Hace ya años que en Europa existe un fuerte discurso antiamericano promovido activamente desde la izquierda y la extrema izquierda.
Hay que decir, para ser justos, que ese discurso también se da en el otro lado del mapa político. Hoy tenemos un ejemplo. José Javier Esparza escribe: "Dejémonos de pamplinas: los americanos no vinieron en 1944 a «liberarnos»: vinieron a quedarse con lo que pudieran, como los rusos. El plan inicial de Washington (el de Morgenthau, por ejemplo) era partir Alemania en cuatro pequeños estados agrarios, sin industria, y mantener en Francia la división en dos países propiciada por la invasión alemana. Fue la amenaza soviética lo que movió a los americanos a cambiar de táctica".
Por supuesto, la realidad es mucho más terca que los relatos ideológicos. En la Europa Occidental que los americanos contribuyeron a liberar (sí, liberar, porque antes había sido invadida por unos criminales totalitarios) florecieron estados democráticos, en los que millones de personas han podido disfrutar de libertad desde hace 81 años gracias, en gran medida, al sacrificio de muchos americanos. Los soviéticos instauraron dictaduras comunistas en los países que ocuparon, regímenes totalitarios que convirtieron esos países en enormes prisiones, y Esparza tiene el cuajo de equiparar eso con la liberación promovida por los americanos. Una visión distorsionada de la historia que pasa por reemplazar los hechos por los dogmas ideológicos.
Esto no es nuevo. Hace dos años Esparza intentó convencernos de que "España no es una gran nación", una tesis que justificaba afirmando que "nuestros ejércitos están a lo que digan los norteamericanos". Por supuesto, estos discursos para descalificar el meritorio papel de los Estados Unidos en el teatro europeo durante la Segunda Guerra Mundial no son casuales. Debilitar nuestra alianza con la mayor democracia es el propósito de muchos antiliberales en los dos extremos del mapa político. Un discuro que suele ir acompañado de otras cosas.
No es ninguna sorpresa encontrar que el mismo autor, en un artículo publicado dos semanas antes, afirmó que "fue una temeridad extender la OTAN sin fin hacia el este", suscribiendo así una de las más habituales tesis prorrusas sobre la invasión rusa de Ucrania, y cuestionando "el apoyo a Ucrania y el acoso a Rusia" (recordemos que Rusia tiene tropas en Moldavia desde 1994, invadió Georgia en 2008, Crimea en 2014 y el resto de Ucrania en 2022, pero ese autor aún se atrevió a decir que Rusia estaba siendo acosada). Finalmente acusaba a Occidente de "una retórica irresponsable de belicismo infantil". Rusia invade Ucrania, masacra sistemáticamente a su población civil y comete toda clase de crímenes en esa invasión, pero el "belicismo" se lo imputa a Occidente.
Para sorpresa de nadie, en 2017 el mismo autor descalificó las informaciones sobre la injerencia rusa en el golpe separatista de ese año en Cataluña, afirmando: "La “pista rusa” es algo así como la versión progre y mundialista del viejo contubernio judeomasónico: sirve para todo". En realidad, la Guardia Civil fue la que destapó esa injerencia rusa, cuyo rastro fue borrado por el gobierno de Sánchez como parte de su infame amnistía a sus socios separatistas a cambio de su apoyo para su reelección en 2023. Desde luego, la política hace curiosos compañeros de viaje, incluyendo a cierta "derecha" cuyas coincidencias en política exterior con la extrema izquierda son cada vez más escandalosas, empezando por su odio por la mayor democracia de Occidente.
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Foto: Robert F. Sargent. "Entre las fauces de la muerte: las tropas estadounidenses caminan por el agua bajo los proyectiles nazis". Foto del Desembarco de Normandía tomada en la mañana del 6 de junio de 1944.
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Comentarios:
Otromas
Esparza, en esto desde luego, resulta patético…
21:51 | 25/06/26
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