Vengo denunciando que las acusaciones de "genocidio" contra Israel no sólo son falsas, sino que además son un intento de blanquear a Hamás.
Esta semana eso ha quedado patente en la Asamblea General de las Naciones Unidas. El viernes hubo un boicot al primer ministro de Israel por parte de algunos países en ese recinto, con delegados abandonando la sala con pitidos y abucheos en el momento en el que Benjamin Netanyahu subía a la tribuna a tomar la palabra. En el exterior del edificio, unas 2.000 personas se manifestaron con banderas palestinas, con críticas e insultos contra Israel y Netanyahu.
Un día después, el ambiente cambió radicalmente. Ayer el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia habló desde la tribuna de la Asamblea General de las Naciones Unidas. A diferencia de lo ocurrido el viernes, no hubo protestas contra Sergey Lavrov, no se escucharon pitidos ni abucheos, las cámaras no enfocaron a ningún delegado abandonando el recinto y fuera del edificio no hubo ninguna manifestación.
Esta muy distinta forma de tratar a Netanyahu y a Lavrov es especialmente escandalosa si tenemos en cuenta que Israel es un país que fue atacado el 7 de octubre de 2023, un hecho terrible que no sólo fue el peor ataque terrorista de su historia, sino también la mayor masacre antisemita desde el Holocausto. Todavía hoy, decenas de ciudadanos de Israel siguen secuestrados por Hamás. Recordemos, además, que Hamás ha tenido a algunos de esos rehenes encerrados en recintos de la ONU en Gaza. No está de más recordar que unas semanas después de ese ataque, la Asamblea General de la ONU rechazó condenar esa masacre antisemita, aprobando una resolución en la que equiparaba al país agredido y a los agresores terroristas.
Por el contrario, Rusia ha atacado a un país vecino, Ucrania, en una invasión no provocada en la que los rusos, además, vienen cometiendo toda clase de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad contra la población ucraniana. La dictadura de Putin viene atacando objetivos civiles de forma sistemática e indiscriminada, lanzando misiles, drones, ataques aéreos y proyectiles de artillería contra edificios residenciales, escuelas, hospitales, guarderías, templos, universidades, museos, etc. De hecho, a diferencia de lo ocurrido con la agresión de Hamás a Israel, la ONU condenó expresamente tanto la invasión rusa de Ucrania como la anexión ilegal por Rusia de varias regiones ucranianas.
Muchos parecen haberlo olvidado, pero Ucrania viene soportando esa invasión desde hace más de tres años y medio, a los que hay que añadir la invasión y anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia en 2014. En esta guerra las bajas militares ya ascienden a 1,4 millones, a las que hay que añadir miles de civiles. A pesar de las tremendas atrocidades perpetradas por Rusia, las protestas por esta guerra en Occidente son muy escasas y generalmente convocadas por asociaciones ucranianas. La extrema izquierda ya ha dejado claro que los ucranianos asesinados por Rusia le importan un bledo.
Esa doble moral ha quedado nuevamente en evidencia con la campaña de calumnias contra el Estado judío: el gobierno del socialista Pedro Sánchez ha acusado repetidas veces de "genocidio" a Israel pero ni una sola vez a Rusia. En el mismo sentido, en diciembre de 2023, el secretario general de la ONU, el socialista António Guterres, invocó contra Israel un artículo que nunca ha invocado contra Rusia para presionar al Consejo de Seguridad sobre asuntos que puedan "poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales". De igual forma, hace poco una comisión independiente de la ONU acusaba a Israel de "genocidio" con un informe manipulado y bochornoso. Sin embargo, hasta ahora ningún funcionario de la ONU ha lanzado esa misma acusación contra la dictadura de Putin.
No hay que ser adivino para comprender la causa de esa descarada doble vara de medir. Rusia no es un Estado judío y por eso algunos olvidan tan fácilmente sus crímenes, al tiempo que guardan silencio cuando un ministro de ese régimen criminal sube a la tribuna de la ONU a acusar al país invadido de no querer la paz, lo cual es el colmo del cinismo.
Pero cuando hablamos de Israel, entonces no importa que sea un país agredido: se la convierte en agresor, como Pedro Sánchez viene haciendo, lo cual es una clara forma de blanquear el terrorismo de Hamás. Lo ocurrido esta semana en la ONU es una muestra más de la ola de antisemitismo que recorre el mundo, un odio a los judíos que es la razón por la que algunos políticos y activistas alzan tanto la voz contra Israel y al mismo tiempo bajan la voz o se callan con Rusia, pero después no quieren que les llamen "antisemitas", cuando ese adjetivo es es el más adecuado para describir a aquellos que dirigen contra Israel unas críticas que no lanzan a las peores dictaduras.
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Imagen: Naciones Unidas.
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Comentarios:
isanchezgil
Este comportamiento de una gran parte de los componentes de la ONU, demuestra, no solamente que son antisemitas, sino también que una gran parte de los países allí representados o bien son islámicos, o tienen un marcado componente woke, por lo que es completamente lógico que lleven a cabo esta forma de actuar que, en buen español se dice «para mí lo ancho y para tí lo estrecho».
Por otra parte, no hay que olvidar que desde la ONU se ha estado canalizando hacia Gaza, desde hace muchos años, cantidades muy grandes de dinero para la llamada «ayuda al desarrollo». Dinero que le ha venido muy bien a Hamás para construir la ciudad subterránea (700 kms. de túneles) desde la que han perpetrado sus acciones terroristas. Túneles construidos siempre bajo escuelas, hospitales y mercados, para así poder utilizar a enfermos, niños y amas de casa como escudos humanos.
2:42 | 29/09/25
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