La empresa deja en evidencia la verdadera finalidad de su censura ideológica

Elon Musk deja sin careta a Twitter: era una red social pero ahora quiere ser otra cosa

En la primera década de este milenio, cuando iniciaron su andadura las principales redes sociales, el mundo descubrió una nueva forma de comunicarse.

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Una red social que ha adquirido una enorme influencia política

Twitter, fundada en 2006, no ha llegado a ser nunca la red social con más usuarios (ese lugar lo ocupa Facebook, con mucha diferencia), pero aportó a Internet algo muy nuevo y que ha revolucionado bastante el debate público: la posibilidad de comunicarte directamente y al mismo nivel con tus representantes políticos y con los medios de comunicación. Es más: de la mano de Twitter echó a andar un nuevo tipo de periodismo, que no necesita la infraestructura de los grande medios. Cualquier noticia puede ser hoy conocida al minuto desde el lugar de los hechos y desde múltiples fuentes.

Eso empezó a tener claros efectos en nuestra sociedad. Diversas protestas sociales en varios países se canalizaron y amplificaron a través de Twitter, convertido en una nueva plaza pública que empezó a provocar grandes quebraderos de cabeza a unos cuantos. La cosa no iba mal mientras eran los usuarios los que tenían el control del debate, dentro de los amplios márgenes de la libertad de expresión. Pero vivimos en unos tiempos en los que la libertad está siendo encorsetada para limitarla a los cánones ideológicos dominantes: corrección política, ideología de género, multiculturalismo…

Una empresa con un claro sesgo izquierdista y que abusa de su enorme poder

Y ocurrió entonces lo que suele pasar cuando alguien dispone de un gran poder: cae en la tentación de abusar de él. Twitter era una herramienta de comunicación poderosa, y la tentación de la empresa fue utilizar ese poder para favorecer agendas políticas afines. En 2018, la empresa de Jack Dorsey reconoció su sesgo izquierdista en medio de un creciente debate sobre las cada vez más caprichosas censuras. Unos meses antes, ingenieros de Twitter revelaron que tienen acceso a los mensajes privados de sus usuarios. Uno de esos ingenieros, Clay Haynes, reveló: tenemos acceso completo a la cuenta de cada una de las personas, a cada uno de los mensajes directos, mensajes directos borrados, tuiteos borrados. Puedo decirte exactamente quién se conectó desde dónde, con qué nombre de usuario y contraseña, cuándo cambió su contraseña…”

En ese mismo vídeo grabado con cámara oculta, Haynes dio a entender que Twitter habría entregado mensajes privados y tuiteos borrados de la cuenta oficial de Donald Trump al Departamento de Justicia, sin ninguna orden judicial que autorizase esa directa violación de la privacidad del por entonces presidente de los Estados Unidos. Lo más pasmoso es que en aquel vídeo, Haynes decía que Trump era “peligroso” y “un ser humano terrible y quiero deshacerme de él”. Teniendo en cuenta esto, cabe preguntarse: ¿a qué límites podría llegar Twitter con todo ese poder para entrar en el ruedo político favoreciendo a un afín o perjudicando a un rival?

Del ‘shadow banning’ a la censura algorítmica contra usuarios de derechas

No hubo que esperar la respuesta. En ese mismo vídeo, un antiguo programador de Twitter, Abhinov Vadrevu, confirmó la existencia del “shadow banning” o bloqueo en la sombra: La idea de una censura silenciosa es que te permite expulsar a alguien sin que sepa que le has echado, porque puede seguir escribiendo pero nadie ve lo que escribe. Simplemente se creen que nadie interactúa con ellos, cuando en realidad nadie les está viendo”. Otro desarrollador de Twitter, Parnay Singh, reconoció la existencia de filtros algorítmicos de censura que se ceban en los usuarios de derechas. Es decir, que lo que empezó como una red social abierta a todos, estaba intentando expulsar del debate público a los usuarios que no comparten las tesis ideológicas de los dueños de esa empresa.

La orden presidencial de Trump que pretendió poner freno a esos abusos

En vista del cariz que estaba tomando esa censura, en mayo de 2020 Trump publicó una “Orden ejecutiva sobre la prevención de la censura en línea”. La orden incluía una advertencia sobre la deriva que estaban tomando algunas redes sociales: Twitter, Facebook, Instagram y YouTube ejercen un poder inmenso, casi sin precedentes, para dar forma a la interpretación de los eventos públicos; censurar, borrar o desaparecer información; y controlar lo que la gente ve o no ve. El texto de la orden ponía algunos ejemplos alarmantes de hasta qué punto esa censura se había puesto al servicio de intereses perversos:

Una empresa estadounidense, por ejemplo, creó un motor de búsqueda para el Partido Comunista de China que habría incluido en la lista negra las búsquedas de “derechos humanos”, ocultó datos desfavorables para el Partido Comunista de China y rastreó a los usuarios considerados apropiados para la vigilancia. También estableció asociaciones de investigación en China que brindan beneficios directos al ejército chino. Otras empresas han aceptado anuncios pagados por el gobierno chino que difunden información falsa sobre el encarcelamiento masivo de minorías religiosas en China, permitiendo así estos abusos de los derechos humanos. También han amplificado la propaganda de China en el exterior, incluso al permitir que los funcionarios del gobierno chino usen sus plataformas para difundir información errónea sobre los orígenes de la pandemia COVID-19 y socavar las protestas a favor de la democracia en Hong Kong“.

La orden de Trump tenía un planteamiento muy simple: si las redes sociales actuaban como medios de comunicación, censurando a voluntad a sus usuarios, deberían ser tratadas legalmente como medios de comunicación y no como operadoras de comunicaciones, y tendrían que responder legalmente por sus contenidos, igual que les pasa a los periódicos, emisoras de radio y canales de televisión. Esto habría enfrentado a esas redes a demandas astronómicas. Así mismo, la orden de Trump pretendía evitar que fondos federales pudiesen seguir financiando a plataformas digitales “que restringen la libertad de expresión”. Además, la orden pretendía revisar las prácticas discriminatorias de los gigantes digitales, como el uso de “algoritmos para suprimir contenido o usuarios basados ​​en indicaciones de alineamiento político o punto de vista”.

Twitter y Facebook se vengaron interfiriendo en las elecciones

Casualmente, en los meses siguientes y durante la campaña para las elecciones presidenciales en EEUU, Twitter y Facebook se vengaron censurando 65 veces a Trump y ni una sola vez a Joe Biden. Por si no bastase con esta clara interferencia en la campaña electoral, ambas compañías censuraron abiertamente una noticia que destapaba la corrupción de Biden. Aquello fue un escandaloso ejemplo del poder que tenían ambas empresas y de cómo estaban abusando de él. Finalmente, en enero de 2021 Twitter y Facebook suspendieron las cuentas de Trump mientras mantenían las de los dictadores de Cuba y Venezuela.

Después de todo ese espectáculo de manipulación del debate público por parte de dos poderosas empresas, la revista Time destapó en febrero de 2021 la campaña de presiones a Twitter y Facebook lanzada por activistas del Partido Demócrata para lograr esa interferencia en la campaña electoral. Fue algo escandaloso, pero la amplia mayoría de los medios, que habían manifestado claramente su enemistad hacia Trump, decidieron ocultar el asunto a sus lectores.

Elon Musk deja en evidencia el descontento de muchos usuarios con la censura

El pasado 25 de marzo, el fundador de Tesla, Elon Musk, conocido por sus críticas a la izquierda, publicó una encuesta sobre la libertad de expresión en Twitter en la que votaron más de 2 millones de usuarios. La encuesta decía lo siguiente: “La libertad de expresión es esencial para una democracia que funcione. ¿Crees que Twitter se adhiere rigurosamente a este principio?” Un 70,4% votó “no”.

Unas semanas después, Musk compró el 9,2% de las acciones de Twitter, convirtiéndose en el accionista mayoritario, entre crecientes rumores de que quería cambiar el rumbo de la empresa para restaurar la libertad de expresión en esa red social. Este jueves, Musk lanzó una OPA de 43.000 millones de dólares por el 100% de Twitter. Esa cantidad supone un 38% del precio total de las acciones en el momento en que Musk empezó a invertir en la empresa. Es un negocio de oro para sus propietarios. Pero curiosamente, los dueños de Twitter se resisten a vender.

Un dirigente de una dictadura islámica entre los propietarios de Twitter

Curiosamente, esta semana uno de los propietarios que han rechazado la OPA de Musk es el príncipe saudí Alwaleed bin Talal. Esto ha resultado revelador para muchos usuarios de esta red. Resulta que la supuesta plaza pública en la que reinaba la libertad de expresión tiene entre sus dueños a un dirigente de una dictadura islámica (Arabia Saudí es una monarquía absoluta que pisotea la libertad de expresión, la libertad religiosa y otros derechos humanos).

Twitter se ha convertido en un influyente lobby político y no quiere dejar de serlo

Al final, la OPA de Musk ha servido para dejar sin careta a Twitter. Esta red ya no es una bonita plaza pública en la que reinaba la libertad de expresión y en la que todos podíamos participar en pie de igualdad. Twitter se ha convertido en un poderoso lobby cuya importancia ya no se mide sólo por su precio bursátil, sino por su enorme influencia política. Hay que tener en cuenta, además, que si la empresa cambiase de manos y Musk se convirtiese en el dueño, posiblemente quedarían al descubierto los tratos que ha podido tener esa red con regímenes nada respetables, y los manejos que ha llevado a cabo para interferir en procesos electorales (no sólo en Estados Unidos: recordemos las interferencias de Vox en elecciones celebradas en España, censurando a un partido conservador y pacífico como Vox mientras permitía a los comunistas de Podemos justificar las agresiones contra sus rivales).

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Comentarios:

  1. Jandro

    Poca careta le quedaba ya a Twitter desde hace la tira de tiempo.
    Hay muchos que no se han dado por aludidos y han tratado de vender que es un dilema “moderar comentarios sí/moderar comentarios no”, cuando el dilema es: ¿debe permitirse una censura sectaria de ideas perfectamente legítimas sin poner restricciones a una plataforma con tanto poder? Dicho de otra manera: ¿debe permitirse a una plataforma cercenar la libertad de expresión que la legislación del país en el que opera sí otorga?

  2. wladimir

    es cierto…

    Elon Musk deja en evidencia el descontento de muchos usuarios con la censura….en la permitian que todos esos sujetos comunistas y social-progres hicieran lo que les diera la gana…mientras que los movimientos y partidos conservadores eran bloqueados o censurados….

    y ya los usuarios comunues,no vinculados con la izquierda progre estaban hartos de tanta censura…

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