visigodo Recaredo I había hecho lo mismo en España en el año 589). Sin duda, el aspecto religioso es en el que Polonia y España tienen más similitudes. Las dos Naciones tienen como patrona a la Inmaculada Concepción, por la que ambos pueblos han profesado mucha devoción, y que fue protagonista de una aparición en la Polonia entonces ocupada por Prusia en 1877.

Así mismo, en ambos países hay una gran devoción por Santiago Apóstol: a finales del siglo XVIII ya había en Polonia 155 iglesias dedicadas al santo. En Polonia ya había peregrinaciones a Santiago de Compostela en la Edad Media, a través del llamado Camino Alto, que pasa por las ciudades polacas de Gdansk y Szczecin. En España se conserva documentación sobre la llegada en el siglo XIV de peregrinos polacos como Estanislao de Vedereke, Francisco de Schubyn, Clemente de Mocrsco y Jacobo Cztan de Rogow. La devoción por Santiago en Polonia fue avivada de nuevo en el siglo XX por el Papa polaco San Juan Pablo II con motivo de sus visitas a Santiago de Compostela en 1982 y 1989. Dicho sea de paso, el Papa Woytyla profesó un gran amor a España, a la que denominó “Tierra de María”. La visitó en cinco ocasiones, siendo uno de los cinco países a los que más viajó durante su pontificado. Actualmente, en el Monte del Gozo, cerca de Santiago, hay un Centro de Peregrinación que recibe el nombre de “Juan Pablo II” y que está atendido por un sacerdote polaco, el padre Roman Wcisło, un hombre nacido en la Galicia polaca y que ahora desarrolla su actividad pastoral en la Galicia española.

El Papa polaco San Juan Pablo II llegando a la Catedral de Santiago de Compostela en 1982, durante su primer viaje a España.

El refugio de los judíos expulsados del resto de Europa

Polonia fue durante mucho tiempo un refugio para la tolerancia religiosa en Europa. Los judíos habían sido progresivamente expulsados del resto del continente: Francia (1182), Inglaterra (1290), Austria (1421), España (1492), Sicilia (1493), Lituania (1495), Portugal (1497), Navarra (1498)… Pero encontraron un refugio en Polonia, que acabó acogiendo a la mayor comunidad judía de Europa. A mediados del siglo XVI el 80% de los judíos de todo el mundo vivían en Polonia. Algunos judíos españoles, conocidos como sefardíes (“sefardyjczycy”, en polaco), se instalaron en el sur de Polonia, en una región cuyo nombre coincide con el de una región española: Galicia.

Polonia y España: dos países que nunca se han declarado la guerra

En el siglo XVI Polonia entabló relaciones diplomáticas con la Monarquía hispánica, de la mano de Jan Dantyszek, conocido en España como Juan Dantisco. Las dos Naciones mantuvieron unas amistosas relaciones diplomáticas entre los siglos XVI y XVIII. De hecho, a pesar de que la historia de Europa ha estado plagada de guerras (tanto Polonia como España han estado alguna vez en guerra con todos sus países vecinos, si exceptuamos el Principado de Andorra), se da una curiosa circunstancia: ambas Naciones nunca han estado en guerra entre sí, ni tan siquiera en coaliciones enfrentadas, aunque a veces súbditos de ambos países sí que combatieron en bandos enemigos a modo de voluntarios.

Una representación artística de los húsares alados de Jan III Sobieski, Rey de Polonia, que tuvieron una intervención decisiva en el Sitio de Viena de 1683, ayudando a detener la expansión turca por Europa.

Un Rey polaco, hijo de un hispanista, que salvó a Europa de una invasión turca

Otro de los parecidos entre Polonia y España ha sido su condición de Naciones defensoras de las fronteras de la Cristiandad, con la Reconquista en el caso español y con la lucha contra los turcos en el caso polaco. Durante los siglos XVI y XVII, la Mancomunidad formada por el Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania fue una de las grandes potencias de la Europa Central. En 1683 los húsares alados del Rey polaco Jan III Sobieski fueron decisivos en la derrota de los otomanos en el Sitio de Viena. Si no hubiese sido por ellos, el Imperio musulmán se habría extendido por toda Europa central y tal vez hoy la Europa cristiana no sería más que la sombra de lo que es. Es una victoria que todos los europeos tenemos que agradecer a nuestros hermanos polacos. Y un dato curioso: el padre de ese Rey polaco, Jakub Sobieski (1590-1646), fue un famoso hispanista y peregrinó a Santiago de Compostela en 1607, visitando Pamplona, Estella, Oviedo y Padrón, además de la ciudad del Apóstol, que le dejó maravillado.

María Amalia de Sajonia: una Reina polaca para España

En 1738 España y Polonia tuvieron un particular acercamiento por la vía matrimonial: ese fue el año en el que un madrileño, el entonces Rey Carlos VII de Nápoles y futuro Carlos III de España, se casó con una princesa polaca: María Amalia de Sajonia, la cuarta hija del entonces Rey de Polonia, Augusto III, y de Maria Józefa Habsburżanka, a su vez hija del Emperador José I de Habsburgo. Aunque fue un matrimonio concertado, ambos acabaron siendo una pareja feliz y Carlos estuvo muy enamorado de Amalia, a la que consideraba un ángel. El Rey siempre le fue fiel y nunca tuvo amantes (algo infrecuente en la época). Tuvieron nada menos que trece hijos: el sexto de ellos se convirtió en el Rey Carlos IV de España. Tristemente, ella murió un año después de llegar a Madrid, en septiembre de 1760, a causa de la tuberculosis. El monarca español confesó: “En 22 años de matrimonio, éste es el primer disgusto serio que me da Amalia”. Muy afectado por la muerte de Amalia, Carlos III nunca se volvió a casar. Los restos de aquella Reina polaca de España descansan hoy en el Panteón de los Reyes de España en el Monasterio de El Escorial.

María Amalia de Sajonia en un cuadro pintado por Luis Silvestre el Joven en 1738, cuando esta princesa polaca se casó con el entonces Rey Carlos VII de Nápoles, futuro Rey Carlos III de España.

Sólo una Nación protestó contra las Particiones de Polonia: España

Lamentablemente, las divisiones internas debilitaron a la Mancomunidad Polaco-Lituana en el siglo XVIII. En 1772 rusos, austriacos y prusianos pactaron repartirse una parte del territorio de Polonia, empezando una progresiva disolución del país. Sólo un monarca europeo protestó contra esa afrenta hacia los polacos: el Rey Carlos III de España. La Segunda Partición de 1793 dejó el territorio polaco reducido a la mitad. Finalmente, en 1795 el Reino de Prusia, el Imperio austriaco y el Imperio ruso se repartieron lo que quedaba del país, borrando a Polonia del mapa durante 123 años. Uno de los últimos embajadores que dejaron Polonia tras su desaparición fue el de España, Domingo de Iriarte.

Jinetes polacos hablando con un paisano español durante una misión de reconocimiento. Cuadro del pintor polaco Juliusz Kossak (1875).

La caballería polaca en España: de la Guerra de la Independencia a la Primera Guerra Carlista

Confiando que Napoleón les ayudaría a recobrar su independencia, muchos polacos apoyaron al Emperador francés y acabaron combatiendo en la Guerra de Independencia de España contra los españoles. La caballería polaca alcanzó en España una de sus victorias más asombrosas, con su temeraria carga en la Batalla de Somosierra. A pesar de ser enemigos, polacos y españoles tuvieron una relación curiosa en esa guerra, sobre la que ya hablé aquí.

Tras la derrota de Napoleón, los polacos no se quedaron de brazos cruzados. El 29 de noviembre de 1830 estalló en Varsovia el conocido como Levantamiento de Noviembre, contra el dominio ruso en la zona oriental de la antigua Polonia. Esta revolución dio lugar a una guerra que duró casi un año y que acabó con la derrota de los polacos, tras la cual muchos de ellos se marcharon a Francia. Algunos acabaron alistándose en la Legión Extranjera, fundada en 1831, y así fue como un Regimiento de Lanceros Polacos acabó luchando nuevamente en España, esta vez durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), apoyando a los partidarios de Isabel II. En Polonia hubo más levantamientos en 1846, 1848 y 1863. El espíritu indómito de los polacos incluso se plasmó en un levantamiento en 1866 por parte de 700 polacos que habían sido deportados a Siberia por los rusos.

Joaquín Albert de Alvarez, en 1863: “¿Cómo los descendientes de los héroes del 2 de mayo habían de dejar de simpatizar con los valientes hijos de Kosciusko?”

A propósito del Levantamiento polaco de 1863, el historiador español Joaquín Albert de Alvarez escribió lo siguiente en su libro “Revolución de Polonia”, publicado en Barcelona ese mismo año: En España, la nación hidalga por excelencia, la causa de Polonia ha inspirado quizá un sentimiento de interés más general, que en ninguna otra nación de Europa, y añadía: “¿No existe cierta afinidad entre la revolución polaca de 1863 y la revolución española de 1808?… ¿Cómo los descendientes de los héroes del 2 de mayo habían de dejar de simpatizar con los valientes hijos de Kosciusko? Es imposible que no se quieran dos naciones que han pasado por pruebas análogas y que han empuñado las armas en épocas aciagas impulsadas por un mismo sentimiento”.

La diplomacia española en Polonia antes de la recuperación de su independencia

Significativamente, aunque Polonia había dejado de existir como país independiente, España mantuvo un Consulado en Varsovia entre 1878 y 1913, que fue ocupando diversas sedes. Tras la recuperación de la independencia de Polonia, el país restableció sus relaciones diplomáticas con España el 30 de mayo de 1919, instalándose la primera delegación diplomática española en el Hotel Bristol de Varsovia. Meses antes ya funcionaba una Delegación Polaca en Madrid, con sede en la calle Marqués del Riscal número 4, que facilitaba documentos a los polacos residentes en España.

Escena de la película “Bitwa Warszawska 1920” (La Batalla de Varsovia de 1920), sobre la Guerra Polaco-Soviética. El capellán militar Ignacy Skorupka animó a los soldados polacos a luchar empuñando un crucifijo. Murió en el combate de Ossów el 14 de agosto de 1920. Fue la primera escaramuza que terminó en victoria polaca durante la ofensiva soviética que fue desbaratada el 15 de agosto en Varsovia, lo que hoy se conoce en Polonia como el “Milagro del Vístula”.

La Guerra Polaco-Soviética: un profético telegrama en un diario español

Uno de los conflictos más decisivos -y a la vez más olvidados- de la historia de Europa tuvo lugar entre 1919 y 1921: la Guerra Polaco-Soviética, que fue el primer conflicto internacional provocado por el expansionismo comunista. Aunque España estaba lejos del teatro de operaciones, la prensa española siguió la evolución de las hostilidades a diario. El 12 de agosto de 1920, con los bolcheviques a las puertas de Varsovia, el diario Abc de Madrid publicaba una profética nota polaca recibida mediante telegrama en la ciudad de San Sebastián: si hoy peligra la libertad de Polonia, mañana peligrará la de otros muchos pueblos, pues la victoria de los bolcheviques en las orillas del Vístula constituiría grave amenaza para la Europa occidental. Una nueva guerra mundial, a juicio del Consejo polaco, se cierne sobre los pueblos que no oyen la voz de la humanidad, de la verdad y de la justicia. Si esos pueblos tienen miedo a ir a la guerra, la guerra irá a ellos como ha ido a Polonia, y se encontrarán sin medios de defensa contra el ataque”. El telegrama terminaba advirtiendo que “en las orillas del Vístula se decide hoy más, mucho más que la suerte de Europa”. A pesar de las advertencias, Polonia se quedó prácticamente sola, pero contra toda esperanza los polacos lograron vencer a los soviéticos coincidiendo con el día de la Asunción de María, el 15 de agosto, algo que en Polonia se vio como un milagro. El 20 de agosto, Abc daba noticia de la contraofensiva polaca.

Un caza polaco PSW-10, con indicativo ‘Chiquita 4-1’, perteneciente a la aviación nacional en 1937. Gracias a las gestiones del agregado militar de Polonia en España, que era favorable al bando nacional, éste compró a Polonia 20 unidades de estos cazas, por intermediación de Portugal. Los aviones fueron desembarcados en el puerto de Vigo y ensamblados por trabajadores polacos de la empresa PZL (Ilustración de Marek Rys).

Los polacos y la Guerra Civil española

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), una de las Brigadas Internacionales que lucharon en el bando republicano, la 150, estaba compuesta mayoritariamente por comunistas polacos. En Polonia se les conoce como los “Dąbrowszczacy”, pero allí no tienen muy buen recuerdo de ellos porque su jefe, Karol Świerczewski, había sido un traidor a Polonia (luchó junto los bolcheviques en la Guerra Polaco-Soviética), y tras la Segunda Guerra Mundial colaboró con la dictadura comunista instaurada por Stalin, dictando 68 sentencias de muerte por motivos políticos.

Durante la Guerra Española, Polonia vendió armamento a ambos bandos, desde fusiles y granadas hasta tanques y aviones. La contienda dividió a la sociedad polaca: la derecha se sentía identificada con el bando nacional -especialmente por su catolicismo-, y la izquierda sentía simpatía por los republicanos. En Madrid, el embajador polaco en España era Marian Szumlakowski, afín al bando nacional. La Embajada de Polonia concedió inmunidad diplomática a la vivienda del Marqués de Ybarra, convirtiéndola en un “Hogar Polaco” que dio asilo a unas cuatrocientas personas perseguidas por el Frente Popular, entre ellas el célebre médico Gregorio Marañón.

Una imagen del desfile conjunto germano-soviético en Brest-Livosk, celebrado el 22 de septiembre de 1939 después de que ambas potencias se repartiesen Polonia. El pacto entre Hitler y Stalin contrarió al régimen del General Franco, que era anticomunista. Un periódico del régimen llegó a elogiar “el heroísmo polaco”.

España ante la invasión alemana de Polonia

Una vez terminadas las hostilidades en España, el gobierno de Franco se vio contrariado por el pacto firmado por Alemania y la URSS en agosto de 1939. Franco transmitió a Philippe Pétain, entonces embajador de Francia en Madrid, que aquel pacto liberaba a España de toda obligación con Alemania (recordemos que Hitler había ayudado al bando nacional en la Guerra Civil Española). Las relaciones entre España y Alemania se enfriaron. Por aquellas fechas aparecieron referencias a Polonia en la prensa española, señalando la similitud entre los dos países por su catolicismo y por haber derrotado al comunismo (Polonia en 1920 y España en 1939).

Cuando Alemania invadió Polonia y estalló la Segunda Guerra Mundial, España se declaró neutral. No obstante, en la sociedad española hubo expresiones de simpatía con Polonia. Incluso el diario falangista “Arriba”, uno de los medios del régimen, llegó a elogiar “el heroísmo polaco” sin entrar en críticas hacia Alemania. Franco llegó a reconocer el 29 de septiembre de 1939 que había hecho “gestiones insistentes” para evitar el hundimiento de una nación, en clara referencia a Polonia, “cumpliendo con ello los deberes que nos imponen la fidelidad a nuestra historia y el pensamiento católico español”. La invasión soviética de la parte oriental de Polonia el 17 de septiembre había causado inquietud en España y aumentó la simpatía española por los polacos.

Los soldados polacos huidos a España tras la rendición de Francia

Tras la rendición de Francia en mayo de 1940, muchos polacos que había llegado hasta ese país para seguir combatiendo consiguieron huir a España a través de los Pirineos. El Consulado General de Polonia en Barcelona, fiel al Gobierno polaco en el exilio, tuvo un papel importante en la acogida a esos soldados. “Los empleados del consulado, a menudo personalmente, los recogían en unos pueblos pequeños de los Pirineos, donde habían sido llevados por guías remunerados. Allí les proporcionaban documentación falsa y al final les expedían hacia Gran Bretaña, explica el propio Consulado en su web. Y añade: “En 1941 el Gobierno Polaco en el Exilio y la Cruz Roja Polaca en Londres asignaron los medios necesarios para crear una organización clandestina con toda una red de guías de confianza que llevaban a los refugiados directamente a Barcelona y les buscaban escondrijos seguros en la ciudad. En muchas ocasiones, estos escondites resultaban ser las oficinas del consulado en la calle Fontanella o los pisos particulares de sus empleados”. Con todo, un número importante de polacos que habían atravesado los Pirineos caía en manos de los guardias civiles, y acababa en las prisiones fronterizas en Sort, La Seu d’Urgell, Puigcerdà, Figueres, etc. El Consulado Honorario se esforzaba al máximo para sacarlos de allí o al menos mejorar sus condiciones de vida en las cárceles”.

La situación de los soldados polacos que se internaron en España se complicó a causa de las presiones de las autoridades alemanas, y en concreto de la Gestapo, al régimen de Franco. A causa de ello se construyó un campo de concentración en Miranda de Ebro (Burgos) para recluir a los refugiados militares de todas las nacionalidades, polacos incluidos. En 1942 dos polacas que participaban en la red de apoyo a los refugiados de su país, Karolina Babecka y Mavis Bacca, fueron acusadas de espionaje y encarceladas en la prisión de mujeres de las Cortes, en Barcelona. Babecka fue puesta en libertad un mes más tarde gracias a los contactos de su padre. Bacca fue liberada tras la intervención de la Embajada polaca en 1943.

El ORP Orkan era el más moderno de los destructores que tenía la Marina polaca en aquel entonces. El 22 de julio de 1943 hundió a un buque pesquero procedente de Vivero (Lugo), durante un bloqueo establecido por los Aliados, que creían que los barcos civiles españoles hacían labores de espionaje para los alemanes.

Un buque de guerra polaco que hundió un pesquero español

Otro choque entre españoles y polacos en la Segunda Guerra Mundial se produjo por el bloqueo que buques de guerra aliados impusieron en las costas españolas del Mar Cantábrico. A pesar de que España era un país neutral, varios buques pesqueros gallegos fueron hundidos por buques aliados tras adentrarse en aguas que habían sido vetadas a la navegación por el Almirantazgo británico. En ese cerco participó el destructor polaco ORP Orkan, del que se sabe que hundió el pesquero gallego procedente de Vivero (Lugo), tras hacerse cargo de su tripulación, el 22 de julio de 1943. Los aliados creían que los pesqueros gallegos llevaban a cabo labores de espionaje para los alemanes. La prensa española nunca daba noticia de estos hundimientos, a causa de la censura, en un intento de mantener la neutralidad a toda costa después de que la derrota alemana en Stalingrado marcase un punto de inflexión en la guerra y llevase a un progresivo distanciamiento entre España y Alemania.

Miembros de la División Azul, en un cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau. Esta división española de voluntarios dejó una profunda huella en Polonia, ya que sus soldados a menudo defendieron a los polacos frente a los alemanes.

El profundo recuerdo que dejó la División Azul en Polonia

Aunque España no participó como Nación beligerante en la Segunda Guerra Mundial, tras la invasión alemana de Rusia en 1941, miles de voluntarios españoles se alistaron como voluntarios en el Ejército alemán para combatir al comunismo, en venganza por el apoyo de Stalin al bando republicano en la Guerra Civil española. Esta expedición recibió el visto bueno del régimen del General Franco. Formaron una unidad española en la Wehrmacht, la 250ª División de Infantería, más conocida como División Azul. A finales del verano de 1941, un total de 17.909 voluntarios españoles llegaron a lo largo de varias semanas a bordo de 128 trenes a la ciudad polaca de Suwałki, donde se fueron concentrando para después caminar a pie 900 kilómetros hasta la ciudad bielorrusa de Vitebsk, pues los alemanes no quisieron proporcionarles camiones para ese desplazamiento.

Tasior Dariusz, sobre la División Azul: “Probaron que puedes seguir siendo un hombre en la guerra. Esto se evidencia por su actitud favorable hacia los polacos”

Según explica Tasior Dariusz, el “temperamento sureño” de los hispanos hizo que aún sean muy recordados por los residentes más viejos de las localidades polacas de Suwałki, Raczki, Cimoch y Sejny. Los españoles simpatizaban con los polacos y les defendían contra los abusos de los alemanes. Además, asistían junto a los polacos a la misa dominical en la Concatedral de San Alejandro en Suwałki, y se sorprendían al ver que los polacos eran una nación tan religiosa y además, católica, pues la propaganda les había dado a entender que los comunistas dominaban la Europa oriental. Los españoles incluso se ganaron los corazones de las mujeres polacas, explica Dariusz, que añade: “hasta el día de hoy en la región de Suwałki puedes conocer a personas en cuyas venas fluyen en parte sangre española”. Dariusz escribe que en Polonia los españoles dejaron algo muy valioso. Probaron que puedes seguir siendo un hombre en la guerra. Esto se evidencia por su actitud favorable hacia los polacos, pero también hacia la población soviética y los prisioneros de guerra. Solo sus uniformes alemanes causaron cierta distancia, que desapareció después de algunos gestos y gritos de “Polaco” o “Viva Polonia”. Gracias a esta actitud, los habitantes más antiguos de la región de Suwalki, recordando a los soldados “barbudos y con bigotes” de España, sonríen amablemente“.

España, uno de los últimos valedores del Gobierno de Polonia en el exilio

Aunque Polonia había sido borrada del mapa, en 1939 España reconoció al Gobierno polaco en el exilio, con sede en Londres, y en Madrid se mantuvo abierta la Embajada polaca durante toda la guerra. Entre 1948 y 1950 funcionó una delegación diplomática española en el Hotel Polonia de Varsovia, pero las relaciones oficiales entre ambos países se rompieron, ya que la dictadura comunista polaca no reconoció al gobierno del General Franco. España fue el penúltimo país en retirar su reconocimiento al Gobierno polaco en el exilio, en 1969 (los Aliados se lo había retirado en julio de 1945; el último Estado en retirárselo fue el Vaticano el 19 de octubre de 1972). Hasta ese año funcionó en Madrid una delegación del Gobierno polaco en Londres como representación oficial de Polonia, dirigida por Józef Potocki, y un Consulado Honorario en Barcelona.

Los exiliados polacos en España

Entre 1949 y 1975 Radio Nacional de España emitió programas en polaco dirigidos a la colonia polaca en nuestro país -formada en parte por polacos exiliados a causa de la dictadura comunista-, pero también dirigidos a Polonia, donde estas emisiones llegaron a tener cierta influencia en la opinión pública. El primer director de esos programas fue Karol Wagner Pieńkowski. Los polacos exiliados en España se agruparon especialmente en torno a parroquias católicas, en ocasiones con sus propios capellanes, y contaban con la ayuda de la Cruz Roja Polaca y de la Asociación de Ayuda a los Polacos, ambas con delegación en España. La colonia polaca cuidó también la enseñanza de su lengua natal a los niños polacos: entre 1947 y 1956 funcionó en Barcelona una Escuela Pública Polaca con ese fin. Además, entre 1955 y 1969 la Cruz Roja Polaca editó en España la revista “Polonia”, dirigida por Juliusz Babecki y entre cuyos suscriptores estaba el General Franco.

Niños polacos en el puerto de Barcelona en 1946. Esta ciudad española acogió a 130 niños polacos que se habían quedado huérfanos durante la guerra (Foto: Consulado General de Polonia en Barcelona).

Las relaciones diplomáticas entre Polonia y España desde 1969

El 15 de julio de 1969 España y la República Popular de Polonia (nombre que se daba la dictadura comunista) firmaron un canje de notas sobre establecimiento de representaciones consulares y comerciales, estableciéndose delegaciones consulares de ambos países en Varsovia y Madrid. La delegación polaca en Madrid fue inaugurada el 21 de abril de 1970. La delegación española en Varsovia se organizó sobre la delegación que había creado allí en 1964 un organismo público español, el Instituto Español de Moneda Extranjera. El reestablecimiento de relaciones diplomáticas entre España y Polonia se firmó el 31 de enero de 1977, después de la muerte del General Franco.

Las relaciones entre Polonia y España en la actualidad

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), hay 1.845 españoles residiendo actualmente en Polonia, repartidos entre 1.250 hombres y 595 mujeres. También según datos del INE, en enero de 2018 había 52.212 polacos residiendo en España. En este caso la población de mujeres supera a la de hombres: 30.330 frente a 21.882.

A día de hoy, Polonia y España son países miembros de la Unión Europea (si bien Polonia no está en la zona euro) y de la OTAN. Actualmente, el país eslavo es uno de los pocos que mantienen periódicamente cumbres anuales con España a nivel de presidentes de Gobierno. En cuanto a las representaciones diplomáticas, además de la Embajada en Madrid y de un Consulado General en Barcelona, Polonia tiene Cónsules Honorarios en Valencia, Murcia, Vigo, Las Palmas de Gran Canaria, Pamplona y Málaga. La representación diplomática de España en Polonia es más modesta: además de la Embajada en Varsovia, hay Cónsules Honorarios de España en Gdansk y Wrocław.

En 2016 el volumen total del comercio bilateral entre ambos países fue de 9.816 millones de euros (4.810 millones en exportaciones españolas a Polonia, y 5.006 millones en exportaciones polacas a España). En cuanto a las relaciones culturales, en Madrid funciona el Instituto Polaco de Cultura, y en Polonia hay dos delegaciones del Instituto Cervantes, una en Varsovia y otra en Cracovia, además de siete centros de examen para obtener los diplomas de español: en Varsovia, Cracovia, Wrocław, Poznań, Częstochowa, Katowice y Brzeszów. Además, actualmente España es el segundo destino turístico preferido por los polacos (el primero es Grecia).

Miembros de la Asociación Histórico-Cultural “Poland First to Fight” en una recepción en la Embajada de Polonia en Madrid el 11 de noviembre de 2017. Esta asociación agrupa a españoles y polacos que hacen recreaciones históricas de la lucha de Polonia en la Segunda Guerra Mundial.

En el terreno asociativo, hay asociaciones de polacos en diversas ciudades españolas (puedes ver aquí la lista): Madrid, Alcalá de Henares, Colmenar Viejo, Getafe, Móstoles, Vicálvaro, Ávila, Zaragoza, Cadrete (Zaragoza), Ceánuri (Vizcaya), Oviedo, Santiago de Compostela, Fuengirola (Málaga), Adeje (Tenerife), Murcia y Valencia. Además, en España hay una asociación de españoles y polacos, Poland First to Fight, que recrea la participación de los polacos en la Segunda Guerra Mundial, además de abordar otros temas relacionados con la historia y la cultira de Polonia. A su vez, en el país eslavo hay una asociación de recreadores polacos, el Grupa Rekonstrukcji Historycznej Guerra Civil Española, que se dedica a escenificar esa contienda en Polonia.

Bibliografía:

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Comentarios (Blog):

  1. Marcial

    Qué gran post Elentir. Emocionante. Leí -devoré- la trilogía de Sienkiewicz cuando la publicaron bellamente encuadernada hace ya poco más de diez años, y fue después de ojear la reseña favorable del profesor de la UAO Marcin Kazmierczak comparando la hidalguía de aquellos nobles polacos del XVII: Zagloba, “Pan” Volodiovski, el gigante Longinos Pobbipieta (lituano)…
    Te felicito, porque pocos por desgracia hablan en España de estas cosas.

  2. Gracias, Marcial. 😉 Me ha llevado varios días (o mejor dicho, varias noches) escribir esto, pero ha merecido la pena. Polonia es un país que emociona. Leer su historia provoca admiración entre cualquier persona decente.

  3. Zbigniew

    Gracias Gracias i Gracias por tanto carino a mi Pueblo Eslavo y admiracion por su contenido justo y equidistante Vivo en Espana y tengo el corazon partido por amar igual a los dos pueblos…

  4. A menudo se olvida que Castilla y León tuvieron una reina polaca ya en el siglo XII, la reina Riquilda (Riquilda de Polonia o Riclitza de Polonia o Richeza de Polonia o Rica de Polonia1​ o Rixa de Polonia (Wrocław, 1140–16 de junio de 1185), princesa de Polonia y reina consorte de León por su matrimonio con Alfonso VII el Emperador (1152-1157).

    Las relaciones debieron ser más intensas de lo que se piensa, La Orden de los Caballeros de Dobrin fue fundada en 1222 por el arzobispo de Prusia y el duque Conrado I de Mazovia, recibiendo su nombre del castillo que acogió a sus primeros miembros.

    En la Orden de Caballería de Dobrin (Dobrzyń)) conformada según la regla del Císter, sus primeros caballeros fueron entrenados por monjes-guerreros de la Orden de Calatrava, que marcharon desde la lejana Castilla hasta las remotas tierras de las marcas polacas y allí estuvieron hasta su incorporación a la Orden Teutónica en 1240.

  5. Encarna Valdivielso

    Un único apunte, lo correcto sería hablar del bando sublevado en vez del bando nacional… Por lo demás me ha gustado mucho!!

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