Los gobiernos de UCD, del PSOE y del PP ayudaron a alimentar al separatismo

Cataluña: los nombres de los irresponsables que dieron gasolina política a unos pirómanos

La campaña mafiosa del separatismo contra Vox en Cataluña dejó ayer escenas de puro terrorismo callejero en Vich, algo escandaloso en una democracia.

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Cataluña: campaña mafiosa contra Vox ante el silencio de los demás partidos

Pero si eso ya es escandaloso, aún lo es más ver que ningún miembro del Gobierno socialista-comunista ha condenado las agresiones, como tampoco lo ha hecho la Generalidad catalana, en manos de los partidos separatistas. Ese silencio les convierte en cómplices de esas agresiones propias de fascistas, pero hay que reconocer que no son los únicos ni los primeros responsables de que Cataluña haya llegado a este grado de dictadura separatista. La cosa viene de muy atrás.

El apaciguamiento del nacionalismo en la Transición

Durante la Transición, el separatismo catalán puso en marcha su maquinaria propagandística para convertir a Cataluña en una región privilegiada, en un descarado intento de agraviar al resto de España. Primero consiguió que en el Artículo 2 de la Constitución se distinguiese entre “nacionalidades y regiones”. Los demócratas cedieron, empeñados en que había que apaciguar a los nacionalismos catalán y vasco y buscarles un encaje para que se sintiesen cómodos en una España a la que odiaban.

En esa línea de otorgar privilegios al nacionalismo, Cataluña tuvo el primer estatuto de autonomía en 1979 y en 1980 se le cedió la primera Policía autonómica, con la transferencia a la Generalidad de los Mozos de Escuadra, que durante el franquismo habían estado bajo el control de la Diputación Provincial de Barcelona. Además, se introdujo en la Constitución una disposición transitoria que permitía a Cataluña y el País Vasco aprobar sus estatutos con más rapidez que otras regiones por el mero hecho de haber formado gobiernos autonómicos provisionales con el permiso del Gobierno de Adolfo Suárez (UCD).

El rechazo del separatismo al «café para todos» en los estatutos

Apaciguar al separatismo otorgándole privilegios sirvió de poco. Cuando otras regiones empezaron a aprobar sus estatutos bajo el criterio de “café para todos”, el separatismo catalán montó en cólera, pues la condición privilegiada de su región se reducía de forma evidente. El separatismo ha seguido criticando ese “café para todos” durante décadas, empeñado en sembrar desigualdad entre las regiones y en obtener una posición privilegiada en cuanto a la transferencia de competencias. Un proceso que para los gobiernos centrales se hizo con el fin de apaciguar al separatismo y que éste aprovechó para conseguir que el Estado fuese desapareciendo de Cataluña en el marco de su proyecto secesionista.

El Manifiesto de los 2.300 de 1981 frente a la deriva separatista

Para que nos hagamos una idea de cuáles eran los derroteros del separatismo catalán ya en la Transición, el 25 de enero de 1981 se publicó en Barcelona el Manifiesto de los 2.300, firmado por otros tantos intelectuales con el propósito declarado de “restaurar un ambiente de libertad, tolerancia y respeto entre todos los ciudadanos de Cataluña”, frente a la discriminación de la lengua española por parte del Gobierno catalán. Fernando Díaz Villanueva recuerda lo ocurrido: “El pueblo empezó a hablar estampando silenciosamente su firma en el manifiesto. Los obreros de la Seat enviaron 1.500 firmas. A finales de marzo ya se habían juntado 6.000 firmas, en las semanas sucesivas llegaron 15.000 más”.

La ola de matonismo separatista contra los promotores del Manifiesto

Lo que pasó a continuación fue un adelanto de lo que estaba por venir. En respuesta al manifiesto, en marzo de 1981 el separatismo formó un movimiento llamado “Crida a la Solidaritat” que llegó a amenazar con “acciones directas” a los comercios que no se catalanizasen. Era el comienzo de la actual ola de matonismo separatista. El 21 de mayo de 1981 terroristas separatistas de Terra Lliure secuestraron y tirotearon a Federico Jiménez Losantos, profesor de literatura en un instituto de Santa Coloma de Gramanet y uno de los promotores del manifiesto, dejándole atado a un árbol para que muriese desangrado. Si se salvó fue porque los terroristas también secuestraron a una compañera de Instituto, atándole junto a él, y ella logró zafarse. Los partidos nacionalistas -ésos que algunos llamaban “nacionalismo moderado”- se negaron a condenar el atentado. Jiménez Losantos y muchos otros firmantes del manifiesto tuvieron que marcharse de Cataluña ante la violencia mafiosa del separatismo.

Las cesiones de González y Aznar ante el separatismo catalán

Es con ese nacionalismo mafioso con el que los gobiernos de Felipe González (PSOE) y de José María Aznar (PP) pactaron en 1993 y 1996, respectivamente. El precio del pacto de 1993 fue ceder el 15% del IRPF a las comunidades autónomas. En virtud del Pacto del Majestic de 1996, Aznar cedió el 30% del IRPF, el 35% del IVA y el 40% de los impuestos especiales a la Generalidad catalana, eliminó los Gobiernos civiles y defenestró a Alejo Vidal-Quadras, presidente del PP catalán y hombre muy crítico con el nacionalismo, a pesar de haber conseguido en 1995 unos resultados históricos para su partido en Cataluña, que desde entonces ha ido en declive. El Gobierno de Jordi Pujol había calificado a Vidal-Quadras como un “problema insalvable” y Aznar pasó por el aro del nacionalismo, hasta tal punto que el PP llegó a negar que las críticas de Vidal-Quadras al separatismo fuesen la posición oficial del partido.

Otro de los precios que pagó Aznar fue aceptar la Ley del catalán de 1998, que imponía la inmersión obligatoria en esa lengua en todas las escuelas de Cataluña. Un atentado contra la libertad lingüística que Aznar no recurrió al Tribunal Constitucional. Con esa cesión, el PP permitió al separatismo desterrar el español de la enseñanza catalana, convirtiéndola en un centro de adoctrinamiento separatista. Y de aquellos polvos vienen los lodos de hoy.

El Gobierno de Zapatero ayudó al separatismo a incendiar la convivencia

El regreso de los socialistas al poder de la mano de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004 con una mayoría simple llevó a un nuevo pacto entre el PSOE y los nacionalistas de CiU que se plasmó en el nuevo Estatuto catalán de 2006. Cuando en 2010 el Tribunal Constitucional anuló parte de ese texto, al ser contrario a la Constitución Española, y a pesar de que el TC, entonces controlado por el PSOE, tragó con la imposición lingüística del catalán, el separatismo se manifestó contra el TC con el apoyo de los socialistas. El PSOE ayudaba así a los separatistas a incendiar la convivencia todavía más, en un acto de irresponsabilidad cuyas consecuencias directas estamos viviendo a día de hoy, pues fue el rechazo a aquella sentencia lo que movió al llamado “nacionalismo moderado” a quitarse la careta y echarse al monte del rupturismo.

La tibieza de Rajoy ante el golpe separatista de octubre de 2017

El PP regresó al poder en 2011 con una mayoría absoluta, pero en 2013 Mariano Rajoy ya estaba intentando apaciguar de nuevo al separatismo catalán, proponiendo una “España catalana”. En 2015 el PP ganó por mayoría simple las elecciones generales y una vez más, buscó el apoyo de los separatistas, en este caso del PNV, con nuevas cesiones. En esa situación de debilidad llegó el golpe separatista del 1 de octubre de 2017 en Cataluña: Rajoy reaccionó tarde y mal. Su ministro de Exteriores llegó a comunicar a la BBC la intención del Gobierno de ceder ante los separatistas, considerando cambios constitucionales para permitir a las regiones celebrar referéndums de independencia en el futuro. Finalmente, y después de tantos titubeos, Rajoy puso en marcha el Artículo 155 de la Constitución 44 días después del golpe. Una tardanza pasmosa.

El auge de Vox y el declive de Ciudadanos

La tibieza del PP ante el golpe separatista de 2017 fue uno de los motivos del actual auge de Vox. Muchos votantes se han acabado dando cuenta de que si Cataluña ha llegado a esta situación no ha sido solamente por la acción de los separatistas, sino también por el consentimiento de los gobiernos españoles, incluidos los del PP. Es por eso que Vox tiene muchas opciones de entrar con fuerza en el Parlamento catalán en las elecciones del 14 de febrero, sobre todo después de que Inés Arrimadas, actual líder de Ciudadanos, se marchase a Madrid a pesar de que su partido fuese el más votado en las últimas elecciones catalanas, renunciando así a representar en su propia tierra a quienes habían puesto su confianza en ella con ese fin. Que frente a la violencia separatista Ciudadanos proponga “abrazos” tampoco es algo que contribuya, precisamente, a presentar a Cs como una alternativa seria al separatismo, algo que sí fue en el pasado.

La alianza del PSOE y de Podemos con el separatismo

Ahora, con el PSOE en el poder aliado con los comunistas de Podemos y cediendo todo lo habido y por haber ante los proetarras y los partidos secesionistas con tal de seguir en el poder, el separatismo catalán se siente nuevamente crecido, esta vez no sólo por la tibieza sino también la complicidad de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias. Es por eso que se ha llegado a extremos de violencia como los vistos ayer, sin que la Policía catalana practicase ni una sola detención.

Una vez más, es un Gobierno de España el que da gasolina política a unos pirómanos que están empeñados en incendiar la convivencia entre los catalanes y entre todos los españoles. Ya lo hicieron antes, repito, otros ejecutivos del PSOE y del PP, poniendo siempre sus intereses políticos por delante del interés de España. Suena a broma pesada que ahora estos partidos se presenten ante el electorado como los que van a resolver el problema separatista en Cataluña, cuando han contribuido a engordarlo. Espero que Vox consiga un buen resultado el 14 de febrero, porque este problema sólo se resolverá con un partido capaz de mostrarse firme ante el separatismo, y si el separatismo está tan rabioso contra Vox es precisamente por la firmeza que demostró contra los golpistas del 1-O mientras el Gobierno del PP titubeaba y dudaba.

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Comentarios (Blog):

  1. Luis Carlos

    Los separatistas deberían conocer la historia de Gregorio el patricio, un gobernador del imperio bizantino que aspiraba a la independencia, se autoproclamó emperador de África, y se salió con la suya, pero no pudo disfrutarlo por mucho tiempo y su nombre cayó en el olvido.

    ¿De qué sirve la independencia si luego se convierte en un estado fallido, se comete pucherazo con total impunidad y los cargos que salen en las urnas son unos simples testaferros siguiendo órdenes de una criptocracia o lobby secreto? Eritrea se independizó y se ha convertido en la Corea del Norte de África, un campo de concentración a campo abierto.

    No hay libertad si nadie le para los pies a las cloacas del estado.

  2. Ginés Ladrón de Guevara

    Lo que ocurre con los nazional-socialistas (nazis) catalanes es una fiel reproducción de lo que ocurrió en los años treinta con los nazis catalanes.

    Cuándo Hitler llegó al poder en 1933 (tras quedar segundo en las elecciones alemanas y ser encargado de formar gobierno por el presidente de la República de Weimar), se negó a seguir pagando reparaciones de guerra a los aliados occidentales. Estos cedieron.
    Después, Hitler decidió rearmar a Alemania en contra de los tratados que había firmado. Los aliados cedieron.
    A continuación, se anexionó Austria. Los aliados cedieron.
    Después, amenazó con la guerra a Checoslovaquia si no le entregaba la región de los Sudetes. Los checos pidieron ayuda a Occidente, pero Francia y Gran Bretaña miraron para otro lado y Hitler invadió y dividió Checoslovaquia.
    Lo siguiente fue la invasión de Polonia que, finalmente, obligó a los cobardes occidentales, ya con Churchill en el gobierno británico, a reaccionar y oponerse a los planes nazis.

    Estamos en las mismas. Y, para recuperar Cataluña y gran parte de España, será necesario un largo y completo plan de desnazificación.

  3. Alonso Quijano

    Bueno, siendo objetivo, Cataluña va a ser la tercera ciudad autónoma junto con Ceuta y Melilla. A este ritmo, gracias a la descontrolada inmigración ilegal, con la complicidad de la generalidad va a multiplicarse exponencialmente la población musulmana, dejando atras a los propios catalanes. Y esto los catalanes no lo ven.

  4. wladimir

    es cierto….

    esta campaña mafiosa orquestada por el separatismo social-progre contra Vox en Cataluña dejó ayer escenas de puro terrorismo callejero en Vich…esto es algo que era de esperarse de estos elementos de la Ultraizquierda catalana….

    y con eso lo unico que conseguiran es….perjudicarse mas asi mismos,pegarse un tiro en el pie o cortarse las manos…al final triunfara la razon sobre la sinrazon y el terrorismo….

    el tiempo le esta dando la razon a VOX con estos ataque…y la gente de a pie los esta viendo…

    Vox populi…Vox Dei….

  5. valop

    Esto es un tema que tiene varias facetas y no sé si seré capaz de explicarme.

    Europa no puede permitir que una región no exista democracia. Por tanto debería amonestar al gobierno.

    Objetivamente no se dan las condiciones para celebrar una votación, pero no se pueden retrasar porque ha pasado el tiempo y hay que votar. Pero hay una situación de terrorismo callejero alentado por casi todos los partidos. Por tanto la solución es que el gobierno intervenga Cataluña hasta que aprendan a comportarse. Pero como es el gobierno uno de los que amparan a los terroristas, pues ocurrirá lo que tenga que ocurrir.

    Si en los USA hubo pucherazo, eso sí, en nombre de la democracia y para salvarla, ¿qué no harán estos? Cuando se hablaba de fraude, a todos los que defendiamos esa postura, se nos llamaba conspiranoicos. Pero, como se ha demostrado, teníamos razón. ¿Y ahora qué? Nos llamarán conspiranoicos por decir que los votos ya están repartidos en Cataluña? Porque a estas alturas de la película los no separatistas sólo tienen una opción y ellos lo saben, así que si esa opción no saca un importante número de votos, habrá que pensar en pucheros y pucheritos.

    Los medios con esta actitud miserable, me dan lástima, porque es muy triste llegar a tanta vileza para poder llenar la olla.

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