Por Álvaro J. Díaz-Mella
Cualquiera que haya paseado a primeros de septiembre por el muelle de Trasatlánticos, en Vigo, habrá visto unos carteles enormes anunciando el festival Son & Mar Vigo. El Faro lo resumió sin quererlo: «Vigo rebobina hasta los noventa». Lo venden como un regalo, gratis. Las vallas, no: llevan el sello de Concertos do Xacobeo, de la Xunta, de Galicia Calidade y el adelanto del Xacobeo 2027. También está la Diputación de Pontevedra. Un PPdeG que lleva tanto tiempo en San Caetano que ya confunde Galicia con su programación de fin de semana.
El puerto no está de fiesta por casualidad. Quien pasea ve a la administración ocupando el muelle como si esa fuera su manera de estar en la ciudad. En los noventa aquella música se pagaba en taquilla. Ahora se anuncia como patrimonio público.
En Vigo el número no es nuevo. El alcalde lo interpreta cada verano en Castrelos; la Xunta, ahora, en el muelle. Cambian el logo y el escenario. No cambia la lógica: te invitan con tu dinero y te piden el aplauso.
No existe lo gratis cuando se paga con impuestos. Lo que anuncian como regalo es un cobro sin ticket. En el siglo pasado yo iba a un concierto, pagaba la entrada y punto: el agujero se veía en el bolsillo. Hoy no se ve. Está en los impuestos y en una deuda que ya arrastramos todos.
Aquel sábado, entre el público que hacía una interminable cola para entrar, me llamó la atención algo que no esperaba: una buena parte de quienes llenaban el muelle no parecían de aquí. Puede que me equivocara; no llevaba un recuento. Queda, aun así, una pregunta incómoda. Con los impuestos de los gallegos se financia un concierto cuyo público, al menos esa noche, no era solo gallego. La Xunta dirá que precisamente de eso se trata: atraer turismo y consumo. El problema es que esa promesa casi nunca se audita. Se anuncia el llenazo, no lo que queda cuando se apagan las luces.
Tengo 64 años y un hijo de 22. A los dos nos tocan unos 4.500 euros de deuda por vivir aquí. El concierto, a él, no le dice nada. Han invertido el orden: lo superfluo se socializa y el futuro se hereda.
Detrás de esos carteles hay una decisión, no un misterio. El Partido Popular de Galicia gobierna desde 1990, con un paréntesis de cuatro años que no cambió lo estructural. No hablamos de una responsabilidad limitada a esta legislatura, sino del balance de quien ha dirigido la Xunta durante más de tres décadas. La prioridad vuelve a hacerse visible en el muelle.
Presumen de cuentas «saneadas» porque nuestro endeudamiento es menor que el de otras comunidades. Es una coartada cómoda. La deuda pública gallega alcanza los 12.281 millones de euros, el 14 % del PIB, según el Banco de España. Relativamente bajo, sí; irrelevante, no. Los intereses se pagan cada año con recursos que también podrían destinarse a otras prioridades. El mismo gobierno que exhibe esa ratio como medalla considera urgente un macroescenario en el puerto, mientras una cita en primaria sigue tardando más de lo que debería.
Que el invierno demográfico sea europeo no absuelve a quien ha tenido tres décadas para tratarlo como urgencia y no lo ha hecho. En el primer semestre de 2026 nacieron aquí 6.355 niños, un 3,68 % menos que en el mismo periodo del año anterior, según el INE. Orense cae un 5,74 %; La Coruña, un 3,95 %; Pontevedra, un 3,92 %; Lugo, un 0,25 %. Las muertes duplican a los nacimientos, el rural se apaga, la conciliación de peso no llega y el tren de interior sigue en ancho ibérico. El techo de gasto no financiero supera los 14.177 millones. La urgencia política, sin embargo, cabe en un cartel.
Un concierto no explica que nazcan menos niños. Sí explica qué considera urgente la Xunta cuando nacen menos niños. Han construido una Galicia de escaparate: sedes electrónicas donde el expediente sigue dormido en una mesa digital. El joven que quiere un empleo a la altura de su formación tiene que valorar si su vida cabe aquí. Y el dinero público sigue evaporándose en 313 ayuntamientos, cuatro diputaciones provinciales y las delegaciones territoriales de una estructura administrativa fragmentada, que el ciudadano percibe como duplicada y difícil de atravesar.
Los ciudadanos no votamos cada partida presupuestaria de la Xunta. El rodillo de la mayoría absoluta las aprueba año tras año. Yo no quiero que me inviten con mi propio dinero y que encima me pidan las gracias. Quiero una sanidad que no haga esperar, una administración que responda y que mi hijo no tenga que meter su vida en una maleta para ganársela fuera de Galicia.
Menos escenario. Más futuro.
Álvaro J. Díaz-Mella
Vigo, septiembre de 2026
Fuentes:
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Imagen: Grok.
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Comentarios:
isanchezgil
Este artículo tiene relación con el de Elentir sobre la degradación de los niveles de enseñanza. A los jóvenes se les encandila con conciertos y otras fruslerías que cuestan dinero y los vuelven cada vez menos ilustrados. Ahí se van los impuestos de toda España, porque eso pasa en todas partes de nuestro país.
7:17 | 10/09/26
Alvaro Diaz-Mella Lopez
Muchas gracias por la publicación, Elentir.💪🏻🇪🇸
9:46 | 10/09/26
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