La incomprensible actitud de muchos obispos españoles en el momento actual

El espantoso silencio de esa gente buena

«Tendremos que arrepentirnos en esta generación no simplemente por las palabras y acciones odiosas de las personas malas, sino también por el espantoso silencio de la gente buena.» (Martin Luther King)

Así se entierran las críticas a Rajoy en la TV de la Conferencia Episcopal Española
El mundo al revés: la emisora católica COPE se inclina por la anticatólica Hillary Clinton

Una democracia que está degenerando en tiranía de la mayoría

No es la primera vez que cito estas palabras escritas en 1963 en la prisión de Birmingham, en una carta cuya lectura recomiendo, pues en ella se abordan cuestiones que es necesario saber en nuestros tiempos, pues nos afectan del mismo modo que a la comunidad negra de EEUU entonces. En aquella carta, Martin Luther King hacía suyas estas palabras de Santo Tomás de Aquino: «Toda norma que enaltece la personalidad humana es justa; toda norma que degrada la personalidad humana es injusta.» Ya en los propios albores de la democracia contemporánea, un católico francés, Alexis de Tocqueville (1805-1859), advirtió sobre los riesgos de que este sistema degenerase en una tiranía:

«¿Qué es una mayoría tomada colectivamente, sino un individuo que tiene opiniones y muy a menudo intereses contrarios a otro individuo que se llama la minoría? Los hombres al reunirse, ¿cambiaron acaso de carácter? ¿Se han vuelto más pacientes ante los obstáculos al volverse más fuertes? En cuanto a mí, no podría creerlo; y el poder de hacerlo todo, que rehuso a uno solo de mis semejantes, no lo concederé jamás a varios.«

Ignorando las advertencias de personas como Tocqueville, el siglo XX acabó contemplando el ascenso al poder de un genocida, Adolfo Hitler, por medio de las urnas. Como consecuencia de ello, después de la Segunda Guerra Mundial el mundo decidió poner límites al poder y se proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948). Casi 70 años después podemos afirmar que la concepción del Derecho surgida tras esa brutal contienda se ha resquebrajado y a través de sus grietas se está colando una nueva tiranía, establecida ante la indiferencia de la mayoría.

La tímida actitud de la Iglesia española ante esa tiranía

En España ya hemos comprobado que nuestra clase política ha sido capaz de aprobar leyes que no sólo niegan hechos biológicos, sino que incluso prohíben afirmarlos bajo pena de multa e incluso de cárcel. Afirmaciones tan obvias como que los niños tienen pene y las niñas tienen vulva te convierten en un blanco a derribar por todos los poderes del Estado, y como consecuencia de ese señalamiento, los partidarios de ampliar aún más el poder de los Estados son los que con más saña insultan, acosan y amenazan a los discrepantes. Ante una situación como ésta, muchos católicos, que figuramos entre los colectivos cuyos derechos se ven gravamente lesionados por esas leyes, nos vemos en una extraña situación. La mayoría de nuestros obispos ha optado por el silencio o la voz baja ante esas leyes. A veces la crítica ha sido tímida y tardía. Cuando un colegio católico se ha visto perseguido por una de esas leyes injustas, su Arzobispo prefirió callarse. Y cuando una asociación civil ha tenido la valentía de denunciar esas leyes, el periódico de un arzobispado ha arremetido contra esa asociación, dedicándole el editorial que no dedicó a criticar la ley LGTB de su comunidad. Es el colmo del absurdo.

El lamentable papel de los medios episcopales

El papel de los medios propiedad de la Iglesia está siendo lamentable. El año pasado la Cadena COPE se inclinó por una candidata abortista y anticatólica como Hillary Clinton, evitando toda referencia al importante debate sobre el aborto que se dio en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses. El canal televisivo 13TV favorece al PP hasta extremos bochornosos. Dirigentes peperos como la progre Cristina Cifuentes son acogidos en sus platós sin que nadie les aborde con preguntas incómodas sobre esas leyes con las que están arrebatándonos derechos fundamentales a los católicos. Esta cuestionable línea informativa se alimenta con millones de euros que pone la Conferencia Episcopal para compensar las enormes deudas del canal, unos millones que cabe preguntarse si no tendrían un destino mejor que captar votos para el PP.

La Conferencia Episcopal y su ausencia de la vida pública

Cabe preguntarse hasta qué punto el actual sistema de financiación de la Iglesia y su dependencia del Estado están condicionando la actitud de muchos obispos. Y ahora que se avecinan las elecciones en la Conferencia Episcopal, sorprende observar que su actual presidente se ha destacado por su ausencia de polémicas, algo muy infrecuente en una sociedad cuyos medios de comunicación y cuya clase política responden con linchamientos a cualquier obispo que se atreve a alzar la voz para defender la doctrina católica (unos linchamientos ante los que la Conferencia Episcopal no ha dicho ni una palabra). Y es que la CEE prácticamente ha estado ausente de la vida pública e incluso apoyó posiciones desafortunadas: en 2015 su presidente apoyó la «minirreforma» del aborto del PP, con la que Rajoy confirmó su traición a su promesa electoral de «reforzar la protección del derecho a la vida»; una minirreforma que rechazaron cinco diputados provida del PP, que fueron sancionados por defender la vida y finalmente purgados de las listas electorales.

El objetivo de la Iglesia no puede ser caerle bien a todo el mundo

Es incomprensible que la CEE adopte esta deriva en una España en la que tendría que afrontar su papel de orientadora del pueblo cristiano. No se puede entender el sentido de comunión como un ansia de caerle bien a todo el mundo, incluso a costa de renunciar a defender la verdad y la libertad religiosa. Si así pretenden caerle mejor al progresismo imperante, se equivocan. Para ese progresismo, la única Iglesia buena no es la que se calla, sino la que no existe.

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Comentarios (Blog):

  1. Carlos

    Cobardía o interés económico.
    Esta no es la iglesia de Cristo, esta es la iglesia de un Papa tibio que no deja de hacer guiños a los enemigos de la Iglesia de Cristo.
    Mal vamos, peor acabaremos.

  2. Sharovarov

    Entradas como ésta deberían de permanecer a la vista durante mucho más tiempo del normal. Aunque fuera en el último lugar, el previo a la «desaparición», pero ahí, a la vista.

  3. José Jacinto Verde Colinas

    Estoy muy de acuerdo (puede que totalmente de acuerdo) con lo que afirmas en este artículo, Elentir. Desgraciadamente, a mi entender, ésta es la situación de gran apostasía (y de relatimsmo moral, entre otras cosas) que se está produciendo en estos momentos y que tiene que preceder a la llegada del Anticristo, previo a la Parusía de N. S. Jesucristo.

    Recemos y utilicemos las demás «armas» que nos da la Iglesia para afrontar esta situación de la mejor forma posible.

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