El 8 de septiembre de 1925, el Ejército y la Armada de España llevaron a cabo una de sus más exitosas operaciones militares del siglo XX.
La operación se llevó a cabo con el apoyo de fuerzas francesas en el marco de la Guerra del Rif (1911-1927), provocada por la rebelión de tribus rifeñas contra los protectorados de España y Francia en esa zona del norte de África. El General Miguel Primo de Rivera, jefe del directorio militar que entonces gobernaba España, organizó un exitoso desembarco, el primero del mundo con tanques y apoyo aéreo, coordinando las fuerzas navales, aéreas y terrestres bajo un único mando.
Las cifras del Desembarco de Alhucemas fueron espectaculares: España y Francia movilizaron 13.000 soldados, 104 barcos (entre ellos en portahidroaviones "Dédalo", el primer portaaeronaves de la Armada Española), 144 aviones, 18 hidroaviones y 17 tanques.
El desembarco fue un rotundo éxito que demostró la validez de estas operaciones combinadas, que habían sido duramente cuestionadas tras el colosal desastre del desembarco franco-británico de Galípoli en 1915, durante la Primera Guerra Mundial. El Desembarco de Alhucemas supuso un punto de inflexión en la Guerra del Rif, pasando los rifeños a estar a la defensiva hasta la rendición del líder rifeño Abd-el-Krim en 1927.
Incomprensiblemente, el gobierno de Pedro Sánchez ha decidido no hacer ningún acto conmemorativo de este centenario, que merece ser celebrado como una de las grandes gestas militares españolas de todos los tiempos. Los motivos pueden ser varios. Por una parte, el hecho de que ese desembarco fuese organizado por una dictadura militar. Esto no debería ser impedimento para celebrar una victoria militar española. Las batallas de las Navas de Tolosa y de Lepanto también tuvieron lugar en una España predemocrática y no por ello dejan de ser conmemoradas en la actualidad. De hecho, el gobierno de Sánchez está priorizando sus relaciones con dictaduras, algo que le resta autoridad para no querer celebrar este centenario alegando esa razón.
Con todo, la motivación más clara de esta falta de celebraciones es no incomodar a Marruecos, que parece ser una de las prioridades de la política exterior de este gobierno, una política correspondida por Marruecos con constantes desplantes a España, con ejemplos tan claros como los cierres de las aduanas comerciales entre Marruecos y las ciudades españolas de Ceuta y Melilla desde 2018 o el uso de la inmigración como una forma de guerra híbrida de Marruecos contra España, una estrategia ya usada por Rusia y Bielorrusia contra Polonia y Lituania estos últimos años.
Esa estrategia de guerra híbrida deja en evidencia la abierta hostilidad del país norteafricano contra España, lo cual, unido a las constantes reclamaciones de Marruecos sobre territorios españoles (Ceuta, Melilla, las Islas Canarias y varias plazas del norte de África que son españolas desde mucho antes de que Marruecos existiese), dibujan un escenario en el que Marruecos es una de las mayores amenazas estratégicas que tiene España. Ante esa amenaza, caben dos posibles reacciones. Una es la firmeza, dejando claro que España nunca cederá a las pretensiones de Marruecos sobre territorios españolas. Sánchez ha elegido la estrategia más dañina para España: exhibir debilidad frente a Marruecos e incluso actuar de una forma servil ante sus chantajes.
Hay que recordar que esa política de debilidad ya ha provocado hechos tan graves como el asalto migratorio a Ceuta en 2021, que requirió la movilización de unidades militares para hacer frente a una situación de grave peligro para los españoles de esa ciudad, una situación provocada por Marruecos para chantajear a España y obtener más dinero, un dinero que Marruecos utiliza para armarse e incrementar su amenaza contra España. Una política hostil que se ve incentivada por la política de debilidad del gobierno español. Esta estrategia aboca a España a un negro futuro en lo relativo a sus territorios africanos, un futuro que no parece preocupar a un gobierno instalado en el cortoplacismo y que no tiene reparos en crear el peor escenario posible para complicar la vida al gobierno que venga después de que el actual abandone el cargo.
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Imagen principal: Museo del Prado. Cuadro "Desembarco de Alhucemas" de José Moreno Carbonero (1860–1942).
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Comentarios:
romeofoxtrot
Tenemos los leones del Congreso te parece poco.
15:27 | 9/09/25
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