A día de hoy, una de las paradojas de las sociedades democráticas sigue siendo el distinto trato que reciben ciertos movimientos totalitarios.
Al acabar la Segunda Guerra Mundial, el mundo descubrió con horror los crímenes perpetrados por la dictadura de Adolf Hitler, especialmente el Holocausto, un genocidio que consistió en el exterminio planificado de millones de personas, teniendo como principales víctimas a seis millones de judíos. El nacional-socialismo demostró a qué grado de vileza y de perversión puede llegarse con una ideología totalitaria, que son esas ideologías que rechazan la libertad y la democracia, reclaman un poder absoluto para el Estado y deshumanizan a colectivos enteros de personas por su raza, nacionalidad, religión o clase social, creando el ambiente propicio para grandes matanzas.
Aunque aún hoy existen movimientos nazis, afortunadamente son puramente marginales. El nacional-socialismo se ha convertido en un reducto para tarados morales, para personas que carecen de la más mínima empatía y que son capaces de llevar su odio a unos extremos que no deben tener cabida en una sociedad democrática, porque ninguna sociedad que crea realmente en la libertad puede ser indiferente o imparcial ante movimientos criminales, que es la mejor forma de calificar a aquellos cuyas ideas políticas defienden convertir países enteros en prisiones en las que cualquiera puede ser encarcelado, torturado y asesinado simplemente por defender la libertad y la democracia.
El rechazo al nazismo es un indicio de buena salud moral. Lo que es incomprensible es que el comunismo siga gozando hoy de tanta tolerancia en muchos países democráticos. El comunismo no es una ideología democrática, como algunos afirman. Es un movimiento totalitario que ha dejado un rastro de más de 100 millones de cadáveres y que todavía hoy mantiene a la quinta parte de la humanidad sometida a dictaduras como la China continental, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Eritrea, Laos y Vietnam.
El comunismo, al igual que el nazismo, es un movimiento criminal. Demostró serlo desde la primera vez que llegó al poder. Recordemos que en poco más de seis años, la dictadura de Lenin asesinó a más de un millón de personas, desplegando una maquinaria de represión y de tortura puramente demencial. A pesar de ello, todavía hoy se pueden ver retratos e incluso estatuas de Lenin en países democráticos, una muestra del olvido por parte de muchos de los horrendos crímenes perpetrados por ese sanguinario dictador y por el movimiento comunista al que pertenecía. Si sería lógico que hubiese un escándalo si en un país democrático se erigiese una estatua de Hitler o se exhibiesen públicamente retratos de ese asesino de masas que perpetró el Holocausto, ¿por qué los asesinos de masas del comunismo no provocan el mismo escándalo?
Debemos acabar ya con esa paradoja. Las víctimas de los crímenes del nazismo y del comunismo merecen el mismo respeto. Ser víctima de los crímenes cometidos por una ideología totalitaria no es algo que deba ser tenido en cuenta sólo en función de la ideología de los criminales. Que un asesino crea tener mejores ideas que otro asesino no es razón para que sus víctimas reciban un trato desigual, y establecer sesgos en ese sentido es algo impropio de demócratas.
Por supuesto, gran parte de ese sesgo y de ese trato de favor al comunismo proviene de la izquierda política y de su brazo mediático, como tuvimos la ocasión de comprobar hace cinco años cuando la izquierda y la extrema izquierda unieron sus votos en España para votar contra la resolución europea de condena de los crímenes del nazismo y del comunismo, por el mero hecho de que el comunismo queda en su mismo vecindario ideológico (España es el único país europeo que tiene comunistas en su gobierno, formado por una coalición con los socialistas). Es grotesco ver que ésa es la misma gente que presume de "memoria histórica", mientras imponen una amnesia absoluta hacia las víctimas del comunismo, a pesar de todo lo que sabemos hoy sobre las atrocidades cometidas por esos totalitarios.
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Comentarios:
FaramirGL
Estas son dos de las tres peores cepas de esa espantosa enfermedad que es el socialismo.
La tercera es el feminismo.
No es que el resto de versiones del socialismo (fascismo, chavismo, estalinismo, trotskismo, indigenismo, animalismo, etc) sean buenas. Pero, esas tres son las peores. Las más tóxicas, totalitarias y genocidas.
Todo lo que haga una persona decente para combatir el socialismo, es para bien de la humanidad.
9:02 | 4/05/26
isanchezgil
Comunismo y nazismo merecen el mismo rechazo porque son lo mismo.
Ambos movimientos surgen de la evolución del socialismo y son contemporáneos. El socialismo, a partir de las teorías de Marx, pasa a llamarse comunismo (Manifiesto comunista, 1848) porque, según decía Marx y su pagafantas Engels, a partir de sus ideas el socialismo «utópico» pasa a ser socialismo «científico», o sea, comunismo.
Digo que son contemporáneos porque el socialismo científico llamado comunismo, de Lenin, triunfa en 1917, y el nazionalsozialismo de Hitler triunfa 16 años después, lo que los hace prácticamente contemporáneos e idénticos por su totalitarismo y la supresión absoluta de los derechos individuales frente al poder omnímodo del Estado.
Eso sí, sus dirigentes pasan a vivir mejor que los aristócratas y los burgueses a los que querían abolir, por disfrutar de «derechos superiores» a los del vulgo, exactamente como Marx, casado con una aristócrata, de origen burgués, y subvencionado toda su vida por Engels, o sea, que no dio nunca palo al agua. Lenin, a su vez, era de una buena familia burguesa y pasó a vivir como un rey después de que su revolución proletaria triunfase y desposeyese de la vida y la libertad a millones de rusos.
Por eso son idénticos y reprobables para cualquier persona de sentido común.
23:09 | 4/05/26
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