Hay personas que siguen convencidas de que el socialismo en sus diversas variantes es la mejor forma de organización de la sociedad.
Para salir de dudas basta con leer a quienes han vivido en países socialistas, incluyendo dictaduras comunistas como la Unión Soviética. Lo que podéis leer a continuación forma parte de un artículo escrito por el físico nuclear ruso Andréi Sájarov (1921-1989) el 25 de marzo de 1988. El autor recibió el Premio Nobel de la Paz de 1975 y pasó de ser un socialista convencido a renegar del socialismo, y en especial del comunismo, sufriendo por ello una campaña de descrédito por parte de la dictadura soviética. Creo que algunas partes les resultarán muy familiares a quienes han tenido que sufrir el socialismo en alguna de sus formas:
"Nuestra productividad ha caído drásticamente. La construcción de nuevas edificaciones avanza con extrema lentitud. La reciente declaración de Mijaíl Gorbachov lo resume todo: nuestro producto nacional bruto no ha crecido durante los últimos cuatro planes quinquenales, e incluso disminuyó en la década de 1980. Nuestra agricultura se encuentra en un estado de crisis permanente, lo que se traduce en una nutrición deficiente de la población, una oferta limitada en los supermercados y la necesidad de comprar cereales y otros productos agrícolas en el extranjero. A pesar de todo esto, la burocracia se opone enérgicamente a todas las iniciativas que buscan fortalecer la actividad independiente de los eslabones más bajos del sistema económico y el interés material de los trabajadores en los resultados de su labor. Un ejemplo claro de ello es el destino de Khudenko, uno de los precursores de la perestroika, quien fue acusado de violaciones de la disciplina financiera y enviado a morir a un campo de trabajo.
Otro aspecto de nuestra «era de la burocracia» es la degradación moral de la sociedad, estrechamente ligada a nuestras deficiencias económicas. La hipocresía y la mentira proliferan en la prensa, la radio y la televisión, las escuelas, la organización juvenil del Partido Comunista (Komsomol) y la familia. Tras haber sido engañados tantas veces con palabras bonitas, la gente ya no cree en ellas. Nuestra sociedad está sumida en la apatía. El asfixiante ambiente psicológico pesa especialmente sobre los jóvenes, alienándolos y corrompiéndolos.
La burocracia dista mucho de ser abnegada. Ocultando la realidad tras eslóganes demagógicos, nuestros funcionarios se burlan de la justicia social en materia de vivienda, sanidad (la mayoría de la población, por ejemplo, carece de acceso a medicamentos actualizados), calidad de la educación y necesidades materiales generales. Los salarios de muchos trabajadores, especialmente los de docentes, médicos y otros intelectuales de base, se han reducido artificialmente, imponiendo de hecho un impuesto oculto que recae con mayor peso sobre los peor pagados. La gran mayoría de las pensiones son vergonzosamente insuficientes. Al mismo tiempo, las élites gozan de enormes e injustos privilegios.
Un retrato social de la era del estancamiento estaría incompleto sin mencionar el crecimiento desmesurado de diversas formas de corrupción. Surgieron grupos mafiosos, entrelazados con las estructuras locales del Partido y del gobierno, y con conexiones, por lo general, con altos cargos. La mafia uzbeka es un claro ejemplo, con sus malversaciones multimillonarias de rublos, sus informes inflados sobre la cosecha de algodón, su soborno sistemático y su explotación de los recolectores de algodón. Miles de personas, en particular niños, han sido víctimas de la aplicación masiva e incontrolada de defoliantes y otros productos químicos tóxicos. Quienes protestaron fueron sometidos a castigos crueles en mazmorras subterráneas y hospitales psiquiátricos.
En la era estalinista, el trabajo forzado de millones de prisioneros que perecieron en el terrible sistema del Gulag desempeñó un papel económico fundamental, especialmente en el desarrollo de las regiones escasamente pobladas del Este y el Norte. Por supuesto, este sistema no solo era infinitamente inhumano y criminal, sino también ineficiente, un elemento esencial de la derrochadora economía extensiva de la época, sin mencionar las consecuencias de gran alcance de la destrucción bárbara del potencial humano del país. En los últimos años, el uso del trabajo forzado con fines económicos ha disminuido drásticamente, pero entre uno y dos millones de personas aún se encuentran en campos de trabajo o cumpliendo trabajos obligatorios.
Las condiciones de detención siguen siendo muy precarias. No cumplen con los estándares actuales ni con las exigencias de la humanidad. Los presos sufren trabajos forzados insoportables, alimentación insuficiente, visitas restringidas (permitidas en contadas ocasiones y solo con familiares), así como los caprichos de sus guardianes. Las condenas son increíblemente largas. A diferencia de la época estalinista, nuestras cárceles ahora albergan principalmente a personas condenadas por delitos comunes, pero es importante tener en cuenta que nuestros sistemas judiciales y de investigación son muy primitivos. (Con la llegada de la glasnost en los últimos años, ha aparecido información al respecto en la prensa). La ética y los conocimientos jurídicos de nuestros jueces suelen ser bastante deficientes. Dependen del apoyo de las autoridades locales. Sus decisiones a menudo carecen de explicación alguna. Repiten los argumentos de investigadores parciales, que a veces se basan en confesiones obtenidas bajo coacción mediante métodos de tortura. Además, nuestros criminales más peligrosos parecen ser inmunes a la persecución judicial, y algunos ocupan altos cargos. La policía, el Ministerio del Interior, los fiscales y los jueces han resultado estar estrechamente vinculados con esta mafia en varios casos".
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Foto: Parlamento Europeo. Andréi Sájarov en 1974.
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Comentarios:
AlbertoAG
En el artículo de Sájarov al que se hace referencia, se habla de muchos problemas jurídicos, económicos y sociales que estarán plenamente patentes de aquí a dentro de varios años como no pongamos freno o incluso desmontemos la burocratización de la vida impuesta como consecuencia lógica de la expansión del Estado hacia absolutamente todo.
Dicho esto, ahora que hay próximamente unas elecciones clave en España, sería importante tener esto como reflexión en cuanto que pensar más allá de los muy limitados marcos mentales del nuestro sistema político es más que necesario hoy en día. ¿Queremos un modelo que sea más respetuoso con nuestros usos, costumbres y libertades, o en cambio, dejarnos aplastar totalmente por el rodillo burocrático que nos destruye?
La elección es clara. Un sistema respetuoso con nuestros usos, costumbres y libertades es el camino a seguir. Lo contrario es un servilismo despreciable.
12:21 | 2/11/26
isanchezgil
Muy interesante el artículo de Sajarov, que yo no conocía y que voy a guardar. Sin embargo, también +queda reflejada la situación de forma estremecedora en el libro «Reflections on a ravaged country», de Robert Conquest. No conozco si existe traducción al español, pero me parece interesante ampliar el artículo de Sajarov con su lectura.
Aunque no es el tema del artículo, ni tiene mucho que ver con la problemática de la España actual, me gustaría decir, como funcionaria que he sido, que la burocracia puede ser buena o mala, según quien tenga el mando. Y que ahora mismo hay un clamor pidiendo que en los puestos de gestión real de los fondos y la administración de todas las unidades que desarrollan la actividad del Estado, debe haber profesionales. Y eso es lo que eran, hasta la llegada al poder de Zapatero, los funcionarios que gestionaban las unidades estatales. Para ello, debían enfrentarse a durísimas oposiciones, en las que se demostraba su valía.
Hoy día solo el enchufe y el amiguismo nos gobiernan-
0:09 | 4/11/26
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