Los aljibes de la batería de artillería J-4 de Cabo Silleiro

Ya os he hablado aquí otras veces de la antigua batería J-4 de Cabo Silleiro, una joya para los aficionados a las ruinas militares. La pasada semana fui un par de veces a la batería para explorar algunas zonas que no conocía. Empiezo hoy publicando las fotos que tomé el sábado en los antiguos aljibes de la batería, una construcción que aún no había visitado.

Esta vez no hemos tenido que lamentar los efectos del vandalismo (este búnker, cubierto por la vegetación, no es de fácil acceso y pasa desapercibido para muchos visitantes de la batería). Por desgracia, sí que hemos comprobado un claro caso de saqueo. En abril de este año el magnífico blog Descubre Galicia publicaba fotos de estos aljibes tomadas en marzo. En ellas se veía intacta toda la instalación de cañerías y llaves de paso de los depósitos de agua, así como la escalera que subía hasta el borde de los aljibes. Anteayer vimos que ya no estaban: no había ni rastro de todas esas piezas metálicas, seguramente hurtadas para vender el metal. No creo que haya sido un saqueo muy reciente, pues el sendero que conduce al búnker estaba casi impracticable. De hecho, tuve que abrir un paso entre la maleza con mi cayado para poder llegar. En esta foto del citado blog podéis ver cómo eran las cañerías. Es una pena que ya nunca más podamos verlas tal como estaban ahí desde hace más de seis décadas.

Los depósitos (aquí la foto del izquierdo y aquí la del derecho) ya no tienen agua, aunque se encuentran en un buen estado si los comparamos con las destrozadas estancias y edificios que hay en el resto de la batería. A falta de escalera, tuve que fotografiar los aljibes con un mástil retráctil y un cable disparador, y con el flash, claro (como os podéis imaginar, el interior del búnker estaba oscuro, aunque no tanto como los túneles de la batería). En fin, estos próximos días iré publicando más fotos de mis últimas visitas a la J-4. No lo hago ahora porque son muchas fotos y aún no he tenido tiempo de organizarlas todas.

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Comentarios (Blog):

  1. Es una pena que ya no podamos observarlo como estaba. Gracias por el aporte. Saludos liberales.

  2. El Tíol Bastón

    Elentir:

    Y aquí, lo siento de verdad, tengo que darte un tirón de orejas.

    Desafortunadamente, la publicación de estas fotografía sirve para que los amigos de lo ajeno se enteren de dónde hay cosas que robar. Esas llaves de paso a las que te refieres han estado ahí durante decenas de años. Yo mismo he estado ahí muchas veces. No es casual que hayan sido saqueadas después de haber sido publicadas sus fotografías en un blog.

  3. Tíol Bastón, el autor del blog en cuestión señala en todos sus artículos que se ha de visitar este tipo de ruinas sin alterar nada de lo que hay en ellas. Él no tiene la culpa de que haya hurtos en la batería de Silleiro. La culpa la tienen los ladrones. Y en todo caso, podríamos hablar también de la responsabilidad de las autoridades, sobre todo del Ministerio de Defensa, que optó por abandonar las instalaciones e incluso levantar al área de seguridad, antes que entregárselas al Ayuntamiento de Bayona para que pudiese encargarse de su conservación. De aquellos polvos vienen estos lodos. Y lo mismo puede decirse de la batería de Monteferro, donde Defensa tampoco quiso transferir el terreno de la vieja batería -ésta abandonada en los 60- al Ayuntamiento de Nigrán. Allí incluso robaron uno de los cañones, por lo que he leído.

  4. El Tíol Bastón

    No lo digo por nada peyorativo. Por supuesto, a mí me encantan tus fotografías. El cañón de Monteferro fue sustraído cuando Internet todavía estaba en pañales (si es que existía), pero el sitio ya estaba empezando a ser lo suficientemente popular como para que quienes buscan qué apañarse para hacer su agosto a costa de lo ajeno (en este caso de lo de todos, ya que se trataba de una propiedad pública) se dieran cuenta de que existía aquel material para poner sus ojos en él. En el presente caso, igualmente se trata de una propiedad pública sustraída.

    Yo descubrí todos estos sitios hace muchos años, unos por mi cuenta y otros porque mi padre me llevó a ellos por primera vez. Por lo menos las instalaciones de Cabo Silleiro, tuve la suerte de conocerlas antes de ser abandonadas (aunque apenas me acuerdo lo suficiente como para dar detalles).

    A principios de los 70, en las de Monteferro todavía no se podía entrar porque eran terreno militar. Volvemos al tema anterior: no es que estos sitios abandonados fueran secreto militar, sino que no se podía divulgar lo que había en ellos precisamente para evitar, en lo posible, expolios. La costumbre sigue vigente, pero obviamente, al no haber vigilancia, la gente que entra sigue haciendo fotografías en ellos, con el agravante actual de que se publican en Internet y todo el mundo puede ver lo que hay allí. Es verdad que tenemos un Estado que es muy mal gestor de los recursos que va dejando abandonados por obsoletos. Tendría que dejar vigilancia en ellos hasta irlos desmantelando poco a poco y dar buen fin (público) a los fondos que se puedan recuperar por ellos, pero precisamente nadie queda allí impidiendo que se entre, se divulgue lo que hay allí y se robe para que, cuando los administradores del Estado lleguen (si es que algún día lo hacen) se encuentren el sitio. Todo ese material queda abandonado a su suerte y, como sabes, existen bandas enteras de malhechores de todo tipo que utilizan Internet como un gigantesco catálogo para encontrar material sobre el que cometer sus fechorías. Con todo lo que publicamos sobre nosotros, sobre otros y sobre sitios, involuntariamente nos convertimos en sus cómplices.

    En este sentido, si se nos aconseja que no demos demasiados datos sensibles sobre nosotros en comunidades como Facebook por evidentes razones de seguridad, debería ser nuestro sentido común el que pusiera coto a lo que se nos ocurre publicar de todo lo que no sea nuestro (o no sólo nuestro, como es lo público). Claro que no se trata ir por ahí prohibiéndolo todo. Y además, en este caso concreto, es humanamente comprensible que exista una carrera entre ciertas personas y grupos aficionados a visitar sitios como éstos, por ver quién es el primero en publicar fotografías de los lugares que visitan y descubren. Al respecto, sólo me pregunto si no era más emocionante antes, cuando cada uno descubría estos lugares secretos por su cuenta y riesgo, o porque un amigo les llevaba allí, que ahora, cuando cada vez existen menos sitios escondidos de la vista humana porque hasta existe GoogleEarth para desvelárnoslo todo.

    Por mi parte, he dejado de ir a estos lugares abandonados que solía visitar en los 70 y 80 porque ya han perdido para mí toda emoción. Verlos in situ ya ha dejado de ser una aventura y se parece cada vez más a una vulgar visita turística. Si quiero recordarlos con tranquilidad, no esperando un hueco en la cola para entrar por la puerta de algún bunker, no tengo más que poner Internet y tirar de folleto fotográfico. Por supuesto que no puedo prohibir que nadie vaya allí, pero ¿es ahora mejor o es peor? Pues no sé. Como en este juicio no se trata de castigar o librar a alguien de la pena de muerte, la mera opinión es válida. Tú dirás.

  5. Por lo que a mí respecta, ya sólo puedo fotografiar aquello que ya es difícil que lo destrocen más de lo que ya lo está, precisamente porque el Estado lo ha abandonado a su suerte. Las fotos que hago es para que, al menos, estos sitios sean recordados cuando aún estaban en pie, pues en algunos casos ya se están cayendo techos y se está viniendo todo abajo entre las inclemencias del tiempo, el vandalismo y los saqueos.

    A mí me gusta la historia y visito estos sitios con el mismo interés que cualquier otra ruina. Al Estado le corresponde vigilarlas y evitar que las expolien. Lo mío, en todo caso, es mostrar su estado actual e insistir, por enésima vez, que las autoridades hagan algo para que estos sitios no sigan degradándose.

  6. El Tíol Bastón

    Como te he dicho, ni puedo impedir ni me puede parecer mal que se publiquen fotografías de estos sitios. Sólo faltaría, por mucho que añore los tiempos en que los medios a nuestro alcance no nos permitían hacer esto. Asumo que, tarde o temprano, si tú no lo haces, algún otro lo hará.

    Sin embargo (te hablaré por lo que vi en Monteferro), te diré que estas instalaciones pasaron muchos años en un estado de degradación más o menos estacionario (entre los ochenta y noventa), en que la mayor parte de los daños visibles peores habían sido sufridos muy al principio. Fue la época del ostensible robo de la pieza de artillería, y de quienes más desperfectos causaron, los “okupas” que se iban allí a montar orgías nocturnas hacia finales de los 70. Ellos fueron quienes picaron las paredes y las llenaron de pintadas y dibujos (no pocos de ellos obscenos), y llegaron incluso a encender hogueras dentro de los barracones (o “casas”). Por lo que veo, de pocos años a esta parte es cuando se ha vuelto a experimentar un avance en la degradación de las instalaciones.

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