España en los pies heridos de unos soldados

Ayer por la tarde, en el marco del Concurso de Patrullas 2015 de la BRILAT y a orillas del río Lérez, en Pontevedra, vi una escena que me dejó francamente impresionado.

Este ejército que ves
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Ya pasaban de las ocho y veinte de la tarde. Una de las patrullas participantes cruzaba el río a nado en una de las pruebas de este durísimo concurso militar. La corriente del Lérez los arrastraba. “A la derecha, a la derecha”, les gritaban desde la otra orilla del río, indicándoles a los sufridos nadadores la ruta que debían de tomar para llegar a la meta. El paso duraba bastante. El primero de la patrulla se había adelantado y había llegado por fin a la baliza, un recuadro marcado en el suelo, con una bandera en el centro, a donde todos los miembros de la patrulla debían llegar para que dejara de contar el cronómetro. El soldado, viendo la dificultad que estaban pasando sus compañeros, se volvió a echar al río para ir por ellos. Todos iban con neoprenos, pero el frío del río Lérez al caer la tarde debe ser de aúpa. El año pasado recuerdo el simpático comentario de un soldado andaluz al meterse en el agua y encontrársela bastante fría. Las aguas gallegas son lo menos parecido que hay a un caldo, y debe ser doloroso nadarlas cuando ya estás agotado de andar muchos kilómetros y hacer diversas pruebas a a lo largo del día (la anterior a la travesía es un descenso en rápel más bien peligroso), y además tienes que arrastrar una bolsa con ocho kilos de pertrechos, más el fusil.

Estos soldados de ayer llegaron a la orilla norte del Lérez con un visible cansancio. Tenían en el rostro gestos de dolor, pero no se quejaron. Vi que iban descalzos. Varios tenían esparadrapos en los pies, y uno incluso tenía una herida abierta. Pero no se quejaron. Un militar gritó un “ánimo, mi teniente”, dirigido al mayor de ellos. Los paisanos que estábamos allí les brindamos un aplauso. Y así se fueron, a seguir probando que hoy en España, con todos los peros que tenga nuestra sociedad, sigue habiendo hombres y mujeres que hacen honor a los versos de Calderón de la Barca:

“Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho
no adorna el vestido el pecho
que el pecho adorna al vestido.”

Escribo estas líneas de madrugada. A estas horas esos soldados estarán caminando hacia Santiago en medio de la noche, cuando a ningún otro peregrino se le ocurriría continuar. Llevarán los pies heridos dentro de las botas -sé lo que duele-, seguramente no habrán dormido, posiblemente hayan comido poco, tal vez la alegría con que ayer iniciaban este Concurso de Patrullas se haya quedado congelada por el frío, el cansancio, las heridas, el hambre… Mientras España duerme, ellos siguen adelante.

Ayer vi a España en esos pies llagados. Vi a esa España capaz de nadar contra la corriente del río a pesar del cansancio y del dolor. Vi a esa España capaz de afrontar grandes sufrimientos por algo que es superior a uno mismo, sin quejarse y sin renunciar a la meta. Vi a esa España que más se siente a sí misma, porque nota que le duele. Vi a esa España, en fin, que casi nunca sale en la televisión, a la que nunca verás sentada en una tertulia pontificando sobre lo divino y lo humano, una España que aún habla de valores sin avergonzarse. Y ciertamente, no hay que ir a un concurso militar para encontrarse con esa España, ni siquiera a un cuartel. También la puedes ver dibujada en las manos gastadas de una madre, en el rostro de cansancio de un padre, en las arrugas del rostro de un viejo pescador que sale a faenar antes del alba, en las piernas llenas de varices de una señora de la limpieza que está fregando una escalera a las seis de la madrugada, y en tantos otros españoles que luchan contra la corriente del río y llegan maltrechos a la orilla, pero nunca se quejan.

Siempre nos comparamos con otros países por lo que tienen. Alemania es más rica. Estados Unidos tiene mucho más poderío militar. Rusia es más grande. Portugal es más pobre. Y así. Casi siempre nos olvidamos no de lo que tenemos o dejamos de tener, sino de lo que somos. Yo no soy de los que piensan que mi país es el mejor del mundo, pero desde luego, tiene muy buena gente de la que a menudo nos olvidamos cuando hacemos análisis facilones de la realidad, de ésos que se pueden hacer lo mismo en un blog que tomando un café con los amigos. Cada vez que he leído sobre hechos heroicos protagonizados por españoles lo que me ha impresionado no es que tuvieran más poder, o más riqueza, porque no solía ser así. Me impresionaban las metas que eran capaces de alcanzar si se lo proponían, si superaban los temores, los dolores y los complejos y asumían el reto de nadar contra corriente y alcanzar la otra orilla, aunque costase. Ayer vi esa España en los pies heridos de unos soldados. Harto de tantos sinsabores diarios, ver esa escena me infundió esperanza.

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Comentarios (Blog):

  1. Leer estas manifestaciones, ( creo que como yo admira a ESPAÑA y a sus gentres ), hace que se me pongan los pelos de punta. Es a los separatistas e independentistas a los que tratando con amistad y acercamiento, debemos de hacer volver al redil ( como el buen pastor suele hacer con las ovejas que se distancian o pierden ). Asi cuando esto ocurra, los primeros admitirán su equivocación y los segundos seguirán, en sus trece ; pero ya con un superior y positivo sentimiento hacia ESPAÑA que no les roba ni empequeñece . El resto de ESPAÑOLITOS de andar a pie, les desea a ambos lo mejor y aun más les desea tener junto a ellos . Saludos

  2. Ana M. Velasco Plaza

    MAGNÍFICO escrito. Gracias por infundirnos ánimo y esperanza ante tanta basura. viva España

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