Un relato que la presenta como una guerra entre demócratas y antidemócratas

Los hechos omitidos en el relato de la izquierda sobre la Guerra Civil Española

Eng Sáb 18·7·2026 · 9:13 4

El 18 de julio de 1936, hace 90 años, daba comienzo la Guerra Civil Española, más sangrienta guerra sufrida por España en el siglo XX.

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Hoy en día, la izquierda española alimenta un relato sobre esa guerra que omite importantes hechos con el fin nada disimulado de ocultar el propio papel de socialistas, comunistas y anarquistas en aquel conflicto civil. Según ese relato, la guerra habría enfrentado a los demócratas contra unos fascistas que querían acabar con el idílico experimento democrático de la Segunda República. La izquierda considera que cualquier discrepancia de este relato te convierte en "fascista", pero los hechos históricos no pueden ser censurados de una forma tan burda, con la que la izquierda pretende borrar el rastro de sus propios crímenes antes y durante aquella guerra.

La Iglesia de San Luis Obispo en Madrid. Era un templo del siglo XVII y estaba situada en la calle de la Montera. Fue incendiada por izquierdistas tras las elecciones de febrero de 1936. La Guardia de Asalto, que estaba 200 metros de la iglesia, no hizo nada porque había recibido órdenes del Gobierno izquierdista de no actuar (Foto: Efe).

La agenda autoritaria impuesta por la izquierda en la Segunda República

Para empezar, la Segunda República fue cualquier cosa menos una democracia modélica. Dio comienzo con una quema de iglesias y conventos por parte de izquierdistas, un crimen en el que se perdieron valiosísimos tesoros artísticos y culturales y que se repitió nuevamente en 1936, nuevamente a manos de la izquierda. La izquierda impuso su agenda autoritaria en ese régimen, con leyes de censura y gravemente lesivas para la libertad religiosa y la libertad de educación. El objetivo de la izquierda desde el comienzo fue expulsar a la derecha del nuevo régimen, incluso recurriendo a la violencia para ello.

Izquierdistas armados con fusiles durante el golpe de Estado que los socialistas del PSOE encabezaron en octubre de 1934 en España, después de una victoria electoral del centro-derecha en noviembre de 1933.

El golpismo izquiedista tras una victoria electoral del centro-derecha

En ese sentido, no se puede olvidar que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) encabezó un golpe de Estado en 1934 tras haber perdido las elecciones del año anterior, con el fin de impedir que la derecha accediese al poder. Esa insurrección armada fue la antesala de la Guerra Civil: los golpistas asesinaron a 33 sacerdotes y religiosos y a 300 militares y miembros de las fuerzas del orden, y además destruyeron 17 iglesias, 40 edificios religiosos y docenas de fábricas, puentes, casas y edificios públicos. Los perpetradores del golpe no pasaron ni un año y medio en prisión: la izquierda les otorgó una escandalosa amnistía en cuanto regresó al poder, dejando impunes muchos delitos de sangre. Ese golpe no fue ninguna sorpresa: el PSOE venía exhibiendo una retórica golpista y antidemocrática, en la que abogaba abiertamente por una dictadura.

No fue el único partido izquierdista que exhibió sus intenciones sin ningún disimulo en aquellos años. El Partido Comunista de España (PCE) ya abogaba abiertamente por imponer en España un régimen al estilo soviético, tomando abiertamente como referencia un régimen totalitario en el que el dictador Lenin había matado a un millón de personas en seis años en medio de una brutal ola represiva.

El descarrilamiento del expreso 702 Barcelona-Sevilla en el barranco del Puig (Valencia) en la noche del 9 al 10 de diciembre de 1933, provocado por un atentado anarquista que se saldó 23 muertos y 38 heridos y mutilados (Foto: diario Ahora)

La izquierda también suele olvidar que tras la victoria electoral del centro-derecha en las elecciones de noviembre de 1933, los anarquistas desataron una ola de violencia y terrorismo en toda España el 8 de diciembre de 1933, el mismo día que se inauguró la nueva legislatura en el parlamento republicano. Fue un golpe de Estado disfrazado de "huelga revolucionaria" y en el que varios trenes sufrieron atentados terroristas, que se saldaron con 23 muertos y decenas de heridos.

La ola de violencia desatada por la izquierda en febrero de 1936

La guerra comenzó cuando una parte de la sociedad y del ejército se hartó de una ola de desórdenes y crímenes que fueron cometidos por la izquierda y amparados desde el gobierno tras una victoria electoral de la izquierda en febrero de 1936 gracias a un fraude electoral hoy debidamente documentado y que recuerda mucho a los fraudes de la dictadura socialista de Venezuela en la actualidad. El 16 de junio de 1936, el líder de la coalición derechista CEDA, José María Gil Robles, detalló la ola de violencia desde la tribuna de las Cortes:

"Desde el 16 de febrero hasta el 15 de junio último un resumen numérico arroja los siguientes datos: iglesias totalmente destruidas, 160; asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos e intentos de asalto, 251; muertos, 269; heridos de diferente gravedad, 1.287; agresiones personales frustradas o cuyas consecuencias no constan, 215; atracos consumados, 138; tentativas de atracos, 23; centros políticos y particulares destrozados, 69; idem asaltados, 312; huelgas generales, 113; huelgas parciales, 228; periódicos totalmente destruidos, 10; asaltos a periódicos e intentos de asaltos y destrozos, 33; bombas y petardos que estallan, 146; recogidos sin estallar, 78".

Así pues, meses antes de julio de 1936 España ya vivía una situación de violencia generalizada que hacía insostenible un régimen democrático que cedía paso, con peligrosa rapidez, a una deriva autoritaria de la izquierda. Esa deriva culminó con un hecho sobre el que la izquierda ha mostrado su amnesia estos días, exhibiendo su particular idea de la "memoria histórica": el asesinato del diputado derechista José Calvo Sotelo el 13 de julio de 1936, un crimen perpetrado por policías y pistoleros del PSOE que previamente le habían secuestrado en su domicilio. Ese crimen de estado es considerado por muchos historiadores como el hecho que detonó la Guerra Civil Española.

El cuerpo del diputado derechista José Calvo Sotelo, tal como fue abandonado por sus asesinos a las 4:00 de la madrugada del 13 de julio de 1936 en el Cementerio del Este, en Madrid.

La persecución anticatólica y las violaciones de mujeres por milicianos izquierdistas

Una vez iniciada la Guerra Civil, el llamado bando republicano asistió a la transformación de lo que quedaba de la Segunda República en un régimen al estilo soviético, debido a la enorme influencia ejercida por el PCE y por la ayuda soviética enviada por el dictador Stalin a ese bando. Esa deriva totalitaria se plasmó en una brutal persecución anticatólica en la que izquierdistas asesinaron a 13 obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos y 283 religiosas, muchas de ellas, además, violadas.

Las enfermeras mártires de Astorga, tres católicas brutalmente violadas, torturadas y asesinadas por milicianos izquierdistas el 28 de octubre de 1936.

Las violaciones perpetradas por la izquierda durante esa guerra revistieron caracteres puramente monstruosos, como quedó patente en las agresiones sexuales, torturas y asesinato de tres enfermeras católicas por milicianos izquierdistas en Astorga (León) el 28 de octubre de 1936. Las víctimas, María Pilar Gullón Yturriaga (25 años), Olga Pérez-Monteserín Núñez (23 años) y Octavia Iglesias Blanco (41 años), fueron beatificadas hace cinco años por la Iglesia Católica entre un absoluto silencio de los medios izquierdistas, entre ellos Televisión Española (TVE), la televisión pública controlada por el gobierno de Pedro Sánchez.

Cementerio de los Mártires de Paracuellos de Jarama, en Madrid. Este cementerio está formado por varias fosas comunes en las que fueron sepultados miles de personas asesinadas por el bando republicano en el otoño de 1936, durante la Guerra Civil Española (Foto: Elentir).

La masacre de 5.000 presos políticos, niños incluidos, en Paracuellos de Jarama

Unos días después de esos horrendos crímenes, los comunistas iniciaron la mayor masacre de la Guerra Civil en Paracuellos de Jarama (Madrid), con el asesinato de unos 5.000 hombres, mujeres y niños (en estos crímenes fueron masacrados 276 menores de edad), que habían sido previamente encarcelados por motivos políticos o religiosos, muchos de ellos por el mero hecho de ser católicos. La masacre se inició en la noche del 6 al 7 de noviembre de 1936. Un documento fechado el 27 de noviembre de 1936 señala que a uno de los fusilados, José Cuquerella Moscardó, se le calificó como "peligroso fascista" tras su asesinato alegando que "en el registro domiciliario se le ocuparon efectos religiosos", un ejemplo del concepto de la democracia que tenían las autoridades del bando republicano.

Esa persecución religiosa y todas esas atrocidades acabaron por inclinar a muchos católicos a favor del bando sublevado, tanto dentro de España como en países extranjeros. La difusión de los crímenes perpetrados por la izquierda contra los católicos españoles conmocionó a los cristianos de otras naciones y, en algunos casos, fue un motivo para que muchos de ellos se alistasen como voluntarios para luchar contra el intento de imponer en España una dictadura soviética, pues para entonces los horrores del comunismo en Rusia ya eran sobradamente conocidos.

La Puerta de Alcalá, en Madrid, en 1937, después de ser decorada por los comunistas con las fotos del ministro soviético de exteriores Maksim Litvínov (izquierda), el dictador soviético Stalin (centro) y del mariscal de la URSS Kliment Voroshílov (derecha). Una imagen que ilustra la transformación del bando republicano en una dictadura al estilo soviético (Fuente: Archivo Abc).

Una guerra entre antidemócratas

Obviamente, esto no justifica ni remotamente todos los crímenes cometidos en el bando que acabó siendo dirigido por el general Franco ni los cometidos en los momentos posteriores al fin de la guerra, unos crímenes que en muchos casos habían sido precedidos o simultáneos a asesinatos masivos perpetrados en el bando republicano, entre ellos el fusilamiento de decenas de escritores por motivos políticos, unos crímenes que se unen hoy al olvido oficial de sus víctimas. Como vengo diciendo desde hace años, la Guerra Civil Española fue una guerra entre dos bandos en los que existía un rechazo muy similar por la democracia, en un caso un rechazo inspirado en el fascismo (un movimiento en auge entonces) y en el otro caso inspirado en el marxismo, un movimiento totalitario que ha instaurado medio centenar de dictaduras sin que la izquierda tenga la mínima decencia de calificarlas así, como aún vemos hoy en los casos de China y Cuba.

Lo ocurrido durante la Guerra Civil Española debería servir como aviso y enseñanza a todos los españoles frente al fanatismo político y los afanes de ciertos extremismos, tanto de izquierda como de derecha, por justificar la violencia con fines políticos. Sin embargo, la izquierda ha convertido su relato sobre aquella guerra en un intento de ganarla 90 años después, estableciendo una relectura sesgada y sectaria que presenta al bando republicano como los buenos y los demócratas y al bando nacional como los malos y los antidemócratas. Esto lo hace, además, una izquierda que está exhibiendo actitudes abiertamente autoritarias que recuerdan cada vez más a las que esa misma izquierda manifestó antes de esa guerra. Algunos, por lo que parece, siguen empeñados en que los peores episodios de la historia se repitan.

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Comentarios:

  1. Flanker

    Lo digo siempre:

    Imaginemos que la guerra civil la hubieran ganado los rojos.

    País soviético hasta la caída del muro de Berlín…

    La izquierda española nunca ha creído en la democracia, fin de la cita.

  2. PeterLuisR

    Cuando a Podemos y Psoe se le acaban los argumentos, sacan la Guerra Civil y el Franquismo.. para instalados en su confortable y remunerados sillones de diputados arrasar, desde sus cimientos,  la parte de la historia que no les gusta, para reconstruir otra a su imagen y semejanza.

    Ya sabemos hasta la saciedad, que en España, durante muchos años, estuvieron recortadas las libertades políticas, a consecuencia de lo peor que le puede pasar a un país: una guerra entre sus propios conciudadanos. Pero eso no quiere decir que toda la nación española fuera un campo de concentración tras la post-contienda.. (lo peor fueron los primeros diez años).. la gente también se divertía.. y se reía.. y lloraba.. y estudiaba.. y trabajaba.. y ahorraba.. y se compraba un piso.. y viajaba.. y leía.. y comía y bebía.. y se emborrachaba.. y se iba de vacaciones.. y se enamoraba.. y amaba.. y hasta procreaba…

    Pensar y transmitir ese concepto distorsionado de la realidad, e insistir y recrearse en las sombras de nuestro pasado y obviar las luces, que también las hubo, forma parte de la estrategia planificada de la manipulación de las ideas y las emociones sobre las masas. Un concepto, no por antiguo, menos efectivo. Las injusticias y las represiones del pasado, se deben reparar en la medida de lo posible, evidentemente. Y edificar el presente, con la vista en el futuro para el bienestar y el respeto de todas las españolas y españoles. Otra cosa, es sustentar, obsesivamente, un programa político sobre la base del victimismo y el rencor de los descendientes del bando perdedor en una guerra de hace ochenta años.

    Eso ahora es muy cómodo. Utilizar el burladero político de la libertad reconquistada por muchas personas, que hace medio siglo, sacrificaron su vida y su familia, en un entorno hostil, para precisamente, traer esa libertad y esa justicia, que en la era de internet y el todo vale, alegremente derrochan algunos y algunas.. a manos llenas.

    PeterLuisR🇪🇸

  3. Jandro

    Desde luego que hoy se trata de imponer una visión absolutamente sesgada de estos capítulos de nuestra historia. Pero también veo que hay personas defendiendo esa visión fanática no por su culpa, sino porque es lo que han oído o porque es lo que les toca defender porque sus padres les contaban la feria como la vivieron y con los fantasmas con los que lo vivieron.

    Creo que en estos tiempos toca tratar de mostrar lo que sabemos que pasó con asertividad y paciencia, rehuyendo el enfrentamiento pero nunca por eso dando la razón a quien no la tiene. Lo digo porque veo a mucha gente hablando alegremente de que vamos a repetir la Guerra Civil (quiero creer que en broma) y no me parece algo con lo que bromear. No hay que permitir que nos enfrenten a nuestros hermanos, a nuestros familiares, a nuestros amigo; pero a ellos hay que hacerles ver cómo les están tratado de meter pólvora en la cabeza y cono eran las cosas en realidad. Concordia asertiva.

  4. isanchezgil

    La barbarie es barbarie, venga de donde venga, y los que respaldan a los bárbaros son unos hipócritas y unos sinvergüenzas.

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