La ultraizquierda plantea una guerra ideológica asimétrica: ¿cómo afrontarla?

Originalmente publicado en Actuall.com

Muchas veces se ha hablado de la batalla de las ideas, una asignatura pendiente de la derecha parlamentaria frente a las tesis progresistas. Una de las desventajas de la derecha en esta batalla es la definición de los conceptos a la que me refería en mi anterior artículo en ActuallLa derecha trata de combatir a la izquierda usando términos creados por ésta para obtener ventaja no sólo en el terreno argumental, sino también en el de los afectos.

Con esta batalla pendiente, que actualmente sólo sigue afrontando la Iglesia Católica, una parte de la sociedad civil y algunos medios de comunicación como éste, estamos viviendo una fuerte irrupción de una ultraizquierda que no sólo copia las tácticas progresistas en materia de manipulación del lenguaje, sino que va aún más allá en el uso de trampas para alcanzar su objetivo de conquistar el poder.

Las estratagemas de Schopenhauer

Es de sobra conocido que el comunismo se ha caracterizado por un hábil manejo de la propaganda. Es indudable la claridad que poseen los representantes de esa ideología a la hora de identificar sus fines y la tenacidad con la que son capaces de alcanzarlos, una tenacidad que no implica el empleo de medios lícitos, por supuesto, sino que se plasma en el uso sistemático y persistente de la mentira, la difamación, la calumnia, la ridiculización y la cosificación del adversario, así como de diversas técnicas de propaganda que sólo cabe calificar de tramposas. Muchos suelen identificar esas técnicas con los famosos once principios de la propaganda de Goebbels, pero la realidad es que fue otro alemán, el filósofo Arthur Schopenhauer, el que con más claridad sentó las bases de ese recurso sistemático a las trampas en la propaganda y, más concretamente, en el debate de ideas. Las estratagemas de Schopenhauer han sido usadas por el PSOE y también por Podemos.

Además del recurso a la mentira, esas estratagemas incluyen métodos para desacreditar al adversario como por ejemplo provocarle y tratarle de forma insolente para causarle irritación y hacer que pierda los papeles, engatusarle en los debates, recurrir a falacias y falsas deducciones, aprovecharse de la ignorancia de un público inculto para desacreditar a un oponente culto usando afirmaciones que se saben erróneas, recurrir a las distracciones, e incluso recurrir a la grosería y al ultraje para centrar la discusión en la persona del adversario, y no en sus argumentos. Con las estratagemas de Schopenhauer no se busca vencer en el terreno argumental para convencer al público, sino que se busca ganar el favor del público recurriendo a las técnicas más rastreras.

Una guerra asimétrica en el terreno de las ideas

En términos militares, lo que está pasando con la irrupción de la ultraizquierda en el debate político podría enmarcarse en lo que se denominan guerras de cuarta generación o guerras asimétricas, que son aquellas en las que un contendiente –generalmente un ejército regular- está sometido a reglas de enfrentamiento que se ajustan a las leyes de guerra y al Derecho internacional humanitario, y el otro bando no. En este tipo de guerra, el ejército regular busca alcanzar objetivos estratégicos mediante la aplicación de técnicas de guerra convencionales, mientras que sus oponentes, fuerzas insurgentes irregulares, se mezclan entre la población civil y recurren a todo tipo de tácticas ilegales para compensar su inferioridad numérica.

Si aplicamos el concepto de guerra asimétrica a este debate político –algo que por otra parte se ajusta a la concepción que tiene Podemos de la política como una guerra, como apuntaba el domingo Alfonso Basallo-, nos daremos cuenta de por qué la política tradicional lleva las de perder ante este enemigo sin escrúpulos. Creemos que podemos abordar el debate con esa ultraizquierda en los parámetros habituales de la discusión de ideas y propuestas políticas, incluso en la búsqueda de ganar en el terreno de los sentimientos, pero eso no basta. Los dirigentes de Podemos han hecho carrera en una Facultad de Ciencias Políticas, y para ellos la conquista del poder no se limita tanto a presentar argumentos o ideas –algo en lo que seguramente perderían por goleada- como a denigrar a sus rivales (“casta”, “golfos” o “delincuentes” son términos usados habitualmente por esos dirigentes de Podemos para desprestigiar a sus enemigos políticos), utilizar recursos de marketing para reforzar sus mensajes (el mismo hecho de que Pablo Iglesias vaya en camisa a verse con el Rey y acuda a la gala de los Goya con esmoquin es un ejemplo de ello), recurrir al cinismo con descaro, insultar a periodistas críticos (algo de lo que puede dar fe Eduardo Inda), aprovecharse de las redes sociales para hacer propaganda recurriendo a trampas (como el uso de bots y de cuentas falsas en Twitter), etc.

Cabalgando cinismos

Es cierto que el uso de estas técnicas en política no es algo nuevo. Los totalitarismos usaron algunas de esas técnicas con mucho éxito a lo largo del siglo XX. Algunos partidos tradicionales las han usado también con frecuencia. Pero la capacidad de la ultraizquierda para echar mano de esas técnicas está haciendo que lleguen mucho más lejos por la absoluta ausencia de frenos éticos y morales que caracteriza a esos extremistas, capaces de justificar que un concejal haga bromas miserables sobre el Holocausto y sobre las víctimas de ETA, o de invocar la libertad de expresión para unos titiriteros que hacen apología del terrorismo ante niños pequeños (la misma libertad que pisotearon cuando Rosa Díez intentaba dar una conferencia en la universidad y le montaban un escrache para impedírselo). Hablamos de gente que no tiene reparos en agarrarse del brazo de un régimen islamista como el de Irán, apelando a la cínica expresión de “cabalgar contradicciones” para disfrazar su absoluta incoherencia. Ahí están también las dos ocasiones en las que Podemos ha votado contra sendas condenas de la represión chavista en Venezuela, mientras aquí en España tachaban de “ley mordaza” una norma que ya desearían para sí los demócratas venezolanos.

Algunos pasos a seguir para vencer a un enemigo que no se atiene a ninguna regla

¿Cómo afrontar el debate político con unos extremistas que apuestan por el “todo vale”? La respuesta es tan compleja como la que requiere, en el terreno militar, la guerra asimétrica. En este campo la respuesta a un enemigo invisible que se sirve de tácticas despreciables para compensar su inferioridad y socavar la moral de su oponente, suele requerir de cambios en la misma concepción estratégica de las contiendas, asumiendo que la victoria no se puede limitar a la conquista del terreno y a la derrota militar del enemigo, sino que ha de implicar más factores. En toda guerra ha jugado una importancia notable la propaganda, pues es difícil vencer al enemigo sin el respaldo de tu población civil, y para lograr ese respaldo hace falta armarla en el terreno de las ideas y de la moral. Un país sin moral de victoria es un país que tiene difícil ganar en los campos de batalla. Si el pueblo no está convencido de las razones por las que se combate a un enemigo, esa falta de apoyo al esfuerzo bélico acaba por tener consecuencias desastrosas. Por esa razón, actualmente las fuerzas militares que hacen frente a una guerra asimétrica no se limitan al empleo tradicional de medios militares, sino que también vuelcan sus esfuerzos en ganarse el favor de la población local, contribuyendo a su desarrollo, intentando así aislar a los insurgentes y restarles el apoyo de sus vecinos.

Trasladar estos términos al debate político requiere, en primer lugar, que dejemos de pensar en ese debate como un mero intercambio de ideas y propuestas. De igual forma que es posible combatir las estratagemas de Schopenhauer conociéndolas y destapándolas, hacer frente a la amenaza de partidos de ultraizquierda no se ha de limitar a vencerles en el terreno de las ideas, sino también a destapar las trampas que usan para intentar hacerse con el poder. Por otra parte, no podemos descuidar el terreno de los afectos. Frente a un grupo de charlatanes que prometen unicornios a gente desesperada por la crisis –y por tanto más dispuesta que en otras circunstancias a creerse a esos charlatanes-, hay que ofrecer algo más que argumentos y razones: hacen falta esperanzas, ilusiones, sentimientos. Es despreciable que un proyecto totalitario se vuelque en el terreno afectivo para captar adeptos, pero no es algo negativo, sino necesario, acompañar la defensa de una noble causa con algo más que brillantes argumentos. Cuando los soldados afrontan un combate, saber que su país tiene la razón y que sirven a causas nobles no basta para generar el entusiasmo necesario para que el ataque sea lo más eficaz posible. No sirve de nada una arenga en la que el jefe haga lectura de un aséptico manojo de buenas razones para enardecer a su tropa: hay que tocar su fibra sensible. Es la misma razón por la que se suele decir que quien reza cantando, reza dos veces: porque lo hace con más sentimiento. Ése es uno de los retos que tenemos que asumir para vencer a quienes, a día de hoy, están generando falsas ilusiones entre muchos compatriotas, para utilizarles como trampolín e instalar en nuestra Nación un proyecto político como el que ha desangrado a Grecia y Venezuela.

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  1. pacococo

    No había pensado en que estos tipos están utilizando la guerra asimétrica para avanzar en su conquista del poder, pero yo no soy nadie, se supone que los partidos de la vieja casta tienen gente, muy bien pagada, para comprender las tácticas del enemigo y contrarrestarlas. Y digo bien enemigo, pues enemigo es el que utiliza artes rastreras para conseguir el poder. Pero se ve que los partidos de la vieja casta están en otra cosa, pienso que no en la misma que los pperos de Valencia, que conste.

    Mencionas a la Iglesia. Bueno… Hacemos lo que podemos, los de a pié, que es bien poco. En cambio la jerarquía si siquiera se entera y si no, mira las declaraciones del card. Blazquez hace unos días.

    Y los medios… Con esos dizque periodistas logsianos que ni se enteran y con unos propietarios que les venderían la soga a los que los van a ahorcar.

    No es extraño que las encuestas den aumento a podemos.

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