La ocurrido en 1992 nos muestra nos errores que no debemos volver a cometer

Proponen otros Juegos Olímpicos en Cataluña en 2026: tres razones para oponerse a ellos

El secretario de deportes de la Generalidad ha propuesto la celebración de unos Juegos Olímpicos de invierno en 2026 para promover la “reconciliación” entre Cataluña y el resto de España.

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Se me ocurren muchas razones por las que unos juegos así no deberían ni plantearse. He decidido resumirlas en tres que son suficientemente importantes como para rechazar de plano la idea.

1. El precedente de la manipulación de Barcelona 92 por el separatismo

El golpe separatista del año pasado, que el independentismo catalán pretende prolongar ahora, hace impensable la celebración de cualquier evento internacional de importancia en Cataluña. Y no porque el resto de los españoles no queramos. El separatismo ha convertido Cataluña en una región conflictiva, inestable y en la que reina la inseguridad jurídica. Precisamente por esas razones, muchas empresas han decidido marcharse de esa comunidad. Pero además, debemos tener en cuenta que el autor de la idea, Gerard Figuera, es miembro de un partido separatista, el PDCAT. Si el separatismo quiere sinceramente una reconciliación, lo tiene muy fácil: le basta con respetar la Constitución y las leyes. La experiencia, además, demuestra que lejos de tener voluntad de conciliación, el separatismo no duda manipular cualquier evento relevante para ponerlo al servicio de su maquinaria de propaganda. Recordemos que el pasado mes de agosto, los separatistas se apropiaron de la manifestación contra los atentados yihadistas para atacar al Rey y a España.

De miserables capaces de llegar a semejante bajeza no podemos esperar que vayan a comportarse mejor en unas olimpiadas. Pero además, la experiencia nos demuestra que no saben comportarse en un evento así. Cuando se organizaron los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, con dinero de todos los españoles, la Generalidad intentó apropiarse del evento con una carísima campaña de prensa que presentaba a Cataluña como “un país de Europa”. En la campaña se situaba a Barcelona en un mapa de Europa en el que sólo estaba marcada la región catalana, como si la Ciudad Condal no fuese parte de España. A la vista del actual golpe separatista, con grupos violentos cortando autopistas e intentando bloquear otras vías de comunicación, con el apoyo de un medio público controlado por el separatismo (TV3), no cabe esperar de esos desleales un comportamiento mejor del que tuvieron entonces.

2. Un peligroso despilfarro en una comunidad puntera en corrupción política

El secretario de deportes de la Generalidad asegura que estas nuevas olimpiadas serían de bajo coste, pero no cabe confiar ni de lejos en un separatismo que desvió fondos del Estado para convocar un referéndum ilegal, y que incluso financió ese golpe con dinero destinado a asuntos sociales. Los que vivimos los fastos de 1992 recordamos bien lo que supuso aquello para España: los Juegos de Barcelona costaron casi un billón de pesetas (al cambio de hoy, unos 10.790 millones de euros). Dos tercios de esa inversión los pusieron las administraciones públicas con el dinero de nuestros impuestos. De hecho, la mayor parte de la inversión, un 37,37%, la asumió el Gobierno de España. A esto hay que añadir que aquellos Juegos fueron unos de los que tuvieron mayor sobrecoste de todos los realizados hasta ahora: un exceso medio del 156%.

Pero por si el gasto que suponen unas olimpiadas no fuesen suficiente motivo para rechazarlas, hay que recordar que Cataluña es la comunidad líder de España en corrupción política. De hecho, el golpe separatista del año pasado se hizo para ocultar los escándalos de corrupción que salpicaban al nacionalismo. El más sonado de ellos, el cobro de comisiones ilegales (el famoso 3%) para financiar a Convergencia, obligó a este partido nacionalista a convertirse en el actual PDECAT. No puede plantearse una inversión tan importante como la de unas Olimpiadas mientras Cataluña no sea saneada de la corrupción política que la envenena, y ese saneamiento es impensable hacerlo mientras dirijan esa comunidad los mismos separatistas que la han convertido en la Meca española del despotismo y la corrupción.

3. Una injusticia para el resto de España

Como ya he señalado, en Cataluña ya se celebraron unos Juegos Olímpicos en 1992: en el resto de España no se ha celebrado ninguno. Desde hace décadas, el nacionalismo ha recurrido al más burdo y falso victimismo para obtener privilegios respecto a las demás comunidades, llegando a extremos escandalosos. Por ejemplo, en 2014 Cataluña acaparó un tercio del importe del fondo de rescate autonómico, y eso mientras el separatismo lanzaba consignas como “España nos roba” para promover la hispanofobia entre los catalanes. El trato privilegiado ha continuado, movido casi siempre por el absurdo complejo del Gobierno de España frente a los mensajes victimistas del nacionalismo. Sin ir más lejos, en 2017 Cataluña acaparó el 28,2% del rescate autonómico. Se tiene que poner fin a la idea de apaciguar al separatismo privilegiando a Cataluña respecto de las demás regiones, no sólo porque no sirve para nada -después de décadas de privilegios, los nacionalistas catalanes siguen respondiendo con el odio, el desprecio y la deslealtad-, sino también porque para el resto de España es una clamorosa injusticia.

A eso hay que añadir que el separatismo catalán no ha tenido reparos en torpedear otras candidaturas olímpicas españolas porque no iban a hacerse en Cataluña. Cuando se presentó la candidatura olímpica de Madrid para 2012, el entonces presidente de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira, llamó a boicotearla, un llamamiento que el dirigente separatista sólo retiró cuando muchos españoles lo respondieron boicoteando el cava catalán de cara a la campaña navideña de 2004. A pesar de lo ocurrido, ERC volvió a boicotear la candidatura de Madrid para 2016, en cuyo acto de apoyo no hubo ni un solo representante de la Generalidad catalana. Y nuevamente, grupos separatistas catalanes pidieron el boicot para la candidatura de Madrid 2020.

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Comentarios (Blog):

  1. Sharovarov

    Recuerdo, cuando salió elegida Barcelona -yo tenía por entonces catorce años-, que yo no quería que se los dieran: yo ya era con sólo catorce años recién cumplidos un clarísimo catalanófobo, ¡jajaja!

    Y como aficionado al deporte -antes lo era más que ahora-, mis mejores recuerdos de los Juegos Olímpicos son los de Seúl y ¡cómo no!, aquellas míticas madrugadas con la selección española de baloncesto en Los Ángeles-84. Por cierto, ¡qué bonita era la pista de baloncesto de Los Ángeles-84!, ¡la más bonita que he visto nunca!

  2. Blanca

    Totalmente de acuerdo con usted.

  3. Mara Nogueira

    Estando de acuerdo contigo, sobre todo es una injusticia para el resto de España, además de premiar al que se quiere ir.

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