Reconocen a una dictadura que alberga terroristas y no a una pacífica democracia

Taiwán y la doble moral de muchos países que reconocen a Palestina como estado

Eng Sáb 27·9·2025 · 6:47 0

A la hora de reconocer la existencia de un país soberano e independiente, muchos gobiernos se han instalado en una pasmosa doble moral.

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Reconocer como estado a unos fanáticos que quieren destruir a sus vecinos

Esa doble moral queda plasmada claramente en los llamamientos de algunos gobiernos a la solución de "dos estados" para Israel y Palestina, unos llamamientos hechos tras la brutal masacre perpetrada por Hamás el 7 de octubre de 2023, lo cual es una forma de premiar al terrorismo palestino por perpetrar la mayor masacre antijudía desde el Holocausto. Lo que se le pide a Israel es algo que no admitiría ningún país mínimamente sensato: que reconozca junto a su territorio a un estado gobernado por fanáticos que quieren destruir Israel y asesinar a los judíos, un estado que se dedica a recompensar a los terroristas por asesinar a ciudadanos de Israel, como la Autoridad Nacional Palestina (ANP) viene haciendo desde hace años.

Hay que recordar que la solución de dos estados fue propuesta en 1947 por la ONU con el plan de partición del antiguo Mandato Británico de Palestina. Los países árabes se negaron e invadieron Israel tras su independencia, con el fin de destruir el Estado judío, perdiendo esa guerra y todas las que los países árabes iniciaron contra Israel en las décadas siguientes, hasta hoy. Obviamente, no puede haber paz ni coexistencia con unos terroristas que no reconocen a Israel y que están obsesionados con asesinar a judíos, en una continuación del pacto entre el Gran Muftí de Jerusalén y el Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial, un pacto para exterminar al pueblo hebreo.

157 países reconocen a Palestina pero sólo 12 a la República de China

Actualmente, 157 países reconocen a Palestina como un estado, un reconociemiento también hecho por la ONU y la UNESCO. La paradoja es que Palestina es una dictadura (las últimas elecciones palestinas se celebraron en 2006 y en 19 años no se han vuelto a convocar) sin unas fronteras claras y sin un único gobierno (Al Fatah controla Judea y Samaria, mientras que Hamás controla Gaza). La ANP es el único gobierno del mundo reconocido por la ONU y la UNESCO y por tantos países en estas condiciones, por las que su territorio ni siquiera debería ser reconocido como un país soberano e independiente.

La cosa cambia si nos vamos al otro lado del mundo. La República de China (Taiwán) es un estado independiente que desde 1949 viene ocupando un mismo territorio con unas fronteras claras. Actualmente ese país tiene una de las economías más prósperas del mundo. De hecho, el PIB de Taiwán supera al de ricos países europeos como Bélgica, Suecia, Irlanda, Noruega, Austria, Dinamarca y Finlandia. La economía taiwanesa se ha especializado en la alta tecnología, con firmas tan destacadas en el mundo como TSMC, Foxconn, Pegatron, Quanta Computer y Compal Electronics. Así mismo, Taiwán es un país democrático y que tiene sus propias Fuerzas Armadas.

Sin embargo, sólo 12 países tienen relaciones diplomáticas con la República de China. En Europa, el único país que reconoce a la China libre es la Santa Sede. De los 157 países que reconocen a Palestina como estado, sólo 9 reconocen a Taiwán: Belice, Guatemala, Eswatini, Haití, Vaticano, Paraguay, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas. Esto se debe el chantaje de la República Popular China, una dictadura comunista que gobierna en la China continental sin elecciones libres y mediante un régimen de partido único desde 1949. Esa dictadura no admite que un país pueda mantener relaciones diplomáticas simultáneas con la China libre y con la China comunista.

La ONU y muchos países ceden al chantaje de la China comunista

Pekín viene utilizando su poderío económico para ir restando reconocimientos internacionales a Taiwán, y también su influencia en la ONU. Taiwán es el país más poblado y más rico de todos los que no son admitidos en la ONU como miembros, una lista muy corta y que incluye a otros tres países: Kosovo (escindido de Serbia), la República Árabe Saharaui Democrática (en su mayor parte ocupada por Marruecos) y la Santa Sede (que es reconocida por la ONU sólo como país observador). La situación es tan absurda como si la ONU reconociese a Corea del Norte (una dictadura comunista) pero no a Corea del Sur (una democracia), o no hubiese admitido en su seno a Alemania Occidental, un país democrático, pero sí a la dictadura comunista de Alemania Oriental.

Hay que señalar que a diferencia de Palestina, Taiwán no alberga a grupos terroristas y no se dedica a provocar masacres entre sus países vecinos. La República de China es un país próspero en el que sus ciudadanos gozan de libertad y desean llevar una vida en paz, al igual que ocurre con Israel. De hecho, es la China comunista la que constantemente está amenazando con invadir la China libre, unas amenazas que nunca son censuradas por la ONU (Pekín no ha recibido ni una sola condena de la Asamblea General de las Naciones Unidas por ello). La dictadura de Pekín trata a Taiwán como si fuese jurídicamente una provincia, cuando nunca ha formado parte de la República Popular China. Los taiwaneses no sólo tienen que soportar esta afrenta, sino que además ven que esa dictadura comunista tiene un asiento permanente y derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.

La doble moral del gobierno de Pedro Sánchez en esta cuestión

Como español, quiero denunciar públicamente que el gobierno de Pedro Sánchez, que está avivando el conflicto con Israel para tapar sus escándalos de corrupción, es uno de los gobiernos que insisten en no reconocer a Taiwán, pero con una diferencia respecto de otros gobiernos: el gabinete de coalición de socialistas y comunistas presidido por Sánchez trata amistosamente a la dictadura de Pekín y defiende abiertamente a ese régimen criminal, que perpetró en el siglo XX uno de los mayores genocidios de la historia, con decenas de millones de muertos. Un genocidio sobre el que Sánchez y sus ministros nunca dicen nada, mientras acusan falsamente a Israel de cometer uno.

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Foto: Leannk.

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